Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información
Ir a la Home
  Portada    Noticias    Crónicas    Reseñas    Superventas    Concursos    Ultimas Novedades    Agenda    Enlaces 96 visitantes 18/11/2017
SECCIONES
NOTICIAS
ARTÍCULOS
RESEÑAS
SUPERVENTAS
ÚLTIMAS NOVEDADES
FICHAS DE LIBROS
AGENDA
CONCURSOS
TIRAS CÓMICAS
REDTALES
NOTICIAS 28-D
ENLACES
PREMIOS RECIBIDOS
CONTACTO
StardustCF en tu PDA
Síguenos en:
¿Quieres estar al día de las novedades?. Suscríbete a Stardust





Afiliate a la AEFCFT



¿Por qué escribí Curdy y la Cámara de los Lores?
Artur Balder
Nunca quise ser escritor, esa es la pura verdad. Pero al publicar libros la gente te considera escritor, en fin, eso está clarísimo y es inevitable. Yo lo que quería era escribir historias que me gustasen casi tanto como aquellas que a mí me gustaban y que, por supuesto, no tenían nada que ver con las que nos obligaban a leer en la escuela?

Muchos de los libros que me obligaron a leer en la escuela me parecieron realmente insoportables? y lo único que consiguieron es que fuese todavía peor estudiante de lo que ya era. Pero hubo un par de extrañas experiencias que posiblemente tuvieron la culpa de que hoy se publique Curdy y la Cámara de los Lores. Y si alguien tiene paciencia escuchará un espantoso relato basado en hechos reales:

Durante un campamento de verano nos pasó algo rarísimo: mientras unos y otros se dedicaban a gastar bromas pesadas haciéndose pasar fantasmas, un murciélago cayó al agua. Esto es prácticamente imposible. Pero es verdad, un murciélago aterrizó en una balsa. Mis amigos y yo fuimos y tratamos de ver lo que pasaba. Le tendimos un palo y conseguimos sacarlo. No sé si estaba herido o no, pero no podía volar, trataba de apoyarse con las alas mojadas, pero lo que más me impresionó, y eso no se me olvidará jamás, es cómo abría las pequeñas pero afiladas fauces y movía lentamente la cabeza a un lado y otro, mostrándonos sus ojos ciegos y negros. Alguien dijo que le recordaba a ciertas criaturas que había visto en un libro y todos preguntamos qué libro? pero al parecer no las había visto en el libro, sino que se las había imaginado al leerlo, y eso, sin que nos diésemos cuenta, despertó nuestro interés en esa clase de libro. Había fuego de campamento y durante esa noche, después de guardar el murciélago en una caja de zapatos, escuchamos toda clase de historias espantosas, misteriosas, fantásticas e incomprensibles acerca de criaturas que se nos habían quedado un poco olvidadas cuando nos habían leído algunos cuentos, siendo desde luego mucho más pequeños, y me pareció que todas ellas emergían de nuevo con gran fuerza en nuestra imaginación, pues ahora su verdadero mundo se nos hacía de verdad comprensible, y era un mundo mágico y sombrío en el que no había sitio para el aburrimiento. Como me había convertido en el Encargado del Murciélago, me ocupaba de arrojar insectos en la caja de zapatos? hasta que dos o tres noches después fui a echar un vistazo y me encontré con que el murciélago había desaparecido, pero en su lugar alguien ?supongo que alguno de nuestros monitores- había dejado un libro que yo jamás me habría atrevido a leer porque me parecía increíblemente ?gordo?. En la solapa estaba bien claro: Drácula. La verdad es que no me atreví a leerlo durante mi estancia en el campamento, porque los monitores jugaban a asegurar que ninguno de ellos lo había puesto allí, además el libro se había manchado con excrementos del murciélago que habíamos rescatado. Pero de vuelta a casa y después de haberme leído otro libro que realmente había despertado mi interés por la lectura, empecé a leerme la historia de Drácula y desde entonces fui un admirador de los murciélagos y sus costumbres.

Por otra parte, mi padre contaba con un banco de trabajo en el garaje del que me adueñé no sé muy bien cómo y donde fundé un raro laboratorio. Algunos trastos químicos habían ido a parar allí, pipetas, matraces, balanzas, tapones, tarros, azufre? y yo podía combinarlo casi con cualquier cosa y calentarlo, especialmente cuando me dedicaba a extraer la pólvora de diversos colores de todos los petardos que caían en mis manos. El estaño que se utiliza en los circuitos de electrónica fue el primer metal que aprendí a fundir, porque en realidad es muy fácil hacerlo dado que no requiere mucho calor, y después vinieron otras mezclas raras, y especialmente el plomo me pareció un metal muy extraño. El señor Seppänen, padre de un amigo que era finlandés, nos dijo que los lapones podían adivinar el futuro arrojando plomo fundido en un cubo de agua fría. El plomo se solidifica inmediatamente al entrar en contacto con el agua y lo hace con formas extrañas. Los hechiceros lapones son capaces de adivinar el futuro de la persona que ha fundido y arrojado el plomo al agua. Unas Navidades volvimos a hacerlo y al arrojar yo mi plomo se me apareció una forma casi humana, que parecía jorobada, encapuchada y muy rara. Por alguna razón algún adulto comentó algo sobre que la palabra plomo en latín era plumbeus, y empezamos a llamar a aquella escultura tan extraña Lord Plumbeus. Durante mucho tiempo Lord Plumbeus sólo fue un objeto escondido en un cajón de mi cuarto, pero también era un recuerdo escondido en mi mente, y hace cosa de un par de años, cuando Curdy ya había tenido algunas aventuras, Lord Plumbeus cobró vida una noche en la que había vuelto a acordarme de los murciélagos. Y fue a causa de que, durante unas vacaciones, nos dio por visitar una cueva tras una larga marcha. No era muy profunda, pero hacía calor y era un lugar bastante fresco. La cuestión es que entramos un poco hacia adentro. Y entonces aparecieron allí colgados, en los resquicios, en las grietas, por todas partes, miles de murciélagos.

No sé por qué, pero extendí la mano y traté de atrapar uno. Supongo que se asustaron. Mi novia dio un grito porque uno pasó rozándole el pelo y entonces cientos de murciélagos huyeron volando a nuestro alrededor. Cuando salimos de la cueva me di cuenta de que tenía una herida en la misma mano con la que había tratado de coger el murciélago. Estuve a punto de llevármela a la boca, pero mi novia me lo impidió, preguntándome si me había vuelto loco. No me parecía para tanto, será porque yo no tengo ni idea de medicina y ella era enfermera. Se trataba de una herida pequeña, y no sabíamos si realmente era la mordedura del murciélago o solo un corte que me hice al apartar la mano? pero la cuestión es que os puedo jurar que durante algún tiempo después tuve espantosas pesadillas y, no sé por qué, pero en ellas aparecía mi figura de plomo a la que habíamos llamado Lord Plumbeus, de la que ya casi me había olvidado, como si quisiese evitar que me olvidase de ella. Me pusieron una vacuna y me dijeron que estaba bien, pero pocos meses después hablé con mi editora Teresa Petit, quien se había hecho cargo de las aventuras de Curdy, y le dije: ?Creo que Curdy va a tener muchos problemas con los vampiros en el próximo libro??

Compártelo:


delicious digg technorati yahoo meneame meneame meneame

 

Recomienda esta página a un amigo

Volver a la portada