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YO, VISIONES (Génesis de un relato)
Javier Álvarez Mesa
Al poco de aparecer el retrasado Visiones 2000, me dio por mandarle una de las primeras versiones del ?Caza de Brujas? a Luis G. Prado, recibiendo al poco una contestación del estilo ?has mejorado tu técnica pero esto que me mandas no tiene argumento? y luego me decía que este año era él el seleccionador del Visiones y que a ver si me animaba a mandarle algo bueno de verdad. Por aquél entonces andaba yo (y ando) con un proyecto de pasar uno de mis cuentos a novela, una novela narrada por un perro erudito, idea a medias tomada inconscientemente de aquel cuento de Dick (sí, ese, el del perro contra los conspiradores del camión de la basura), a medias por mi obsesión de meter al Negri en todos los sitios. Bien, pero esta vez la cosa tenía que tener argumento, esta vez no podía echarle a Luis otro de mis demenciales escritos del tipo siayumo. A ver, un argumento, una idea: La libertad. Un marco: España deformada. Los perros más que mascotas serían esclavos, se verían así mismos como esclavos fieles a sus amos; esclavos que podían llegar a la condición de libertos. Pero como a uno le va eso del derrotismo y la tragedia (tragicomedia, más bien) pues el perro alcanzaría la libertad personal a través de la desgracia de su amo. ¿Cómo sería el amo? De aspecto y así a simple vista que resultara repugnante, pero que por dentro tuviera su corazoncito (sí, el jorobado de Disney, sí; pero aquí no hay gitana). Por aquel entonces uno había leído un artículo sobre elfos y tal de Daniel Mares en Solaris, a la par que en alguna lista alguien le criticaba algo sobre su cuento de ?La hazaña de Campoamor? (posteriormente publicado en Púlsar) sobre que si el elfo que sacaba no era un elfo (hacía una caricatura de noble elfo lujurioso, vil y cobarde). Ah, sí, pues ahora veréis; ya tenía amo para el perro de mi cuento, un orco, y título: ?Viaje a la violencia?. Al orco le pasaría alguna desgracia, y se saldría de su vida normal, dejando en libertad al perro, que le seguiría, ya libre, pero aún esclavo del sentimiento de lealtad. Coño, qué perro más bueno, me dije, es todo lo contrario que el Negri, pues ya está, se llamará Blanqui.

Empecé a escribir tranquilamente, un poquito cada día, para que no me saliera ninguna ida de olla de las que tanto me gustan a mí pero que no se traga nunca Luis (aunque que conste que ?Un reflejo por el rabillo del ojo? le cayó bien a Julián). Despacito, Javier, y estructurando bien los párrafos. Cuenta las cosas, que no se te quede la mitad de la trama en la cabeza. Ahí estaba yo, contando sobre los primeros amos de Blanqui, un humano bueno y un humano malvado a más no poder, construido como caricatura del concepto ?orco?. El humano es el orco y el orco será más humano que el humano, toma ya, ni Niesztche. Como siempre, metí escenas de sexo y sangre, para hacer la cosa vendible; y como siempre, la narración tomaba tintes personalmente humorísticos, (sí, tragicomedia, sí). Y al llegar a la parte en que sucede la tragedia, ahí tuve el fallo, pues el orco va y se dedica a perseguir a un ogro y eso no, eso está muy visto. Eso metió definitivamente el relato dentro del encasillamiento de ?cachava y boina?, respuesta española al anglo de ?espada y brujería?. Igual pudo ser peor, podía habérseme ocurrido que el orco secuestrará un avión y lo estrellara contra el Palacio Blanco élfico, entonces ahora igual estaba friéndome en la silla eléctrica de Bush.

Como creación ambiental de España distorsionada (mágica, dice en la contracubierta del Visiones) deje trazos aquí y allá, pero el gran acierto de Luis fue hacerme ampliar aquello del señor feudal-mafioso del sur, cuando según él el cuento seguía incompleto, disfruté como un enano relatando sobre el pistochillo y el manejo de semejante herramienta por parte del orco. Sin embargo, la parte de explicar diferencias entre orcos y humanos la encontré superflua de añadir.
Sobre el final, no contaré nada, sólo una nota a Julián: Sí, tenía que sacar ese otro perro, sí, no me podía aguantar y además que hacía falta la antítesis al perro protagonista.

Y Luis acepta el relato y va a parar al Visiones 2001; y, oh, ah, sorpresa, que además está el de José Antonio Del Valle, ganador del último Domingo Santos y codirector de La Plaga; y también está el de Juan Antonio Fernández Madrigal, paisano del que subscribe y colaborador habitual de La Plaga. He aquí un visiones como debe de ser, de autores noveles en su mayoría, por los que el seleccionador dice se jugaría sus duros: ¡Así esperamos verlo en el Artifex!

A mí parecer, así es como deben ser los Visiones, presentación de nuevos autores con poco publicado. Pero no me extenderé aquí en plan crítica a la antología (para eso está la sección reseñas de La Plaga).

El seleccionador del próximo Visiones es Juanma Santiago, así que ya sabéis, compañeros noveles míos, a por él.

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