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2003. Iliada en el tiempo
Abrahan D. Zaracho A.
23.30 del 25 de febrero del año 2003. República Argentina. Octavo gabinete en un remoto cybercafé correntino.
Después de navegar más de dos horas buscando un tema interesante para mis gotas de tinta en la revista ?El pez soluble? (uno de los tantos emprendimientos de este peculiar Grupo Logomaquia), decidí abandonar las olas de la Red mundial para sumergirme en uno de esos herméticos sitios fuera del universo de la triple W.
La gracia de estos sitios, con accesos complejos llenos de cifras y eufemismos, radica en los niveles e intensidades de las discusiones en sus salas de chateo. Estas islas digitales son atracaderos seguros de surfers, hackers, navegantes, pranksters, krashers y otra maraña de ciberseres aficionados al escudriño del ciberespacio... y sobre todo a la Ciencia Ficción.
Feliz por el número de salas donde este género estaba como menú del día, ingresé en una donde se debatía la inclusión o no de las historietas o comics como parte de la literatura de fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Tales eran los argumentos de unos y otros, que prácticamente me había decidido a escribir sobre este tópico cuando hubo una inusual coincidencia entre cinco de los contrincantes. Por espacio de breves líneas todos coincidimos con esta postura y luego se regresó al tema central.
Por mi parte decidí regresar a mi viejo itinerario. Había captado en aquel horizonte la situación creada por la C.F. a través de los tiempos.
Si bien, geográfica, sociocultural y económicamente el género ha crecido de forma estrepitosa, en el ámbito académico el estudio y profundización de este coloso generacional se lleva a las trompadas con programas y docentes, ni hablar de los materiales didácticos. Las buenas voluntades parecen insuficientes y perecen en cuestión de meses. No existe concepto ni descripción académica capaz de resistir a una decena de certeras y mortales críticas.
Las grandes discusiones planetarias se agotaron en si la C.F. era un género o un subgénero (en muchos casos parece que no tenían nada mejor de qué hablar) y a pesar de todo lo ya escrito aún se publican tesis de redefinición de la literatura fantástica para transformar a la C.F. en un subgénero y a sus respectivos capítulos y corrientes en microcapítulos y subgenéricos; momento en el cual surgen desde las entrañas de la tierra de Nunca Jamás los fanáticos de la Fantasía y sobre sus terribles dragones verbales se ensañan con estas pobres tesis desde el segundo renglón en adelante, haciendo innecesaria la intervención de nuestras hordas alienígenas estacionadas en los confines de la galaxia.
Salvando esta subdiscusión de si es, no es, o parece lo que no debería ser; no se puede discutir que la C.F. carece de concepto, significado, definición o descripción completos y universalmente válidos. Lo cual no es por falta de esfuerzos sino más bien se debe a una dificultad que se verifica por el dinamismo y la vitalidad de un género omnímodo. Es por ello que en el siglo XXI nos encontramos sumergidos en aproximaciones, lo cual podemos llamar como etapa preconceptual y posdenominativa. Siendo así, considero más prudente el tratamiento sistemático del género a partir de sus autores y obras más célebres por sus aportes e influencias. Para ello elijo a las dos corrientes principales., la Pragmática Anglosajona y la Gálica en base de las cuales recopilo una lista básica para organizar mejor cualquier estudio futuro. Notemos que tal trabajo ya ha sido desarrollado en distintos sitios y obras especializadas, y aquí cumple el papel de poner al alcance de los interesados una ruta para el seguimiento del género. Así tenemos primeramente una pléyade literaria de autores prefundacionales, gracias a la catalogación dentro del género fantástico de los subgéneros Mundos Fantásticos, Civilizaciones Imaginarias, Viajes y Aventuras Fantásticas, aquí quedan comprendidas obras como el Gilgamesh babilónico, la Odisea de Homero, Historia Verdadera de Luciano de Samosata, La República de Platón, Historia Cómica de los Estados Imperios de la Luna y del Sol de Cyrano de Bergerac, Micromegas de Voltaire, Somnium de Johannes Kepler, Nueva Atlántida de Francis Bacon, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, Utopía de Tomás Moro, La Ciudad del Sol de Tomasso Campanella, Viaje Maravilloso de Sr. Nic-Nac al Planeta Marte de Eduardo L. Holmberg e inclusive La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall de Edgar A. Poe.
Reconozco:me parecen excelentemente catalogados como parte del mundo de la fantasía. La C.F. toma de allí sus recursos principales y es el género al cual continuamente regresan los grandes escritores para dar cuerpo a sus planteos más ambiciosos. Pero no olvidemos que los esfuerzos por definir el género basados en la descripción de los recursos empleados por los creadores lleva a que estos antecedentes se conviertan en parte integrante de la C.F. Valga como ejemplo la definición propuesta por Luis Vigil: ?La S.F. es una literatura que trata de los problemas humanos, y que para analizarlos mejor, los coloca en el crisol que representa un mundo distinto al que conocemos por extrapolación del actual, pero al que la maestría del autor convierte en verosímil?. No nos ilusionemos, pues a este texto lo derribaron en la segunda palabra: ?la Ciencia-Fiction...? (y esto gracias a que utilizó un artículo). Como bien analizan Bassa y Freixas, a esta definición se le puede intercambiar C.F. por Terror, Fantasía, e inclusive Mitología y sigue quedando de maravilla.
No podemos olvidar que cuestionamientos como ?¿qué características tiene un género literario?? o ?qué es la literatura? están en igual situación que la Ciencia Ficción. Los facilismos conceptuales y definitorios para uno y otro tema prevalece a fuerza de imposiciones dogmáticas arbitrarias, que puestas frente a un análisis serio corren la misma suerte que el ensayo de Vigil, siempre y cuando usen un artículo si no se las dilacera a la primer palabra. Esto no implica que no exista una actividad humana llamada actividad literaria. Ni que la literatura vaya a desaparecer por falta de un buen concepto. Todo lo contrario. Pero es fácil percibir dentro de la Ciencia Ficción que si se dogmatizan conceptos arbitrarios, por mera comodidad, obras como 1984 de George Orwell, Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury o Dune de Frank Herbert podrían saltar desde el acerbo de la C.F. a los reñidos estrados de los textos políticos o a un compendio de obras triviales para adolescentes. Y sin desmerecer ni a uno ni a otro de los grupos mencionados, no veo como comprender el idioma, el mensaje ni la estética de estas obras fuera del contexto literario que es natural. No es por nada pero, ante la duda, ¿podríamos salir desde El visitante de Alma Maritano a la lectura del Quijote de Cervantes? Aquí entre nosotros: ¿conoces a alguien que tenga un buen recuerdo de las ensaladas literarias a las que nos intentaban someter en la secundaria? De no ser así, ¿por qué no?
Si aceptamos o rechazamos que Frankenstein de Mary Shelley es una bisagra para la literatura de C.F. y a partir de allí formulamos un concepto, no cambiamos en nada respecto a quiénes primero proponen el concepto y luego la clasificación de esta novela gótica como parte o antecedente. Ni una ni otra postura evitan o agregan a la obra su fé en las posibilidades de la ciencia para lograr la perpetuidad de la vida, ni el análisis de los grandes temores y anhelos humanos, así como la visión y análisis de lo quimérico.
Deteniéndonos en estos aportes de Shelley, más los ya mencionados de los prefundacionales, nos cabe recordar a los iniciadores. Aquellos cuyo nombre son sinónimo de los labores de la Ciencia Ficción. He aquí la mayoría de los textos del francés Julio Verne, de H.G. Wells, Olaf Stepleton y H.P. Lovecraft (ícono compartido con el terror). Sus textos no sólo satirizan, critican, disecan o reelaboran sus sociedades, sino que suman a esto las lecciones de las mitologías y la fantasía profundizando sus argumentos en las infinitas posibilidades de la ciencia desde áreas específicas como geología, física, espeleología, química y biología. De allí en más, abanderados por el afán anticipatorio, las obras de Ciencia Ficción se embarcan en una suerte de tecnicismos que culmina con la bifurcación de la línea de Divulgaciones Científicas, donde no se inventa nada nuevo a nivel de conocimiento técnico ni científico sino que se utilizan argumentos de ciencias y técnicas existentes para crear verosimilitud en ficciones que bordean lo épico y mitológico. De tal forma, que se puede apreciar que espontáneamente el género se divide en: de Anticipación, de Divulgaciones Científicas, de Especulaciones Científicas, donde suelen catalogar también algunas de las mencionadas obras prefundacionales. Detrás también están las Óperas Espaciales, el Futurismo Utópico y demás subclasificaciones dependiendo de prologuistas o críticos.
Nótese que muchas de estas denominaciones se aplicaron a todo el género hasta la occidentalización del rótulo ?Science-Fiction? popularizado por Hugo Gernsback en los años 20 desde su emblematica revista ?Amazing Stories?.
El siglo XX fue testigo de numerosos aportes cuyas influencias se resumen geográficamente en dos corrientes principales y dos emergentes sin que ello implique menor trascendencia a figuras como el ruso Konstantin Tsiolkousky, Kurd Lasswitz de Alemania o al paradigmático Stanislaw Lem de Polonia.
Las corrientes principales del último siglo son a todas luces la Anglosajona y la Gálica. La primera con nombres de la talla de Isaac Asimov, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Philip K. Dick, J.G. Ballard y Richard Matheson. La segunda con René Barjavel, Yves Dermeze, André Ruelland, Pierre Suragne, Daniel Phi, Michel Jeury, Philippe Curval, Daniel Walther, Jean-Pierre Andrevon, Christine Renard y Claude Cheinisse.
Respecto de las corrientes emergentes tenemos por un lado la nipona, donde las artes caminan y se expanden globalmente por las sendas del género sin que ningún escritor haya impactado históricamente en la C.F., lo cual se espera que cambie a partir de la atención que atrae Takami Koshun con su popular ?Battle Royale?. Y por otro la corriente hispana encabezada por españoles y mexicanos con pocas ventajas respecto del resto de América Latina donde las Artes Fílmicas, la expansión de las historietas y la cibernética, sumados a las agudas crisis sociales, han creado el campo ideal para el resurgimiento flamígero del género.
Cerrando este breve compendio, en nuestro país se puede mencionar autores como Eduardo L. Holmberg, Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones, Jorge L. Borges, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Carlos Gardini, y Angélica Gorodischer como eventuales creadores de algunos cuentos o novelas que pueden ser incorporadas a las filas de la C.F., ya que solamente los dos últimos han cultivado al género como tal, reservando mayores comentarios al respecto para notas posteriores.
Fin de Archivo
00.53 / 26-03-2003
A.D.Z.A.

Fuentes Consultadas
?El cine de Ciencia Ficción? por Ramón Freixas y Juan Bassa. Paidós, Colección Paidós Studio.
?Pasaporte a la Eternidad? por J.g. Ballard. Minotauro.
?Las Playas del Espacio? por Richar Matheson. Sudamericana, Colección Nebucar.

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