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Villatoro aborda el mesianismo en su novela «La derrota de l?àngel»
Artur Moch
Una noche del año 1270, en el barrio judío de Barcelona, Abraham Abulafia tuvo la certeza de estar escuchando la voz de Dios, y, por lo que le dijo, pensó que él podía ser el Mesias. Cuando Vicenç Villatoro leyó este episodio en la autobiografía de Abraham Abulafia, quedó fascinado por el personaje histórico, uno de los más importantes autores de la Cábala hebrea. El relato de su asombrosa vida es una de las tramas de «La derrota de l?àngel». La otra transcurre en nuestro siglo, con el próximo Papa como personaje. En el fondo, una reflexión sobre quienes creen tener una «misión» a cumplir.
La experiencia mística de Abraham Abulafia «era exótica y rara, pero sucedió en Barcelona, lo que da una sensación de proximidad que me la hizo más apasionante», explicó Vicenç Villatoro en la presentación de «La derrota de l?àngel», realizada el miércoles en la librería Excellence de la capital catalana. El cabalista creyó que Dios le comunicaba que, un día, iría a ver al Papa. Y recordó que Maimónides dijo que, cuando llegara el Mesías, lo primero que haría es visitar al Papa, como Moisés al faraón, y una leyenda sobre que el Mesías se proclamaría ante el Papa.
Diez años después de esta revelación, Abulafia se autodenomina Raziel, como el ángel que dió la sabiduría a Adán, «y alguna cosa le pone en marcha para ir a ver al Papa Nicolás III». Cuando la carta pidiendo audiencia llegó al Santo Padre, éste le respondió que, si intentaba verle, tan pronto llegara a Roma sería detenido y quemado en la hoguera. Abulafia no se amilanó. «Llegó a Roma cuando se acercaba el Año Nuevo judío, y el Papa estaba en su palacio de verano de Suriano. Fue allá. Y lo detuvieron. Pero no lo quemaron, porque el Papa Nicolás III acababa de morir».
Es una historia real que Villatoro encontró «perfecta para hacer una novela». La ha mezclado con otra, ficticia, en la que el próximo Papa, «italiano, y no del Opus», recibe una petición de entrevista «muy parecida a la que hizo Raziel en el siglo XIII».
Así las cosas, «La derrota de l?àngel» es, por una parte, «la historia verídica y bien documentada de lo que le sucedió a Abulafia», complementada con la del siglo XXI, que ayuda a explicar la antigua. Y, en el fondo, «una reflexión sobre el mesianismo, no el judío del siglo XIII, sino el de todas las épocas. Siempre ha habido gente que ha creído que Dios les decía, exclusivamente a ellos, la verdad, o que tenían una misión que cumplir. El mundo está lleno de mesías e iluminados».
Y los mesías «son el cáncer de la humanidad, Hitler, Stalin, los bichejos que han provocado todas las maldades. Pero son también quienes han hecho grandes cosas. Si no te crees que tienes razón, que tienes una misión, no haces nada. El político mesiánico puede ser peligroso, pero su contrario es el político que no tiene opinión, que cuando es preguntado sobre la pena de muerte, hace una encuesta. El mesianismo tiene un punto de hostilidad, de acuerdo, pero también de firmeza, de fuerza. No estoy convencido de que los mesías sean, de entrada, buenos o malos. Por eso no les he dedicado un ensayo, sino una novela».
Subrayó Villatoro que «La derrota de l?àngel» es una novela histórica «pero no una recreación de época. Con ?El Código Da Vinci?, Dan Brown hizo una novela de detectives con el Vaticano y la historia, y me lo pasé pipa leyéndola, pero la mía tiene una construcción diferente, mezcla elementos diversos. Su objetivo no es explicar una historia, sino hacer pensar».
Cuando cotejó los datos de la autobiografía de Abraham Abulafia (1240-1291?) con documentos históricos, del Vaticano y otros, Villatoro se sorprendió de su exactitud. «Ciertamente, ese verano el Papa Nicolás III estaba en Suriano, tuvo una carta de Abulafia, y murió de repente en una fecha que concuerda prácticamente con el Año Nuevo judío», explicó. El contexto geopolítico en que transcurrió la corta pero intensa vida de Abulafia también resulta apasionante. «Es el momento en que los mongoles acaban de destruir Bagdad -pasan los siglos, pero las cosas suceden en los mismos lugares-, y han llegado casi al Mediterráneo. El mundo está asustado pero a la vez esperanzado. El Papa envía gente para que conviertan los mongoles al cristianismo. Abulafia cree que proceden de las tribus perdidas de Israel. Y se pelea con el rabino de Barcelona, que es todo ?seny? y orden, mientras que él es un ?pasado de vueltas?».

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