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¿Soñaran los escritores con ovejas de papel mache?
Abrahan D. Zaracho A.

¿Quién es capaz de crear un personaje compuesto por genialidad, esquizofrenia, anfetaminas, manías persecutorias, humor, tendencias suicidas, amnesias, mezcalina, glosolalia, pancreatitis, empachos de teología y filosofía, litros de alcohol y dosis de LSD?

Nadie que yo conozca. Más difícil aún si consideramos un trauma por la inmediata muerte de su hermana gemela, el hecho de haber sido abandonado por su padre a los cuatro años, cinco casamientos y la paternidad de tres niños confusos.

?Dios todo lo puede ?interrumpirán algunos; y el buen amigo Phil sonreirá, en medio de las melodías del Quinteto en sol menor de Mozart y del humo de un puro, brevemente dejado en un rebosado cenicero.

Por último, completa el pantallazo añadiendo que este Mito, lector de Joyce, Faulkner, Flaubert, Proust, Stendhal, Plotino, Maimónides y los empiristas ingleses, escribió a lo largo de 30 años cerca de sesenta libros, elevados la mayoría (esencialmente las novelas) como iconos de la Ciencia Ficción y símbolos de la expansión del género en las artes del siglo XX.

Coinciden las leyendas en que Philip K. Dick nació el 16 de diciembre de 1928 en Berkeley, California, donde trabajó durante años en una tienda de discos y dirigió un programa de música clásica en una radio local. Dick empezó a publicar en 1952 y, hasta el fin de sus días, vio editadas 42 de sus novelas.

Siguiendo a Vicente Verdú y las notas por él invocadas de tres de los mayores exégetas de Dick (Gregg Rickman, Paul Williams y Patricia Warrick), este individuo corpulento, cambiadizo y afectuoso, no dejó de consumir semoxidrine, la anfetamina que le recetaran en 1952 para superar sus estados depresivos, así como tampoco los habanos y, menos aún, la escritura. Se lo salvó de dos suicidios, en el último de los cuales sumó 49 tabletas de digital, 30 cápsulas de librium, dos tajos en las muñecas y la respiración de monóxido de carbono.

Era común que combinara una dedicación compulsiva, que le conducía a escribir hasta 90 páginas diarias, con los auriculares cargados de música clásica, litros de café y tabletas de anfetaminas. Finalizado el libro, exhausto e inútil para cualquier cosa, se sumía en una convalecencia de diez a quince días.

El resultado de esta desmesura fue la encarnación, dentro de la propia Ciencia Ficción, de un género único: El de Philip K. Dick.

El examen prudente de los textos de Dick revela, de forma expresa y autosuficiente (sin recurrir a biógrafos no autorizados, ni psicólogos y menos a mentalistas) tres poderosos temas (que no monopolizan ni acotan otra centena de cuestiones y propuestas).

El primero, y más evidente, es la división planteada entre la humanidad y todas las complejidades de sus creaciones; que si bien es algo común a los escritores consecuentes, con Dick se supera al tradicional ?¿Qué significa ser humano?? con la cuestión ?¿Cómo es no ser humano??. Como lo resalta Steven Dwen Godersky, Philip Dick planteó intelectualmente el problema, pero logró que sintiéramos la respuesta. En la mejor y más alta tradición de Mary Shelley, descubrió que la empatía es la diferencia.

El segundo tema es sólo suyo y se particulariza en una cuestión de perspectiva. En plena era literaria dominada por superestrellas y superhéroes, Phil nos recuerda que nuestras aspiraciones y capacidades no son tan diferentes, ni menos importantes, que las de los identificados como grandes y poderosos.

Rebate a los anhelos de superhombres con empolvados libros de historia y advierte que, dentro de aquellas amarillentas páginas, no existen menciones a hombres perfectos, pero sí a hechos reales, que superan a las ficciones que se esperan en aquellos productos de abstracciones.

Pensemos en Thug Chien de La fe de nuestros padres y en Ragel Gumm de Time out of joint (La dispersión del tiempo), individuos con prosaicos y monótonos trabajos, que se revelan esenciales para la fe de sus mundos. Fijémonos en Herb Ellis, del cuento Un autor prominente: un chico común que reescribe el Viejo Testamento para cabrerizos que apenas miden tres centímetros.

El último gran tema es la guerra, tanto la fascinación, como el temor y el visceral odio que esta despertaba en Philip Dick. Gran parte de la crítica especializada apenas la nombra, en virtud del prejuicio natural hacia sus contemporáneos y la percepción generalizada del impacto que la Segunda Guerra tuvo en todos ellos.

Pero esto es un escollo a superar por los literatos, críticos y especialistas, no por los creadores, y menos por los escritores de Ciencia Ficción.

Philip K. Dick fue uno de los más serios antimilitaristas, inclusive, antes de que el pacifismo se convirtiera en una moda propia de los años ?60. Su visión al respecto está en sus textos, en párrafos enteros, como percepciones propias y desde múltiples enfoques. Política, económica, técnica y filosóficamente, la guerra fue criticada, analizada, viviseccionada y condenada con letales cargas de ironía y sutilezas que se filtraron desde sus textos hasta los más dispares rincones de la Ciencia Ficción. Desde el cine australiano y su visión en Mad Max, hasta las miniseries norteamericanas llamadas de la devastación bélica. La extinción en una guerra termonuclear fue solidificada como realidad inminente y terrorífica a partir de Dick. También la rebelión de las armas en contra de sus creadores, tal cual se aprecia en la película Screamers (asesinos cybernéticos) basada en el emblemático cuento dickiano The second variety (La segunda variedad).

Así, Dick manifiesta su fuerte rechazo a las consignas de ?los fines por sobre los medios?. La victoria a cualquier precio, en pro de la Democracia, la libertad y la bandera, devienen de tal modo en aforismos carentes de sustancia; más aún cuando este precio es la sumisión totalitaria a la burocracia militar. Y si bien es muy difícil encontrar en sus textos una apología a la Democracia, sus encadenamientos y construcciones racionales no miden golpes a la hora de ejemplificar, graficar y demostrar los efectos de la carencia de ésta, sin fijarse siquiera, al mismo tiempo, si deja fulminada la tradición platónico-aristotélica o la teoría de la legítima defensa.

Completando estos aspectos, está la selección de sus personajes. Si bien para Dick, el protagonista de todo texto de Ciencia Ficción, de buena categoría, es la idea y no los sujetos involucrados, tal cual lo reitera en sus múltiples notas y conferencias, los personajes pueden devenir en fines de la idea y por ende, en núcleos simbólicos de una moraleja implícita en la trama. Por ello, eligió para sus relatos personas comunes, con sus pequeños defectos y virtudes, que pueden vivir a la vuelta de nuestra casa, cuando no en ellas mismas o inclusive en nosotros. A estas personas, los enfrentó en complicadas y titánicas tramas, sin regalarles la más mínima ventaja. Y no siempre les permitió superar las adversidades, cuanto menos encumbrarse en una victoria rápida o gloriosa.

Tampoco es fácil encontrar, en los relatos de Dick, naves espaciales de tres kilómetros de largo, brillando a la luz de un extraño sol. Aquí, lo común es encontrar un robot averiado, en el fondo de una zanja; o una mariposa atrapada en un pliegue temporal. En este conjunto de sutilezas, donde todo es importante, lo que asusta, o amenaza, a uno de sus personajes es de igual naturaleza para todos, inclusive para el propio Philip.

Como pocos, dentro de los grandes nombres de la literatura mundial, Philip Kendred Dick tuvo el privilegio de disfrutar económicamente de sus éxitos. En 1963 recibió el premio ?Hugo? por la novela The man in the High Castle (El hombre en el Castillo) y en 1975 el ?Campbell Memorial? por Flow my tears the policeman said (Fluyan mis lágrimas, dijo el policía). Tres años después de su muerte, en España se lo reconoce con el ?Gigamesh 1985? por The transmigration of Timothy Archer (La transmigración de Timothy Archer). Además de los ingresos naturales por la incorporación de sus textos en publicaciones de Ciencia Ficción, así como las cuantiosas ventas de sus numerosas novelas, su obra continúa capitalizándose gracias a casi una veintena de cesiones y autorizaciones de derechos intelectuales sobre novelas y cuentos propios que fueron llevados y adaptados para el cine y la televisión. Entre los primeros, los ejemplos más sobresalientes son: Blade Runner (Cazador de androides) de Riddley Scott, basada en la novela Do androids dream on electric sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) de 1968; Total Recall (Desafío total o El vengador del futuro, según el país) de Paul Van Verhoeven, basada en el cuento We can remember it for you wholesale (Podemos recordar para usted al por mayor) de 1966; y la reciente Minority Report (El Informe Minoritario) de Steven Spielberg, basada en un cuento homónimo publicado por primera vez en la incipiente revista ?Fantastic Universe? en 1956, sólo cuatro años después de haber logrado la primera publicación de uno de sus textos. De hecho, en 1952, con el cuento Beyond lies the Wub (Aquí yace el Wub) da inicio a su legendaria trayectoria. Esta obra apareció en el ejemplar de Julio de aquel año en la revista ?Planet Stories?. Recién en febrero de 1953, Dick dio inicio a su faceta empresaria con la venta de Roog a la revista ?Fantasy and Science Fiction?. Hoy la expansión mundial de su fama toma por asalto regiones enteras de Europa y Asia. Los claustros universitarios, así como sus académicos, se ven superados por un centenar de ensayos, tesis y tratados vinculados a la Ciencia Ficción y, más específicamente, a las obras de Philip K. Dick. Los sitios en Internet se multiplican, en los más diversos idiomas, y las librerías se ven obligadas a seleccionar sus novelas, dentro de un extenso catálogo unipersonal, pasa saciar la sed de nuevas generaciones de fanáticos.

A pesar de la dimensión alcanzada por su prolífica obra, Philip K. Dick no alcanzó a cumplir 54 años; falleció el 2 de marzo de 1982 como consecuencia de un ataque cardíaco que le sobrevino tras respirar aire fresco en el porche de su casa.

En su honor, se constituyeron en 1983 dos pilares institucionales, vinculados por fondos y fines comunes, la ?Philip K. Dick Society? y el premio ?Philip K. Dick Memorial? a la mejor novela original publicada en edición de bolsillo.

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