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ERASE UNA VEZ... EL ESPACIO.La imaginación al servicio de la Pedagogía
José Antonio Del Valle

El fallecimiento la semana pasada a los 88 años de Albert Barillé nos dejó un poco huérfanos a todos los que crecimos durante los años ochenta. De su imaginación surgieron algunas de las series de animación que probablemente más han marcado a nuestra generación, sobre todo por su alcance Erase una vez... el hombre, aunque para los aficionados a la ciencia ficción la serie por la que será recordado sin duda es Erase una vez... el espacio.

Albert Barillè
Hace algún tiempo tuve la suerte de adquirirla en formato VHS y hacer una revisión de las aventuras y personajes que marcaron mi enamoramiento de las ?historias de marcianitos? que diría mi padre. Los que cursaban la EGB a principio de los ochenta sin duda recordarán con cariño a su predecesora Erase una vez... el hombre la cual, creo yo y alguna vez habría que hacer un estudio sobre ello, tiene la culpa de que muchos nos empezáramos a interesar por los libros de Historia. Aquella labor encomiable de Barillé, nos hace suspirar ante la falta en la televisión actual de series con contenidos y calidad comparables que pudiesen competir con los embrutecedores Pokemon y compañía.

En realidad Erase una vez... el Espacio no es más que una continuación de su serie madre, en el sentido de que se van a mantener sus personajes, cierto que un poco más estilizados, y su objetivo principal que no es otro que enseñar. Claro que, de paso, va a introducir a los jóvenes espectadores en la ciencia ficción, y los va a conducir en un paseo por la mayoría de los tópicos del género. Es más, la serie va a aprovechar la versatilidad de la ciencia ficción para no verse constreñida como su antecesora a la mera enseñanza de la Historia.

Erase una vez... el Espacio se produjo en 1981, probablemente amparándose en la moda desencadenada por el tirón de La guerra de las galaxias, que dio series de televisión como Galáctica (1978), Los siete de Blake (1978), o La escoba espacial (1978). Su creación se debe a la productora PROCIDIS, y fue pagada por varias televisiones europeas entre las que se encontraba RTVE. Está escrita y dirigida por Albert Barille, a quien también debemos Erase una vez... el hombre (1978), Erase una vez... la vida (1987), Erase una vez... las Américas (1991), Erase una vez... los descubridores (1994) y Erase una vez... los grandes exploradores (1995). Series todas ellas con el mismo afán de enseñar distrayendo. La parte gráfica la pusieron Jean Barbaud y René Borg, y la música, inspirada siempre en clásicos que quedaron profundamente impresos en nuestras mentes, es de Michel Legrand. En realidad Erase una vez... el Espacio son dos series que en nuestro país se vieron sin solución de continuidad: Una primera de 1981 formada por capítulos básicamente episódicos, es decir, el argumento de uno no se continua en el siguiente aunque ocurran en la misma ambientación y con los mismos personajes principales; y una segunda producida en 1982 donde se nos narra el enfrentamiento final con los robots, que ya se intuía en la primera parte, de manera seriada.

Pedrito, Copito y Kyra.
Los personajes originales, como ya hemos dicho de la serie madre, son las familias de Pedro y Gordo, el Maestro y los infames Tiñoso y Canijo que ponen la parte negativa. Aunque en esta nueva serie predominan la aventuras de la pareja formada por el subteniente Pedrito, hijo del coronel Pedro y la líder de la Confederación de Omega, Flor, y la telépata Kyra (Psi en el original) que junto a Metro o Copito (probablemente el ser más repelente de nuestro universo hasta la llegada de Jar Jar Binx) van a recorrer el espacio en su pequeña nave Libélula. El robot y la telépata son los únicos personajes que no aparecen en Erase una vez... el hombre. Aparte de ellos, están Pequeña Flor, hermana de Pedrito, el comandante Gordo y su hijo Gordito, compañero de Pequeña Flor, y el inefable Maestro, personificación en la primera serie de todos los genios que en la Historia fueron, incluido el inventor de la rueda, y que en este spin-off será profesor de la academia espacial y el miembro más despistado y barbudo de la asamblea de la Confederación. Maestro es probablemente el personaje que más se recuerda de todas las series de Barillé, y el que encarna el objetivo de la obra. De su barba, y del cuerpo metálico de Copito que es como una prolongación del Maestro, van surgiendo inventos y extrañas ideas que nos muestran desde la teoría de la relatividad hasta la historia de los incas, pasando por la distancia a la galaxia Andrómeda. La serie no deja de tener algún fallo desde el punto de vista científico, como el hecho de que parece que los protagonistas viajan lo mismo entre estrellas de la galaxia que entre galaxias sin explicar la diferencia, u otros imperdonables desde el punto de vista astronómico pero que quizás se puedan pasar por alto al tratarse de una serie dirigida a los más pequeños. Por último, en la lista de personajes, están el general Tiñoso, dictador de Casiopea, y su consejero Canijo, que si en Erase una vez... el hombre representaban a todos los ?malos? de la Historia, en Erase una vez... el espacio tratarán constantemente de desestabilizar la Confederación con sus oscuros manejos, aunque al final su amenaza será superada ampliamente por la de los robots.

El universo de Erase una vez... el espacio está repleto de razas alienígenas humanoides o no, desde los casiopeanos de orejas puntiagudas y nariz roja, hasta los habitantes de Andrómeda con sus dos pares de brazos, los grandes simios de Auriga o las poblaciones de termitas gigantes, saurios y bosques inteligentes. En definitiva, podemos encontrar prácticamente representantes de todas las formas de vida que clásicamente han poblado el espacio en la historia de la ciencia ficción, incluidos robots malvados y seres energéticos que ocupan un escalón superior en la evolución.

La nave "Colibrí"
Hay que decir también que la serie cuenta con algunos de los diseños más bellos que conozco en cuanto a la descripción de la tecnología del futuro. Dentro del diseño de las naves espaciales de la serie, son inolvidables las terribles ?Morenas? y ?Nautilus? de los casiopeanos, así como el crucero espacial ?Cosmopolitan? de Omega, todos ellos de una gran originalidad y que quizás tengan una deuda mayor con el cómic de ciencia ficción que con la Sci-Fi televisiva. Curiosamente en una serie para niños no hace un uso excesivo de los personajes exclusivamente para el público infantil, siendo quizás la única excepción el robot Copito. El resto de los contenidos visuales de la serie pueden agradar perfectamente a un ojo adulto, si bien la animación podría haberse mejorado, aunque no podemos olvidar que la serie data de 1981.

El argumento no sería muy original si estuviese destinado al público adulto, en realidad su trama es bastante parecida a la de otras series como Star Trek o el cómic Valerian: Los agentes de la policía espacial de Omega, una colonia terrícola, recorren el universo en busca de mundos inexplorados que unir a la Confederación de Mundos, enfrentándose de paso con las fuerzas del mal, representadas por el estado pseudofascista de Casiopea y los malvados robots. La Confederación de Omega es tan utópica y políticamente correcta como la Federación de Star Trek, e incluso forman parte de ella Casiopea y Andrómeda que, como se verá a lo largo de la serie, no son trigo limpio. El éxito de Erase una vez... el espacio se debe probablemente a que presenta toda esta parafernalia de la Sci-Fi por primera vez a un público no familiarizado con ella. De hecho podemos encontrar referencias en sus capítulos a muchas de las obras y autores más importantes de la ciencia ficción. Así, en el capítulo 6 (La insurrección de los robots) se nos presenta el planeta Leto que, aparte de las resonancias del nombre, es una sociedad calcada de los mundos espaciales de Asimov, donde una gran población de robots, cuyos cerebros son positrónicos y siguen unas ?leyes cibernéticas? (¿les suena?), trabaja para unos pocos humanos. En el mismo capítulo podemos ver vías automóviles para peatones similares a las de Bóveda de acero. Desde el primer capítulo va a tener importancia también una supercivilización misteriosa del tipo de la de 2001, cuyos representantes velarán en muchas ocasiones por la integridad de los protagonistas. Además, para resaltar el toque Star Trek, tenemos episodios en planetas poblados por dioses griegos, incas, plantas, insectos, etc. que son herramientas imprescindibles en la labor pedagógica de la serie; y se permiten cameos como en el episodio 5 (Los cromañones) en el que se muestra una taberna calcada de la de Moss Aisley de La guerra de las galaxias, o las luchas en los episodios 6 y 7 entre Copito y robots a lo Mazinger Z, que no son sino parodias de la animación japonesa que empezaba a imponerse por aquel entonces. También había capítulos dedicados a otros lugares comunes de la ciencia ficción, como el 8 (El largo viaje) en el que se localiza una nave que se lanzó siglos antes del descubrimiento del viaje más rápido que la luz, y que llega hasta Omega para encontrarla poblada por sus descendientes. Incluso hay ideas cogidas tal cual, como la historia del creador de la civilización de los robots, un naufrago espacial que bien podría ser el de La torre de cristal de Silverberg.

No podemos olvidar tampoco el hecho de que Barille, a parte de ser un gran conocedor de la ciencia ficción, debió de frecuentar otro tipo de lecturas, como los libros del suizo Erich Von Däniken, porque en la serie hay muchas referencias a astronautas prehistóricos y misterios como el de las pistas de Nazca, como en el capítulo 7 (El planeta Mitos) o en el 13 (Los incas) que parecen sacados de las páginas de El oro de los dioses, además de referencias a la Atlántida, que sitúa en las islas Canarias y de donde se insinúa que desciende la familia de Kyra.

Con todos estos ingredientes, la serie probablemente no impresione hoy en día a los buenos aficionados a la ciencia ficción, sin embargo no debemos olvidar a quienes estaba dirigida. Los contenidos tanto didácticos como ideológicos son, a mi entender, ideales para los niños. Se da mucho valor a principios como la amistad, la tolerancia y el diálogo que, pese a que hoy son términos repetidos hasta la saciedad por políticos y periodistas, no son demasiado frecuentes en las series de consumo para los más pequeños, donde van prevaleciendo otros valores como la competitividad, el consumismo o la violencia. En suma, estamos hablando de una forma de hacer dibujos animados para niños que hoy prácticamente a pasado a la historia salvo en contadas excepciones.



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