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Cuando Cazorla era Kent Wilson
Artur Moch

Antes del advenimiento de la televisión, las novelas populares constituían una forma barata y extendida de entretenimiento. Menospreciada en su día, la literatura «pulp» (en su definición anglosajona) es objeto ahora de una creciente reivindicación, en forma de estudios, coleccionismo y reediciones. En los años cincuenta, el escritor terrassense Ángel Cazorla, publicó, con el seudónimo de Kent Wilson, varias novelas «de a duro», del oeste, policiacas, bélicas, románticas y de ciencia-ficción.

Ángel Cazorla tenía 20 años y una gran pasión por la literatura cuando, en 1951, conoció por azar a Juan Francisco Abad, un escritor que vivía entonces en Terrassa y que, bajo el seudónimo de John F. Abbott, llevaba publicadas diversas novelas del oeste. «Le comenté que siempre había tenido interés en escribir, y me dijo que intentara elaborar un capítulo», recuerda Cazorla desde Santa Cruz de Mairena, su población natal, de la que emigró a los 15 años. «Alquilar una máquina de escribir valía entonces quince duros. La alquilé, escribí ese capítulo, Abad me dijo que estaba bien, y completé mi primera novela.» Era «El delito de Cornel Hower», pronto seguido por otras como «El caballero de la pradera» o «Venganza en Oregón», que hizo el número trescientos de la conocida colección «Bisonte» de editorial Bruguera.

A 1.200 PESETAS LA OBRA

Así las cosas, Cazorla se vió convertido en un escritor de «novelas de a duro» o «pulp fiction». Siempre las publicó firmadas como Kent Wilson, «para que el lector creyera que estaban escritas por americanos». Sólo las románticas llevaban su nombre. Una novela solía suponer entre una semana y un mes de trabajo, si bien Cazorla siempre tuvo otros empleos se dedicaba a la escritura en su tiempo libre. Sus fuentes de inspiración eran mapas y documentación de la historia de Estados Unidos, sus lecturas (de Zane Grey, Karl May, Silver Kane y otros autores), y las películas que veía. «El estilo lo vas cogiendo a medida que escribes. El mío tenía mucho diálogo. Recuerdo que, en una ocasión, el amigo Francisco Lucio me dijo que en mis obras moría poca gente. Entonces escribí ?Trabaja, sepulturero?. El protagonista era un sepulturero cuyo cementerio tenía seis tumbas abiertas, pero nadie con quien llenarlas. Hasta que llega al pueblo un vengador».

Bruguera y Toray fueron las editoriales en las que Cazorla publicaba estas obras. Por cada una de ellas le pagaban unas 1.200 pesetas, cantidad que incluía la cesión de los derechos de autor. «Años después, a mi regreso de Bélgica, donde viví durante un tiempo, me tradujeron cuatro o cinco novelas al portugués, y la editorial me dió unas ochocientas pesetas por cada una de ellas, en concepto de derechos de autor. La empresa fue generosa en este sentido, porque nada la obligaba a retribuirme por ello».

Cazorla fue Kent Wilson básicamente entre 1952 y 1958. En la década de los senta, la literatura popular comenzaba a agonizar. «Llegó un momento en que sólo reeditaban los mejores, como mi favorito, Silver Kane, seudónimo de Francisco González Ledesma, que era el gran maestro del ?western?, y Marcial Lafuente Estefanía, el que vendía más». «Kent Wilson» dejó de existir, y Cazorla se dedicó entonces a la literatura realista «seria» y produjo obras como «El pan y la tierra», «Crónica de una herencia» o la aún inédita «La lejana mirada de Dios».

COLECCIONES DIVERSAS

¿Cuántas novelas «pulp» llegaron a salir de su máquina de escribir? «Nunca las conté, pero quizá alcanzarían el centenar. La mayoría, más de setenta, fueron del oeste». A petición del diario de Tarrasa, Cazorla elaboró una lista con los títulos que recuerda. Incluye 34 «westerns», aparecidos en las colecciones «Bisonte» y «Bufalo » de editorial Bruguera, y «Seis tiros» y «Héroes del oeste» de Toray, más dos títulos de ciencia-ficción («Locos del espacio» y «La llave, en la colección «Espacio» de Toray), dos de guerra (en «Hazañas bélicas» de Toray), dos policiacas («Espias en Nueva York», en «Brigada secreta» de Toray, y «La fórmula K-9»), y cuatro románticas («Adiós, Laura», «Un novio para Terry», «El salvaje y la dama», y «Auroraen las almas»).

Dos aportaciones a la ciencia-ficción: «Locos del espacio» y «La llave»
En los últimos años han visto la luz diversos libros y trabajos sobre la literatura popular. La obra en dos volúmenes «La novela popular en España», de ediciones Robel, constituye en estos momentos una auténtica «bíblia» para los aficionados. Además de artículos de los principales expertos, y reproducciones de trescientas portadas, incluye el catálogo de unas 140 colecciones, el primero elaborado sobre el tema, y que supone una guía para completistas y todos aquellos que aún buscan material de este tipo en librerías de segunda mano y mercadillos. Kent Wilson aparece en diversas ocasiones. Sus novelas también están catalogadas en un volumen similar, pero especializado en un solo género, «La ciencia ficción española», publicado igualmente por Robel. La escasísima atención que los «bolsilibros» han merecido hasta ahora por parte de la crítica literaria, su consideración como infraliteratura incluso por parte de algunos autores, ha dificultado el conocimiento sobre este ámbito. Resulta problemático incluso listar las obras que se publicaron en su período de esplendor (entre los años treinta y los sesenta del siglo XX). Cazorla reconoce que nunca se preocupó ni siquiera por anotarse sus títulos y datos de publicación, y que muchos ejemplares de sus obras los dejó a gente que nunca se los devolvió. Conserva pocos libros de Kent Wilson. Jamás se ha reeditado ninguno. Localizarlos en los establecimientos especializados (como la librería barcelonesa La Bola) es cuestión de suerte. De algunos puede que no haya sobrevivido ningún ejemplar.

De todos los géneros de la «pulp fiction», la ciencia-ficción ha sido, desde siempre, el más valorado y estudiado, incluso en España. Las novelas de «La saga de los Aznar», de George H. White, siguen reeditándose, los fanzines y páginas web del género acogen regularmente artículos sobre los oscuros autores de «La conquista del espacio», y existe un gran coleccionismo.

LOS EXTRATERRESTRES

Cazorla, que se reconoce un apasionado lector de Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, así como un aficionado a la astronomía, produjo únicamente dos obras de ciencia-ficción.

«Locos del espacio» fue el número 361 de la colección «Espacio» de Toray, y tenía como héroes a «dos miembros del ejército americano que, durante las pruebas de un avión nuevo, atraviesan la barrera de la estratosfera y marchan hacia el espacio».

«La llave» apareció como el número 411 de «Espacio», en 1967, con una portada que reproducía una imagen de la película «¿Hacia el fin del mundo?». Posteriormente la editorial Andina, vinculada a Toray, la reeditó en su colección «Galaxia 2001» (número 215). Su autor la considera una de sus mejores obras. Está protagonizada por Denis Mafrant, un ginecólogo del futuro que descubre que una de sus pacientes alberga un feto sin sexo, al tiempo que en su cabeza resuena una misteriosa voz y la frase «busca la llave y salva la Tierra». Mafrant será abducido por los extraterrestres, y vivirá diversas aventuras en su planeta.

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