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Entrevista a Santiago Eximeno y David Jasso José María Flores García | ¿Cómo se escribe, o cómo se lleva escribir una
novela entre dos autores? ¿Habéis colaborado juntos en alguna otra
ocasión?
La verdad es que ha resultado mucho más fácil de lo esperado, se trata de dejar
que el otro haga todo el trabajo. Cuando empezamos no nos habíamos visto nunca y
ahora no nos podemos ni ver. Lo cierto es que resulta muy gratificante el poder
machacar todas las ideas que el otro aporta, es verdaderamente reconfortante. A
pesar de todo esto tenemos pensado escribir más proyectos juntos. Este hecho no
dice nada bueno de nuestro estado mental. El hombre es el único animal que
tropieza dos veces en la misma novela. Al margen del material escrito, también
hemos coincidido en divergenciacero.com, un podcast de relatos de horror en
audio que nos proporciona nuestra necesaria ración de aullidos semanal.
¿Dónde queda la verdadera Certeza? ¿Tienen
ustedes alguna?
Certeza está en el interior de cada uno de nosotros: es el lugar oscuro en el
que habitan los miedos y la parte más miserable de nuestra humanidad. Por
supuesto que existen muchas Certezas en nosotros. Para el mortal común es fácil
apreciar con una sola mirada la maldad que anida en nuestro interior y brota en
nuestros rostros. Y que nadie se atreva a llevarnos la contraria, tenemos
Certeza absoluta.
En su novela se encuentran y se intuyen algunas
referencias a películas del cine de terror y fantástico (Carrie, Alien, Drácula,
Parque Jurásico...) ¿Qué debe al mundo cinematográfico?
Las influencias que hemos recibido han sido muy variadas, desde literarias hasta
cinematográficas, si bien estas últimas son más evidentes. Ambos somos cinéfilos
capaces de disfrutar con una buena película de terror –e incluso con una mala,
siempre que mantenga el adecuado nivel de hemoglobina– así que es inevitable que
apliquemos en nuestra obra el lenguaje cinematográfico y sus iconos. La
referencia que menciona a Freddy Kruger la sentimos nosotros al releer la
novela, en un principio no estaba allí, pero está claro que en nuestro
subconsciente iconos como Freddy están muy presentes, y creo que es algo que
compartimos con muchos lectores de horror, tanto los que crecieron con Pesadilla
en Elm Street como los que crecen con Saw.
La novela juega con ciertos paralelismos a lo
largo de toda ella, uno de ellos basado en las mascotas. ¿Eran ustedes de esa
clase de niños crueles que metían sus tortugas en el microondas para ver qué
pasaba?
Más que de mascotas estaríamos hablando de poder y dominio. El control del
“Cazador” sobre su mascota queda cuestionado porque ella disfruta con su
sumisión y se siente liberada al ser esclava. Toda una paradoja que es muy
difícil explicar en estas líneas, principalmente porque no acabamos de
entenderla. Lo que nos lleva a la pregunta: ¿Por qué crees que hemos abandonado
la costumbre de introducir tortugas en el microondas? ¿Hace falta ser niño para
divertirse? Con la madurez hemos comprendido que existen otros animales más
activos, más grandes que las tortugas. Estamos a la espera de que se
comercialicen microondas del tamaño adecuado.
(Siguiendo con la estructura de la novela)
Las distintas historias que se entrecruzan guardan también una relación que
podríamos llamar cinética entre el final de un capítulo y el comienzo del
siguiente. ¿Es así como se pasaban el testigo a la hora de escribir?
El efecto que se pretendía conseguir con el paso de los capítulos era el
equivalente a las transiciones cinematográficas: realizar una especie de fundido
de dos imágenes. En realidad no tiene mucho que ver con pasarse el relevo, ya
que no trabajamos “un capitulo tú, uno yo”. Cuando decidimos abordar la creación
de una novela a cuatro manos no nos planteamos una rígida metodología de
trabajo. Teníamos clara la estructura de la novela –casi como un guión, con su
inicio, nudo desenlace–, pero no nos sentíamos limitados a la hora de atacar los
personajes o las tramas secundarias, lo que propiciaba una ingente cantidad de
información intercambiada, y alguna que otra cara de asombro.
¿Es el Cazador de Mentiras fundamentalmente un
trasunto moderno del hombre del saco, como Luismi cree? ¿Creían en él de
pequeños?
Pues sí, la idea primigenia era jugar con el verdadero hombre del saco, en
particular con la representación que de él se hace en Cataluña, el
“Caçamentides”, aunque las cosas se nos fueron de las manos. Y que a nadie le
quepa duda: el hombre del saco existe, siempre lo hemos sabido, desde muy
pequeños. De hecho, es uno de nosotros dos –lo que convierte esta obra en una
biografía–, pero no os diremos quién.
Podría pensarse en el Cazador de Mentiras como un
monstruoso ser que imparte justicia divina; sin embargo, pronto se advierte que
responde más al perfil de un psicópata asesino cuya vida parece depender de la
existencia de la propia mentira. Háblennos de él, de sus motivaciones y de su
origen.
El Cazador de Mentiras comparte las dos características que sugieres: es un
justiciero y un psicópata. Necesita la mentira para sobrevivir, forma
parte de su existencia; sin embargo la mentira le duele hasta la locura. En un
momento dado de la escritura de la novela nos planteamos dotarle de un origen
completamente racional –desarrollamos gran parte de esa trama alternativa,
finalmente desechada–, pero decidimos obviarlo y mantener ese aire de leyenda
oscura, de ser que habita en la mentalidad colectiva y, en ocasiones, se vuelve
real y ejerce su versión deformada de la justicia.
(A Santiago Eximeno) No hay duda, por su página
web (www.eximeno.com), de la inquietud literaria de Santiago; ¿está embarcado
actualmente en algún proyecto literario y si es así de qué tratan?
Siempre estoy embarcado en nuevos proyectos, es una necesidad que no puedo
controlar. En estos momentos preparo dos antologías de relatos de horror con la
esperanza de verlas publicadas en un futuro próximo, y simultáneamente me he
involucrado en varios proyectos a cuatro manos –uno de ellos de nuevo con David
Jasso, tras Cazador de Mentiras quedamos tan contentos que estábamos deseando
repetir la experiencia– que espero lleguen a buen puerto en los próximos meses.
¿Mienten ustedes mucho? Y, en ese caso, ¿temen
sufrir la venganza del Cazador de Mentiras?
Pues no, somos muy sinceros, y lo prueba esta entrevista, en la que nos hemos
ceñido estrictamente a la verdad. Y sí, tememos que el Cazador de Mentiras
irrumpa en nuestras vidas, y mantendremos ese temor hasta que se inventen
microondas del tamaño adecuado, como comentábamos
antes.
El Cazador de Mentiras no suele ser piadoso con
aquellos que mienten. ¿Existen para ustedes las mentiras piadosas?
Sí. Son necesarias, imprescindibles para la vida. Nos encantan. Es la forma más
sencilla de lograr que alguien diga algo bueno de nosotros. También, por otro
lado, es la forma más sencilla de llamar nuestra atención. Miente y pronto
estaremos a tu lado, envueltos en ceniza.
¿Cuál es su novela de terror
favorita?
Aquí, como es inevitable, discrepamos. Para David es difícil nombrar una, hay
demasiadas pocas entre las que elegir, así que quizás se quedaría con esas
viejas novelitas de a duro, los “bolsilibros” de terror que tan buenos ratos nos
hicieron pasar a ambos. Allí había cientos de universos, de terrores y de
muertes. ¿Qué más se puede pedir? Para Santiago el mejor terror se sirve en
frascos pequeños, por lo que prefiere una antología de relatos de horror, por
ejemplo de Ramsey Campbell, de Clive Barker o de Jack Ketchum, a una novela,
pero si tuviera que escoger una, El sol de medianoche de Ramsey Campbell siempre
tendrá un hueco profundo, como el que dejaría una estaca, en su corazón.
La novela deja abierta la posibilidad de una
continuación, ¿algo que decir al respecto?
Toda buena novela (o película) de terror que se precie ha de dejar una puerta
abierta: es una forma de prolongar el terror más allá de la última página. En
principio no tenemos previsto volver a Certeza para realizar una segunda parte
al uso. Tienen que confluir dos factores para abordar una segunda parte: el
interés de los lectores y la visita de las musas. De todas formas, es muy
probable que cualquiera de los dos retome en algún momento protagonistas
secundarios y/o lugares para nuevas obras. Hemos tomado cariño a los personajes
y en Certeza todavía hay muchas historias por descubrir. En nuestro próximo
trabajo conjunto, con el título provisional de Lo que ves cuando cierras los
ojos, es posible que aparezca algún personaje de forma tangencial o se recorran
parajes conocidos.
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