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Entrevista a Juan Miguel aguilera

Juan Miguel Aguilera (Valencia, 1960) es uno de los principales autores europeos de ciencia-ficción. Junto con Javier Redal creó el universo de Akasa-Puspa en las novelas Mundos en el abismo (1988), Hijos de la eternidad (1990) y En un vacío insondable (1994), volviendo a él en Mundos en la eternidad (2001) y, ya en solitario, en su más reciente novela, Mundos y demonios (2005), que estos días se pone a la venta.

 

Sus otras novelas incluyen El refugio (1994, con Javier Redal), La llavor del mal (1996, con Ricardo Lázaro), La locura de Dios (1998), Contra el tiempo (2001, con Rafael Marín) y Rihla (2003). Escribió el guión de la película Stranded (Náufragos) (2000) y también su novelización del mismo título (2001, con Eduardo Vaquerizo). Sus obras se han traducido en Italia y en Francia.

 

Lo primero que salta a la vista al leer tu bibliografía es que has escrito la mayoría de tus obras con diversos coautores, siendo tu colaboración más conocida la de tus primeras novelas con Javier Redal. Sin embargo, ahora estás  embarcado en una carrera en solitario. ¿Qué diferencias notas en tu trabajo actual respecto a esos primeros tiempos de colaboración?

 

Javier Redal y yo empezamos a escribir la primera novela de Akasa-Puspa, Mundos en la eternidad, sin tener ninguna esperanza de verla publicada. En aquellos años (finales de los ochenta) la ciencia-ficción en España estaba pasando por uno de sus peores momentos. Si las editoriales no publicaban ni novelas de autores anglosajones, cómo iban a arriesgarse con dos autores españoles y, además, desconocidos. Por eso mismo tardamos cinco años en terminar la novela, porque escribíamos por pura diversión. Yo diseñaba criaturas y artefactos espaciales y Javier se encargaba de darle sentido científico a todo. Fue un auténtico trabajo en equipo: yo dibujaba bocetos de los juggernauts y Javier diseñaba aquella biología adaptada al vacío hasta el mismísimo detalle de su química orgánica. Así nació la fauna espacial y el escenario completo de Akasa-Puspa.

 

Este proceso fue tan divertido que durante muchos años tuve la sensación de poseer un talento especial para trabajar en colaboración. Pero luego lo he intentado varias veces y, aunque siempre han sido experiencias valiosísimas, nunca ha vuelto a ser tan sencillo. Quien tiene ese talento para escribir a cuatro manos es sin duda Javier Redal, cuya personalidad es de una gran generosidad, y eso es lo más importante en una relación de este tipo. Cuando trabajé con Rafael Marín, por ejemplo, los dos tirábamos de la historia hacia nuestro lado (el famoso "ego" de los escritores, del cual Rafa y yo andamos bien servidos), y al final la cosa no funcionó igual. Ahora pienso que es enormemente difícil colaborar con otro escritor.


¿Cómo surgió el concepto del universo de Akasa-Puspa, ese cúmulo globular que orbita la Vía Láctea y donde se desarrollan civilizaciones que pueden viajar por el espacio con tecnología relativamente sencilla?

En realidad hay varios orígenes. El más remoto que recuerdo fue un guión de ocho páginas que escribí para Rafa Fontériz. En él, una nave espacial era atacada por un extraño organismo que se parecía mucho a un virus bacteriófago (pero de medio metro de altura). La criatura se metía dentro de la nave perforando el casco y atacaba a la tripulación. En la última viñeta veíamos que la nave estallaba y miles de bacteriófagos escapaban de su interior dispuestos a buscar otras naves e infectarlas. Parecía una historia muy absurda, pero cuando se la enseñé a Javier Redal empezamos a especular con la posibilidad de que existiera vida adaptada al vacío.

 

La base científica  nos la proporcionó el físico John Desmond Bernal, con sus conceptos sobre los mundos, la carne y los demonios. Bernal es el profeta de la colonización humana del espacio; mucho antes de que Freeman Dyson hablase de sus famosas esferas, Bernal ya planteaba la posibilidad de que el ser humano habitara el espacio adaptándose a él. Bernal pronosticaba que el ser humano tendría que evolucionar para abandonar la cuna de su planeta y extenderse por las estrellas. A lo largo de muchas conversaciones, la cosa se fue complicando y acabamos creando toda la biología de Akasa-Puspa: los juggernauts, los colmeneros y los cintamanis; todos herederos de ese humilde bacteriófago del cómic.

 

El origen del escenario en sí (este cúmulo globular que atraviesa el plano galáctico) fue una conversación que mantuvimos Javier y yo sobre cómo se podría plantear en una novela un imperio estelar que no dispusiera de la capacidad del viaje hiperlumínico. Parecía imposible, claro, pero el buscarle una solución a este planteamiento fue lo que generó el desarrollo del escenario de Akasa-Puspa: un cúmulo globular donde las estrellas están casi tan cerca como los planetas en un sistema solar. Luego tuvimos la idea de incorporarle esa fauna espacial que había imaginado para el comic de Rafa Fonteriz. Un escenario tan "pequeño" parecía el lugar ideal para que se desarrollase una biología así. Pero, ¿cómo había llegado la humanidad allí? Éste era el misterio de fondo de la novela Mundos en la eternidad.

 

Los lectores de la época quedaron apabullados por la amplitud del escenario, pero al parecer hubo alguna limitación material que os impidió plasmar vuestras ideas a la escala que hubieran necesitado.

 

Como he dicho, aquél no era un buen momento para la ciencia-ficción. Además, aún estaba muy en el futuro la actual moda de novelones de ochocientas o mil páginas. Una novela como La paja en el ojo de Dios de Nivel y Pournelle, por ejemplo, tenía menos de cuatrocientas páginas, y apareció dividida en dos tomos. La novela que habíamos escrito Javier y yo en esos cinco años era aún más larga. Si se publicaba en el mismo formato y con el mismo tamaño de letra de esa edición de La paja en el ojo de Dios, alcanzaría las seiscientas páginas, lo que entonces parecía un verdadero despropósito. En el último momento antes de llevarla a una editorial, comprendimos que reduciendo el volumen del libro tendríamos más posibilidades de verlo editado. Así que quitamos varios capítulos de aquel novelón, sobre todo aquéllos en los que se desarrollaba el papel de los angriffs en la trama, y el resultado fue Mundos en el abismo. Como se vendió bien, luego se editó parte del material extra como Hijos de la eternidad. Pero siempre nos quedó el gusanillo de ver publicada algún día la versión completa.

 

Cuando en 2001 apareció finalmente Mundos en la eternidad, hubo lectores que no entendieron el sentido de esta recuperación. ¿Qué os llevó a hacerla?

Mundos en la eternidad es la auténtica novela que escribimos Javier y yo en aquellos años. El tocho íntegro, tal y como la concebimos entonces, sin los cortes que le dimos para hacerla más publicable, con algún que otro pulido de estilo y, eso sí, reduciendo el número de palabras en sánscrito que llenaban la primera versión (esto se hizo de un modo muy lógico: sólo se quitaron las palabras que tenían un equivalente exacto en nuestro idioma). ¿Por qué recuperar el manuscrito original justo en ese momento? Pues porque La locura de Dios fue un éxito en Francia, y los editores franceses me pidieron más cosas mías para publicar. Por supuesto, pensé en esta novela, y como la situación editorial ha cambiado, y ahora no asusta a nadie un tocho de quinientas páginas (que, tal y como van las cosas, ya casi es una novela corta), Javier y yo volvimos a reunirnos y recuperamos la novela original.

 

La edición francesa de Mundos en la eternidad llamó la atención hasta el
punto de que tu actual editor francés, Au Diable Vauvert, te encargó una
nueva novela de Akasa-Puspa, que ahora aparece en castellano como Mundos y
demonios
. ¿Crees que el hecho de escribir para el mercado francés, donde
estás teniendo tanto éxito, te animó a colocarte en una postura mental más
ambiciosa que al escribir sólo para el mercado español?

La publicación de Mundos en la eternidad en Francia me ha permitido hacer lo que siempre soñé con este escenario, es decir, crear una saga galáctica verdaderamente ambiciosa. Esto es lo que teníamos en mente Javier y yo cuando concebimos Akasa-Puspa, pero no pudo ser por las características de la ciencia-ficción española de entonces. Nuestra novela fue una verdadera extravagancia en aquel momento, algo así como el submarino de Isaac Peral, una idea que no pudo desarrollarse porque el entorno era cualquier cosa menos favorable a este tipo de aventuras. Ahora sí lo es, y además hay una ciencia-ficción europea que está en su mejor momento y que parece que está esperando este tipo de obra.

 

¿Cómo definirías la relación de Mundos y demonios con las anteriores novelas de Akasa-Puspa?

Mundos en la eternidad es una especie de "capítulo 0" de la saga que quiero escribir. Presenta el escenario de Akasa-Puspa, pero la historia que narra es sólo la del descubrimiento de la Esfera. Quería tener resuelto esto en un único libro para luego poder dedicarme a lo que verdaderamente quiero escribir. Pero para leer Mundos y demonios ni siquiera es necesario (aunque sí recomendable) haber leído Mundos en la eternidad, porque es una novela completamente independiente. Mundos y demonios es la primera de varias aventuras espaciales que tengo previsto situar en Akasa-Puspa. Su origen es la novela corta En un vacío insondable, que muy poca gente habrá leído, pero la historia va mucho más allá del boceto de novela que era en realidad En un vacío insondable. Narra la guerra entre humanos y angriffs, y el primer encuentro con las Máquinas que dominan la galaxia de la Vía Láctea.

 

¿Cuáles son tus proyectos futuros en Akasa-Puspa?

 

La principal característica de Mundos en la eternidad en el momento en el que apareció fue la ambición del escenario. Es curioso, pero cuando la novela se publicó en Francia todas las críticas coincidieron en este punto. Los franceses hace años que editan space opera autóctona, pero les sorprendió la escala a la que está concebida Akasa-Puspa. Pero a mí hay una cosa que me emociona especialmente de este escenario, y es que, a pesar de su grandiosidad, también mantiene la escala del ser humano, con problemas y sentimientos que no son diferentes a los de hoy en día. Esto es porque en Akasa-Puspa cabe desde la tecnología superavanzada de los colmeneros y las Máquinas hasta la elemental de la Utsarpini, pasando por la del Imperio. Esto te da unas posibilidades casi ilimitadas a la hora de crear historias.

 

El universo de Akasa-Puspa tiene muchos seguidores entre los aficionados a la
ciencia-fición, que lo consideran una de las mayores creaciones, si no la
mayor, del género en castellano. ¿Cómo esperas que reciban esta nueva novela los lectores que te siguen desde hace casi dos décadas?

 

Hay gente que me ha dicho que le gusta más la primera versión de Mundos en la eternidad, y la verdad es que esto me halaga, porque creo que en esas primeras novelas hay un componente nostálgico para aquéllos que las leyeron en esos años. He conocido incluso a aficionados que afirmaban que Mundos en el abismo fue el primer libro de ciencia-ficción que leyeron, y eso es una tremenda responsabilidad. Esas dos primeros libros forman ya parte de la historia de la ciencia-ficción española. Están ahí y son intocables. Sin embargo, todos los que han leído primero Mundos en la eternidad y luego Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad me han dicho que prefieren la versión de 2001 (que, como ya he dicho, es en realidad la más antigua), y yo también la prefiero.

 

Hace años que quería regresar a Akasa-Puspa. Las historias en este escenario me salen de un modo natural, casi sin esfuerzo. Es un lugar que conozco perfectamente y en el que me siento cómodo. Si no había vuelto a escribir nada sobre Akasa-Puspa en todos estos años es porque mantenía la ilusión de hacerlo con Javier Redal. Pero Javier ya me ha dejado claro que a él le apetece hacer otras cosas ahora, y eso lo entiendo. Pero Mundos y demonios era justo lo que me apetecía escribir en este momento. Parece como si la ciencia-ficción estuviera cediendo terreno frente a la fantasía, pero estoy seguro de los que son aficionados (como yo) a la space opera disfrutarán con esta novela que tiene todo lo que me emociona del género: batallas espaciales, encuentros con culturas alienígenas, y un misterio a escala galáctica.

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