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Entrevista a Alberto López Aroca
Luis de Luis

        Una de las vertientes de la obra literaria de Alberto López Aroca es la dedicada a Sherlock Holmes. Con motivo de la publicación de Sherlock Holmes y los zombies de Camford (Dolmen 2010) y su próxima presentación en Madrid (viernes 21 de enero en la librería Estudio en Escarlata) hemos conversado, largo y tendido, con el autor sobre su larga y fructífera relación como crítico, autor  y lector con el detective consultor.

        En esta primera parte de la conversación, López Aroca habla, sobre su fascinación inicial con el personaje, la creación de ?Estudio en Esmeralda? (su primer ?pastiche?) y la extensión y alteración del Canon.  

 


        En el ?
Post Scriptum? de Nadie lo sabrá nunca (Los Libros de Fábulas Extrañas, 2005) admites, orgullosa y rotundamente: ?Soy un friki de Sherlock Holmes?. ¿Cuándo ?conociste? a Sherlock Holmes? ¿En qué momento te diste cuenta de que la afición ?iba a más? y que te habías convertido, por usar tus palabras, en un ?friki??


        La verdad es que tengo la impresión de haber conocido a Holmes de toda la vida, ¿sabes? Mi padre tenía, junto con sus novelas del Oeste, del El Coyote, de ciencia ficción y demás, un ejemplar de Reaparece Sherlock Holmes de Molino (la edición de 1966, en concreto), y creo que fue el primer Conan Doyle que cayó en mis manos. Recuerdo hojear el libro con fascinación, y cuando vi aquellos monigotillos que aparecían en algunas páginas, pensé: ?¿Pero esto qué es?? . Eran fascinantes; por supuesto se trataba de ?La aventura de los bailarines?, pero yo entonces no lo sabía. También por aquellas fechas (pensemos que debía ser el año 1982 u 83, y yo tenía seis o siete años) se emitió una noche por televisión Asesinato por decreto de Bob Clark, que en mi opinión es la mejor película que se ha hecho sobre el Maestro, y probablemente sobre Jack el Destripador. Esa película me mató, y creo que fue el verdadero desencadenante de mi afición. (Tendría narices que la culpa de todo esto la tuviera un pastiche cinematográfico, ¿verdad?)

        Conseguí que mi hermano Daniel me comprara la edición de Molino de El sabueso de los Baskerville y un Estudio en escarlata de Bruguera (creo que los leí en ese orden). Y ya quedé enganchado, claro.

 
        Creo que fui consciente de ser un ?friki? (aunque yo entonces no habría utilizado esa palabra, porque no existía) cuando empecé a grabar en un radiocasete los audios de la serie de dibujos de Miyazaki, la de
Sherlock Hound, y escuchaba una y otra vez las cintas antes de dormirme. Si lo piensas ahora, cuando tenemos acceso a reproducciones de lo que sea bien a través de Internet, bien  en la tienda de la esquina, y es de locos lo que yo hacía... Pero es que por aquel entonces, las cintas vírgenes de vídeo costaban un riñón, y no olvidemos que yo era un niño. Por aquel entonces mi hermano me regaló Las memorias y El archivo, (también en ediciones de Molino, que se vendían a través del catálogo de Discoplay, nada menos).... Moriarty no era el mismo payasete simpático (¡ja, je, ji, jo, ju!) de la serie de Miyazaki, eso estaba claro...

 
            ¿Cuáles son tus narraciones favoritas del personaje y por qué? Y viceversa, ¿cuáles son las historias que no te gustan y por qué?

 
        Quizá mi favorita sea El sabueso ..., y supongo que se debe a la artimaña literaria de hacer que Holmes desaparezca de la historia al poquito de arrancar la novela. No sabría decirte si es la historia más redonda del Canon, pero sin duda, para mí es la que más encanto tiene, pues posee un puntillo de terror y de aproximación a lo sobrenatural que siempre me ha gustado. Además, aquí queda bien claro que Watson no es ningún panoli, en contra de lo que el mundo del cine se ha empeñado en demostrar durante cien años.

 

        Y luego, claro está, tenemos Estudio en Escarlata, que tiene el mérito de ser la primera historia de Holmes, y cuyo comienzo es un verdadero manual literario de cómo presentar a dos personajes... Por cierto, que me parece curioso que el encuentro en el Hospital de San Bartolomé entre Holmes y Watson sólo se haya llevado a la pantalla (hasta donde yo sé) en la nueva serie de televisión, Sherlock, que tanto gusta a los aficionados.

 

            Mi historia canónica ?menos favorita?, por decirlo de algún modo, es ?El problema del puente de Thor?, porque la resolución con toda esa zarandaja del puente, la pistola y la cuerda y la piedra me parece, sencillamente, una tontería y una mala idea. Personalmente, no me puedo creer que Doyle le dedicara más de cinco minutos al argumento. Eso sí, por otra parte, es en dicho relato donde Watson menciona la existencia de la famosa cajita guardada en la banca Cox & Company de Charing Cross, y los famosos tres casos que Holmes no pudo resolver (el cúter Alicia, James Phillimore, y Persano y el gusano desconocido). Aunque solo fuera por eso el cuento merece la pena, pero por poco más.


        A lo largo de tu carrera literaria has desarrollado (y saciado) tu ?holmesianismo? en tres vertientes: Como crítico y divulgador; como literato y como ensayista sobre diversos aspectos del Canon ...


        Hombre, es que el ?holmesianismo?, como dices tú, tiene muchos niveles literarios: Se puede tratar a Holmes como personaje de ficción, y también como figura histórica, más luego su relación con otros personajes. Podemos hablar del Canon, esto es, de los defectos y virtudes que posee la obra de Conan Doyle. Y luego, desde dentro, partiendo de la base de ?jugar el juego?, esto es, que Sherlock Holmes fue un personaje real, el análisis es muy distinto y mucho más divertido que las superficiales diatribas literarias académicas: Las propuestas para conciliar los problemas y contradicciones de los textos de Watson (las fechas, localizaciones, pasado de los personajes, etc.) dan pie, por supuesto, no sólo a artículos especulativos, sino también a nuevas obras que intentan explicar todas esas contradicciones y conexiones.

 
De hecho, no es raro que los autores se basen en ensayos
sherlockianos previos para realizar sus pastiches: Por ejemplo, Philip José Farmer desarrolló en The Other Log of Phileas Fogg una idea del profesor H.W. Starr, y si tomamos la biografía que escribió William S. Baring-Gould (que podemos tomar como un largo ensayo con ínfulas literarias), nos encontramos con que muchísimos autores pasticheros han tomados estas especulaciones (que por cierto, se basaban en otras muchas especulaciones) para escribir montones y montones de pastiches.

 
Por cierto, que no me parece buena idea tomar a Baring-Gould como ?palabra de Dios?, pues no es el Canon. Pero admito que resulta mucho más cómodo utilizarlo como libro de cabecera, que andar releyendo las sesenta historias oficiales una y otra vez. No obstante, yo recomiendo ir a las fuentes.

 
            A por cadáveres (Los Libros de Fábulas Extrañas, 2003) incluye la novela Estudio en Esmeralda, uno de tus primeros acercamientos al personaje. que reproduce la estructura de la inolvidable Estudio en Escarlata para contar una novela de ciencia ficción...

 
            Es que la estructura de Estudio en Escarlata es muy interesante, pues plantea la vieja idea de la ?historia dentro de la historia?. Aunque bien mirado, en Estudio sucede que no está muy claro cuál es la historia que está dentro y cuál es la que está fuera (me refiero a que en realidad, Doyle realizó un sencillo ejercicio de desordenamiento cronológico), y esa ambigüedad la hace más atractiva. Conozco a varias personas que cuando concluyeron la primera parte de la obra, la del ?Extracto de las memorias de John H. Watson, M.D.?, abandonaron la lectura pues pensaban que el relato había terminado, porque lo que venía detrás era una especie de novela del Oeste.

 

            Mi Estudio en Esmeralda es un homenaje sincero no sólo a Conan Doyle y sus personajes, sino también a esa estructura, que prácticamente calqué punto por punto. Incluso hice algún que otro juego de palabras con los títulos de las partes y los capítulos, si no recuerdo mal... En cuanto al proceso, es una de las pocas obras en las que he trabajado con un esquema previo de capítulos y argumento, y así la pude escribir en diez días de septiembre de 1996, mientras estaba enfermo de varicela... No obstante, el final no estaba previsto, y a mí me parece sorprendente y satisfactorio, la verdad. También es cierto que hace años que no la releo, así que no sé cómo le habrá sentado el paso del tiempo...

 
            En Estudio en Esmeralda el Dr. Watson como un hombre de acción e iniciativa...

 
        En este caso no era ?Watson?, sino ?Walruss?, que en la primera versión de la novela, la que se publicó en dos entregas del fanzine Fábulas Extrañas, tenía un nombre mucho más absurdo e impronunciable (algo así como ?Wok?trupf?, creo). Bien, pues Walruss, como Watson, era un veterano del ejército, un hombre valiente y decidido. Creo que el Watson de Holmes también era así, y eso se transluce constantemente en los textos del Canon, cuando empuña su Webley y se marcha a los bajos fondos con su amigo. Nunca fue un gordito simpático y tontorrón, sino un hombre de mundo, experimentado y supongo que algo viciosillo (lo digo por el juego y las mujeres) aunque, eso sí, honesto y fiel. Mi doctor Walruss también es un poco así, aunque en la novela deja claro que no se anda con chiquitas y tiene cierta tendencia a repartir estopa aquí y allá.


            En
Estudio en Esmeralda también aparece el Profesor Challenger, otro de tus ?personajes fetiche?:..

            Es que Challenger es la otra gran creación de Doyle, y no pude resistirme a realizar una versión ?futurista? o ?cienciaficcionera? del personaje, que en Estudio en Esmeralda se llamaba ?Chaliengger?. Soy un pastichero impenitente, lo admito...

 
Sobre Challenger no hay tantos
pastiches ni de lejos, pero de vez en cuando aparece alguna cosilla: Hay un ?Challenger en el espacio? que no he podido leer, Ralph Vaughan escribió un ?Challenger en las Tierras del Sueño de Lovecraft? y Juan Perucho utilizó el final de El mundo perdido (todo aquello del pterodáctilo suelto en Londres) como base para el inicio de su pastichera novela La Guerra de la Cochinchina. Yo mismo utilicé a Challenger en un relato que se titula ?Los sabios en Salamanca?, en el que los protagonistas son el mismo Challenger y el profesor-doctor Van Helsing. Y luego hay diversos crossovers entre Holmes y el profesor, por supuesto, uno muy antiguo que se titula ?La pisada en el techo?, o algo por el estilo, y varios sobre La Guerra de los Mundos...

            Por cierto, Neil Gaiman te ?copió? el título de Estudio en Esmeralda con ?A Study in Emerald?, su aportación a Sombras sobre Baker Street, el libro colectivo que homenajea a Lovecraft y a Conan Doyle...

             Estoy seguro de que el señor Gaiman jamás ha posado sus ojos sobre A por cadáveres o sobre los dos fanzines donde apareció originalmente mi Estudio en Esmeralda. Es, sin duda alguna, una de esas coincidencias cósmicas que suceden de tanto en tanto. En su momento, cuando pensé en escribir la novela, intenté encontrar un color que sonara a ?scarlet?, que tuviera la misma resonancia, las mismas sílabas, para que el título sonara igual... y la elección inmediata fue ?emerald? (el verde es mi color favorito, por cierto). Lo mismo debió sucederle a Gaiman. Está claro que a todos los tontos nos da por lo mismo...

 
            Por otra parte, el relato de Gaiman (que por cierto, conserva la ?A? de ?A Study...?, cosa que no sucede en mi título) también es un
pastichaco con referencias a otros muchos autores y personajes. Por ahí desfilan Drácula, el doctor Jekyll, los monstruos de Lovecraft, y muchos más. Es una historia breve y excelente, que la recomiendo encarecidamente. Y no lo digo por peloteo ni leches en vinagre. Es la pura verdad.


            Ese tipo de mescolanzas literarias entre dos universos creativos muy definidos y distintos (como en el caso de Sombras sobre Baker Street) además de ser muy polémicas, suelen ser rechazadas por algunos aficionados. Tú no eres de la misma opinión, ya que ejerces de ?woldnewtoniano?...

             Hombre, yo diría que el rechazo, a priori, procede de algunos integristas o fundamentalistas que, por rechazar, rechazan cualquier cosa que no sea el Canon propiamente dicho. Allá cada cual, por supuesto; no seré yo quien le diga a nadie qué tiene y qué no tiene que leer.

             Una prueba de lo que yo digo es que se siguen escribiendo ?crossovers? de Holmes y otros personajes de las más diversas procedencias que no solo se publican, si no que en  algunos casos, hasta tienen buenas cifras de ventas. El caso que mencionas, el de unir Baker Street y los mitos de Cthulhu, encima es que está bastante justificado y ya se ha hecho en varias ocasiones anteriores a la antología que citas: Lovecraft, cuando era niño, montó una agencia de detectives (creo que se llamaba directamente Agencia Sherlock Holmes), un juego de chiquillos, claro. Además, en la obra de Lovecraft se nota cierta influencia de Doyle ?sobre todo, curiosamente, de los relatos de Sherlock Holmes?: los cuentos de terror del Maestro de Providence no tenían como base las ideas sobrenaturales tradicionales (fantasmas, vampiros, hombres lobo, y demás topicazos), sino que su trasfondo era de pura especulación científica, esto es, seres extraterrestres que antaño poblaron la Tierra, y que de vez en cuando regresan gracias al brujo o culto malvado de turno, para darnos un sustito. En mi opinión que Lovecraft era, a su manera, un tipo muy racional. Y no nos olvidemos del punto de intersección entre los mitos de Cthulhu y el Canon sherlockiano: August Derleth y su Solar Pons, el trasunto holmesiano por excelencia. Así que todo esto de las mezclas y tal no me parece tan disparatado. Aunque claro, ¿qué voy a decir yo...?

            Entonces, en tu opinión, ¿qué requisitos y características debe tener un buen pastiche holmesiano?

            En otros tiempos te habría dicho que, para empezar, un buen pastiche tendría que estar escrito por Watson, pues es una voz cálida y cómoda, que suena a cosa familiar, casi como ponerse unas zapatillas viejas. Ahora ya no pienso así.

             Mi amigo Juan García Rodenas escribió hace algunos años el relato La guerra del doctor Watson (incluido en el volumen Antes de Baker Street) y cuando me comentó el proyecto, le recomendé (iba a decir que casi le ordené) que lo escribiera en primera persona, con la pluma del doctor. Y no me hizo ni puñetero caso, e hizo bien, porque el resultado es una obra maestra. Resulta que escribir un pastiche sherlockiano en tercera persona funciona... si el autor es bueno. Y eso sirve para los cruces que decíamos antes.

             Ahora bien, requisitos reales para un buen pastiche de Holmes: Pues creo que el autor debe empaparse bien, y no sólo de la información del Canon, sino del tono, el ambiente, determinada terminología, e incluso el lenguaje de la época. Los autores que escribimos en castellano lo tenemos un poco más difícil, pues tenemos que estar familiarizados con las traducciones tradicionales y en concreto con las expresiones antiguas, para conseguir dar un poco el pego y que la cosa suene a auténtica. Por ejemplo, en castellano, casi todo el mundo hace que Holmes y Watson se traten de usted, cosa que en inglés resulta inapreciable. Y si se hiciera de otro modo, al lector de habla hispana le resultaría extraño, de eso estoy seguro.

             Por lo demás, una buena premisa es procurar ir más allá del original, esto es, no limitarse a contar ?otro caso más?. Esto ha devenido, en muchos casos, en los pastiches revisionistas, esto es, los que alteran o son incompatibles con el Canon.

             Algunos de ellos son excelentes, quizá los mejores pastiches que se hayan escrito nunca (estoy pensando en Elemental, doctor Freud de Meyer, y en Adiós, Sherlock Holmes de Robert Lee Hall, por citar un par de clásicos que a mí me parecen muy buenos), pero no es la línea pastichera que a mí me interesa producir, pues resulta muy fácil decir ?¡Sherlock Holmes era un hombre lobo!?, o ?¡Watson era un marciano de Barsoom!?.

             Me gusta jugar con la posibilidad de esos encuentros disparatados y aventuras inconcebibles para con el Maestro, y que al mismo tiempo sean compatibles con el Canon. Así, yo descarto al Holmes lobo y al Watson marciano.

            Volvamos a Estudio en Escarlata; como todas las novelas de Holmes suelen considerarse ?incluso por fervientes aficionados? de segunda categoría. ¿Qué te parece la novela?

             Pues ya te he dicho antes que es una mis narraciones favoritas, así que... Pero no entiendo eso de ?segunda categoría?. ¿Le pasa algo a la historia? ¿Faltan helicópteros de combate o algo así?

            Una de las ?culpas? que se le achaca a la novela es la inclusión de ?El País de los Santos?; sin embargo, Consuelo Sanchidrián y Sandra Borreguero (las responsables de la reciente edición de Castalia) lo consideran un signo de modernidad narrativa...

             A ver, a ver; ya he dicho que la estructura de la novela me gusta tanto que incluso la repliqué en Estudio en Esmeralda. Dicho esto, debo añadir que la originalidad del asunto es relativa: en cuanto a modernidad y complejidad formal de ?historias dentro de historias?, me remito a clásicos anteriores como La piedra lunar de Wilkie Collins, que es una obra maestra de mucho cuidado y utiliza una estructura parecida, pero más compleja, que la de Estudio en Escarlata. Y la técnica en realidad es mucho más antigua: Échale un vistazo a Don Quijote, o El Conde Lucanor, o incluso al Calila e Dimna, y hablamos...

             Mi teoría, en realidad, es que Conan Doyle quería escribir una novela histórica, y la disfrazó de relato detectivesco. Y si lo piensas bien, es lo que sucede con las cuatro novelas de Sherlock Holmes: El valle del terror remeda punto por punto la estructura de Estudio en Escarlata (entre otras cosas porque le funcionó bien la primera vez), y resulta que es una versión sobre un hecho histórico documentado; El signo de los cuatro se basa en hechos sucedidos años atrás en determinado contexto histórico y El sabueso de los Baskerville hace lo propio con una leyenda del siglo XVIII. Doyle nunca negó su admiración por Walter Scott y, como demuestra su amplia producción, su verdadera vocación era la de escritor de novelas históricas,

            ?El País de los Santos? es, por otra parte, una novela corta excepcional, y una influencia más que evidente en ficciones como la celebérrima Único testigo y El Bosque de M. Night Shalayaman ...

                Y Único testigo... ¿era aquella del niño mormón o amish, en la que salía Harrison Ford? Nunca se me habría ocurrido relacionarla con Estudio en Escarlata, la verdad, pero ahora que lo dices...

            ¿Leeremos alguna vez la recientemente descubierta Angels of Darkness en castellano? La crítica holmesiana lo está utilizando para reinterpretar el Canon; de hecho, la primera mujer del Dr. Watson ha pasado a ser Lucy Ferrier...

                Pues estaría bastante bien que alguien la tradujera, sí. Yo no he tenido ocasión de leerla, pero tengo mucha curiosidad.

                 Ya en 1949, John Dickson Carr había tenido acceso al texto, tal y como se deja entrever en su Life of Sir Arthur Conan Doyle. Creo que Baring-Gould también le echó un vistazo, y lo utilizó para meter en Sherlock Holmes de Baker Street las referencias a una supuesta estancia de Watson en San Francisco, aunque creo que Gould no citaba Angels of Darkness en ninguna parte.

                 Si tomáramos al pie de la letra esta obrita de teatro, que Doyle escribió entre 1889 y 1890, nos meteríamos en un lío de narices, pues no deja de ser una versión teatral ?según he leído por ahí? de algunas partes de Estudio en Escarlata; de ahí la inclusión de Lucy Ferrier.

              Yo, personalmente, no me tomaría todo esto muy en serio, pues me parece que ?canonizar? Angels of Darkness supondría cargarse Estudio en Escarlata, lo cual es un disparate. Pero quizá cambie de opinión cuando tenga acceso a la obra; texto que, dicho sea de paso, el mismo Conan Doyle descartó.

             ¿Qué opinas de una posible revisión del Canon? ¿estás en contra o a favor?

              Últimamente he oído voces que proponen ?revisar el Canon?, esto es, incluir obras de Doyle que no están dentro del Canon tradicional. Estoy hablando de este Angels of Darkness, las dos piececitas costumbristas sobre Baker Street, los relatos El hombre de los relojes y El tren especial desaparecido, y alguna cosita más.

             Yo me declaro abiertamente en contra, pues el Canon ya está bien como está, y si el problema es tener acceso a esas piezas, pues bueno, salvo en el caso de Angels of Darkness, lo demás está casi todo reeditado y conseguible. Estoy en contra de tocar el Canon porque en el pasado, se habló de revisarlo... para recortarlo.

             Muchos críticos, además muy, muy respetables, hablan con ligereza (pero con conocimiento de causa, todo hay que decirlo) de que los últimos volúmenes de relatos no son ?puro Watson?, o ?puro Holmes?, y en muchos casos, llegan a considerarlos apócrifos o meros pastiches perpetrados por Doyle. A mí esto me parece ya excesivo. También se generó, hace muchos años, la polémica de reabrir el Canon cuando apareció ?The Case of the Man Who Was Wanted?, que se atribuyó a Doyle, y luego resultó ser de un tal Whitaker. Imagínate que lo llegan a incluir por las bravas...

           En la recopilación de tus relatos Nadie lo sabrá nunca,(Los libros de Fábulas Extrañas, 2005), se incluye ?El problema de la Pequeña Cliente?, un delicioso cuento escrito muy canónicamente. Es, creo, la única vez que ?tomas la voz? literaria del Dr. Watson con notables resultados).

           Es lo que te decía de calzarse las zapatillas viejas; ?tomar la voz? de Watson es una experiencia que toda persona, y ya no digo escritor ni holmesiano ni nada, debería hacer al menos una vez en la vida.

             ?La pequeña cliente? es un cuento bonito, cierto, pero también es una humorada que no cuadra del todo con el resto de mi producción sherlockiana, precisamente porque da la sensación de que Watson queda al margen de lo que realmente sucede durante el caso, e incluso le da ese aire tontorrón que a mí no me termina de convencer. El título, por cierto, es el mismo que el del primer episodio de la serie de Sherlock Hound que se emitió en España. Un guiño más, como de costumbre.

           Además, con este cuento se da inicio a una constante en tus escritos holmesianos : la búsqueda de una conexión entre el Canon y lo ?outré?.

             Es que esa conexión ya existía en el Canon. ?Lo outré? es la expresión con que Holmes denominaba a sus casos más esperpénticos como, por ejemplo, ?La liga de los pelirrojos?.

             En lo que respecta a  casos verdaderamente outré, o que rozan el mundo de lo oculto, lo paranormal, lo sobrenatural, la criptozoología, etc., hay diversos ejemplos en el Canon, como ?El hombre que reptaba?, así como muchas referencias a  ?Casos Mencionados Pero No Contados?: Phillimore, la Sanguijuela Roja, la Rata de Sumatra, y un largo etcétera.

             En mi opinión, ?La pequeña cliente? se acerca mucho a lo outré, pero se aleja demasiado del Canon... Si hubiera de existir un ?Canon Sherlockiano de Alberto López Aroca?, ese relato quedaría fuera de cronologías, como una ?historia imaginaria?.

            En ?La Pequeña Cliente? recuperas a la sinpar Mary Poppins, ese maravilloso (y desconocido) personaje; desfigurado por la, por otra parte excelente, versión Disney ...

            En su día, cuando empecé a escribir el relato, me estuve informándome acerca de Pamela Lee Travers, la creadora de Mary Poppins, y descubrí que se le atribuían ciertos contactos con satanistas, nada menos... Al parecer, conoció a Gurdjieff en 1938, y estaba interesada en el ocultismo y esas cositas tan curiosas... Me llamó la atención de que un personajillo tan simpático como la niñera buena y mágica pudiera tener un trasfondo mucho más siniestro que el de la versión Disney...

             Me sentí tentado de tirar por ese camino en el relato ?habría sido interesante presentar a Mary Poppins como una versión moderna de la bruja Baba Yaga, y quizás lo haga alguna vez?, pero al final decidí ser algo más simpático y aprovecharme de la bondad de corazón de los sherlockianos...

         De vez en cuando, hay que dejar a un lado las torturas, crímenes y desmembramientos, y arrancarle al público una sonrisilla.

            El cuento iba a formar parte de una antología holmesiana coordinada y editada por ti ...

             La antología fue uno de esos proyectos que no llegó a fraguar del todo. El título previsto iba a ser Cox & Company, por aquello de la cajita de Watson. Y se escribió cierta cantidad de material: Había una novela de mi amigo Francisco Alfaro Tercero, en tres partes, y protagonizada por Holmes y por una versión decimonónica del cazador de psicópatas Rafael Núñez (uno de mis personajes) titulada se titulaba El peor amigo de Sherlock Holmes . Era un texto muy, muy revisionista ?demasiado, quizás? y bastante disparatado, que a mí me gustó mucho. También contaba con El crimen protector , un pequeño poemario de Julián Cañizares Mata, (escrito después de ver Grupo salvaje de Pekinpah, ¡agárrate a las mantas!) y, si no me equivoco, los dos relatos holmesianos de Juan García Rodenas, el ya citado de ?La guerra del doctor Watson? y ?La aventura del magnicidio resuelto?, ambos publicados en el volumen Antes de Baker Street. La idea era, además, incluir los pastiches en castellano que andan por ahí sueltos: el de Juan Perucho, el de Torrente Ballester, el de Néstor Luján, el poema de Borges... la cosa al final no cuajó. Aunque no me importaría retomar el proyecto si tuviera a algún editor que me respaldase. En fin, tiempo al tiempo...

            También incluyes en Nadie lo sabrá nunca dos relatos (?La extraña colección de Sebastián Morán? y ?El candor del Padre Hacha?) ambientados en la España actual y pertenecientes a la serie de otro de tus personajes, Rafael Núñez, el cazador de psicópatas, en los que rindes un nada disimulado homenaje a otro de tus personajes favoritos del Canon: el coronel Sebastian Moran...

             Bueno, es que Rafael Núñez nació como una versión actualizada de Sherlock Holmes, y no es extraño que en su primer relato oficial recurriera al nombre del viejo shikari, el coronel Moran, que en efecto, es uno de mis favoritos, sí. Un guiño más, para mi colección de homenajes.

            ?¿Cree usted que el señor James Phillimore pudo salir de su casa volando? ? me dijo Sherlock Holmes una mañana de abril...? es la frase con la que inicias ?La Pequeña Cliente?; y habrá que retroceder y acudir a Los Espectros Conjurados (Biblioteca Baskerville, 2004), tu libro, en mi opinión, más personal y reflexivo o meditabundo, en el que se incluye el ensayo El caso del paraguas olvidado en el que sigues el rastro del paraguas a través de la literatura holmesiana para acabar en ¡Nietzsche! Y en la promesa de una narración que lo aclare (o enrede) todo...

         Vaya, no recuerdo haber prometido nada... tendré que mirarme el libro, a ver qué disparates dije... Pero sí, aquello parece que llevaba a Nietzsche, y era por una referencia en Espolones, un libro del filósofo Jacques Derridá, ¿no?

            Y si, tengo en mente al señor James Phillimore, estoy trabajando en un proyecto de cómic con Luis Miguez, El ídolo de roca negra, donde aparece nuestro señor Phillimore... la cosa va despacio, porque ahora voy muy justo de tiempo y horarios... Si quieres una pista, échale un vistazo a la cubierta, precisamente, de Los Espectros Conjurados, que tiene un interesantísimo dibujo de mi gran amigo Sergio Bleda... El tipo al que retrata es Phillimore, por supuesto.

            En 2006 publicas Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs, un delicioso cuadernillo cosido a mano con una contraportada que reproduce el ?Agony Column? de los periódicos de la época con el que da la impresión que te das ?el gustazo? de incluir anuncios irresistiblemente canónicos:?Libros de ocasión El Viejo Raro?, ?Viaje a Oriente con Sigerson, notable explorador noruego?, ?Extraviado cachorro de dogo. Se asusta ante el sonido de violines?.

         Los anuncios fueron lo más divertido de todo, sin duda. Creo que casi todos hacían referencia a los diversos disfraces que Holmes utiliza en el Canon, no creo que estén todos, pero casi... por cierto, sobre los diversos personajes que Holmes encarna en el Canon, hay un estudio muy interesante de Marvin Kaye.

             El Cuaderno... fue un experimento que nació cuando cayeron en mis manos cuatro ejemplares de la serie original- la de los años 40 - del Baker Street Journal. Esos libritos son la cosa más bonita que he visto en mi vida, y los estudios holmesianos que recogen representan el más puro espíritu sherlockiano.

             Así, el Cuaderno... está realizado a imitación (pobre imitación) de aquellos volúmenes, y me lo autoedité en plan ?yo me lo guiso, yo me lo como?, porque tampoco se me ocurrió que a ningún editor le fuera a interesar. El aspecto artesanal es un capricho, para darle un poco de encanto al volumen... y creo que lo tiene, ¿no?

             El primer volumen recoge las primeras entradas de mi blog (más algún inédito), y resultó sorprendente encontrarme con que los sherlockianos estaban encantados de adquirir un producto que, en realidad, ya estaba casi todo disponible en la Red de Redes. Fue una experiencia muy gratificante, y la verdad es que me gustaría ver más productos como ese en las tiendas, especializadas o no.

            El Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs es toda una declaración de principios de tu militancia en la corriente literaria llamada ?Mitología creativa?.

         Es curioso que digas eso, cuando en realidad quería ser una declaración de principios sherlockiana, y un homenaje a los Irregulares norteamericanos que fundaros el BSJ. Aunque también es verdad que fueron ellos los que sentaron las bases de la mitología creativa moderna al introducir en el campo de la especulación sherlockiana a personajes externos al Canon, como Drácula, Tarzán, El Prisionero, y otros muchos. Philip José Farmer (quien acuñó el término mitología creativa) retomó muchos de esos conceptos para construir el Universo Wold Newton, y los desarrolló hasta extremos que rozaban la locura... Una maravilla, aquello.

        En el libro abordas el problemático (des)encuentro de Jack el Destripador (o el Salsitas) con el detective consultor y reivindicas tanto las tesis mantenidas por la extraordinaria Asesinato por Decreto y From Hell de Alan Moore (otra de tus grandes influencias), como una verídica (y documentada) teoría...

         Es que las teorías de Asesinato por decreto y From Hell parten ambas del libro de Jack Knight, The Final Solution (título que tiene reminiscencias sherlockianas, por cierto). Y aunque la obra de Knight se pierde un poco, en mi opinión demuestra que sí que hubo conspiración, y que la Casa Real británica estuvo metida en el ajo. Me consta que, posteriormente, se ha intentado desacreditar el trabajo de Knight, pero a mí eso me suena a cuerno quemado, para qué te voy a decir otra cosa...

        Y también te diré que si Sherlock Holmes intervino en el asunto del Destripador, lo hizo de un modo muy parecido a como se refleja en Asesinato por decreto, eso también lo tengo claro.

        Por cierto, la pareja Christopher Plummer y James Mason son unos extraordinarios detective y doctor...

         Son los mejores, y punto. Así lo veo yo.

        El lector del Cuaderno... se enterará también de la relación ?y actividades? de los agentes del Club Diógenes entre quienes se incluye a Charlie Marlow (el protagonista de varias novelas del gran Joseph Conrad, entre otras, la excepcional El Corazón de las Tinieblas), que es sujeto de una carta de Fu Manchú a Mycroft Holmes...

             Ahí sí que entré de lleno en mi vena mitográfico creativa, aunque creo que en los tres casos que menciono (Marlow, Peachey Carnehan y Daniel Dravot ?de Kipling? y John Clayton ?el padre de Tarzán?) la cosa está bastante bien justificada, ¿verdad?

        La carta de Fu Manchú es una de esas humoradas negras que tanto me gustan, sí. Me encanta el personaje, que por cierto, está basado en un individuo real, un criminal que estuvo en activo en París hacia 1906, un tal Hanoi Shan, que se hacía llamar L?Aragne (La Araña). Sin embargo, las novelas de Sax Rohmer no me agradan demasiado: consiguió crear un icono inmortal, un súper villano, heredero de Moriarty, pero los relatos originales a mí no me enganchan. Aunque hay que admitir que Cay Van Ash hizo un trabajo estupendo en su Ten Years Beyond Baker Street, que aquí se tituló Sherlock Holmes contra Fu Manchú. Alguien debería reeditar ese pastiche.

            En 2007 publicas Sherlock Holmes y lo Outré, un nuevo cuadernillo al estilo del Cuaderno de bitácora..., en el que reúnes ensayos aún más sugerentes y vuelves a explorar la conexión outré del Canon

 Sencillamente, quería hacer otro volumen, pues tenía un puñado de ideas sobre diversas conexiones canónicas con temas bastante outré. Creo que es un volumen bastante aparente, y del que tengo pensado realizar alguna que otra continuación. Aunque ya veremos...

        Me parece extraordinario cómo desarrollas el verosímil vampirismo de Lady Frances Carfax y su encuentro con el mismísimo Conde Drácula...

         Pues muchas gracias, a mí también me gusta cómo quedó aquella piececita sherlockiana. La pista estaba en un ensayo de Kelvin I. Jones que a estas alturas aún no he podido leer, The Carfax Syndrome. Al releer ?La desaparición de Lady Frances Carfax? y encontrar detalles tan sugerentes como el entierro en vida de una dama, pues en fin, las conexiones se hicieron más y más evidentes con el vampirismo. Las fechas cuadraban, y estaba la referencia al ?Viejo Abrahams?, que evocaba la figura del doctor Abraham Van Helsing.

        De hecho, yo casi me atrevería a pensar que Doyle acababa de leer (o releer) la novela de Stoker cuando escribió su relato... aunque esto está más allá de toda demostración, claro.

        También explicas los porqués del gusano de Isadora Persano, hilvanando las obras de autores tan (sólo en principio) dispares como Philip José Farmer (otro de tus maestros) o C.C. Beck (el autor de los deliciosos cómics del Capitán Marvel o Shazam).

         Es que el misterio del ?gusano desconocido para la ciencia? es, probablemente, mi favorito, y ha despertado la imaginación de montones de autores. Las referencias en la obra de Farmer son explícitas (en Escape de Loki y en ?El problema del puente dolorido?), y lo de C.C. Beck y su Mr. Mind, el gusano inteligente de Venus, era, sinceramente, demasiado bueno como para dejarlo pasar.

Estos dos autores, a su manera, poseen el espíritu literario o narrativo o creativo o llámalo que mejor te parezca, que a mí me interesa: el de la ausencia de prejuicios. Me maravilla la naturalidad ?que no ingenuidad, como se empeñan en subrayar algunos? con que Beck trazaba sus historias. ¿Un gusano extraterrestre parlante? ¡Pues claro que sí! Y Farmer... bueno, Farmer nunca tuvo problemas en cruzar los caminos de Holmes y Tarzán, por ejemplo... y con naturalidad, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Cuando uno trabaja en el terreno de la ficción, puede permitirse el lujo de utilizar a personajes más o menos ?terrenales? y especular sobre lo que sucedería si se encontraran con problemas ya no diré sobrenaturales, sino aparentemente absurdos y disparatados... El caso del gusano, una auténtica ?historia no contada por Watson?, es uno de ellos.

Aunque nada iguala en disfrute e imaginación al maravilloso texto  que titulas ?Algunos derivados de alquitrán?, un apócrifo veraz en el que coinciden Thomas Carnacki y Sherlock Holmes para desvelar a ?Los pitufos negros? de Peyo (extraordinaria obra del cómic europeo antes de ser desfigurado por ñoñerías y merchandising).

         Por ahí, por ahí iba yo, ¿sabes? Decía Alan Moore en alguna parte que ?si algo es impensable, escríbelo?. ¿Los Pitufos conocen a Sherlock Holmes? ¡Había que hacerlo, leches! Y como tú dices, el resultado yo creo que es bueno y no resulta tan chirriante como podría haber parecido a priori.

         Y es que los Pitufos son lo mejor del mundo, ya te lo digo yo. Para aquellos que no se han acercado a los álbumes originales de Peyo y Delporte, los Pitufos son unos enanitos ñoños, como tú dices, que cantan bakalao en los discos de ?Lo mejor del verano?... y eso en el mejor de los casos. En realidad, aquellos primeros álbumes estaban compuestos con unas dosis de maldad sibilina que harían temblar a nuestros modernos censores, amigos de los ?polícamente correcto?.

         ?Los pitufos negros? es una historia de zombis (o de vampiros) que da verdadero pavor, la historia de ?La pitufita?, si la leyeran algunos de nuestros políticos, acabaría en la hoguera por su incorrección, su sinceridad y su mala virgen, y ?El pitufísimo?... bueno, ?El pitufísimo? es un V de Vendetta para niños, ¿sabes? No he visto otro análisis mejor de cómo funciona una democracia ?que es inevitablemente corrupta y está abocada al fracaso?, y cómo de ahí se llega a la tiranía y al fascismo.

         ?El pitufísimo? comienza cuando el Gran Pitufo se marcha de la aldea para hacer un viaje y les pide a los pitufos que ellos mismos se organicen durante su ausencia. Los pitufos deciden hacer elecciones para ver quién se queda de jefe. Y claro, a la primera vuelta, todo el mundo se ha votado a sí mismo. Entonces, cuando se vuelven a convocar elecciones, un pitufo (yo lo llamaría ?el pitufo cabroncete?) decide realizar promesas electorales a cambio de votos... y gana. Y cuando, como nuevo jefe, comienza a incumplir sus promesas, los pitufos se mosquean y envían al ?pitufo fuertote? para que le dé una buena paliza. Esa es una gran escena: El pitufo fuertote entra en casa del pitufísimo, y todos esperan, expectantes, a ver qué ha sucedido. Entonces, la puerta se abre, y aparece el pitufo fuertote y el pitufísimo, que dice: ?Os presento a mi jefe de policía?.

Alucinante...

         Por cierto, en el Cuaderno anuncias la publicación de Sherlock Holmes y el Ojo en el Laberinto. ¿Qué nos puedes contar de este proyecto?

         Pues que llevo escribiéndolo desde 1996, que está casi terminado, y que espero que salga a la luz más pronto que tarde. Es un ?Sherlock Holmes y los Mitos de Cthulhu?, narrado, por cierto, con la voz de un Watson más auténtico que nunca. Lo llevaba muy bien encaminado hace unos años, pero coincidió que por esas fechas salió a la venta la excelente novela de Rodolfo Martínez Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, y me dije: ?Mejor te esperas a terminarla en otro momento?, porque si la movía por editoriales, no quería caer en agravios comparativos ni rollos raros. Así que, quizá ahora sea el momento de ponerle un punto y final y sacarla al público. Creo que es el Holmes más Holmes que he escrito nunca.

 
?Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs? da nombre a  tu página (http://sherlockholmes.lacoctelera.net), donde ejerces, desde 2006 , el holmesianismo en la red, y  en la que abordas temas tan variados como la relación entre Pinocho y Sherlock Holmes (que también trata Jaume Gabaldá en sus Novísimas Aventuras de Sherlock Holmes publicadas en el Jezail Bulletin del Círculo Holmes); la recuperación de Rancho Drácula ?un olvidado western de González Ledesma? o despliegas tu faceta de ?cartoonist? victoriano con los Steamgags...

         Mi blog es donde mis ensayos sherlockianos y mitográfico creativos tienen un espacio donde caer muertos. Y la verdad es que no funciona del todo mal. Desde que lo fundé, hace ya años, la cosa ha tenido sus altibajos, sobre todo porque no siempre puede uno tener la producción que desearía, pero en fin...

        No sabía que Jaume Gabaldá había escrito sobre Pinocho y Holmes, me gustaría mucho ver ese trabajo... Y con respecto a cosas como la recuperación de Rancho Drácula y otros aspectos, pues bueno, ya ves que al final, el Cuaderno de bitácora se ha convertido en una especie de cajón de sastre para todos mis caprichos y para airear cositas que no podrían ver la luz de otro modo... y también para publicitar mis trabajos y los de mis amigos, claro.

            El pasado verano publicas Candy City con la editorial Ilarión, una novela-homenaje sin remilgos al gran Jim Thompson, narrada con el descaro, crudeza y sarcasmo del gran autor estadounidense y que, ambientado en una ?boom town? estadounidense de principios del siglo XX, narra las actividades de la mafia primeriza desde la perspectiva de un sicario...

        Y te olvidas de mencionar las fantásticas ilustraciones y la portada de Sergio Bleda, que son acojonantes.

     Pero bueno, Candy City es un ejemplo de que ?no sólo de Sherlock vive el hombre?, y que mis intereses literarios van más allá de Baker Street. Como debe ser.

         Es una novelita dura, y escribirla me llevó más tiempo del previsto. Pero la verdad es que no para de darme alegrías. Considero que es un buen trabajo, y como homenaje no sólo funciona para Thompson, sino también para Hammett, para Donald Westlake, y para los clásicos de la serie negra que a mí más me interesan. No es una novela policíaca o negra al uso, sino una cosa un poco distinta...

        En la novela rescatas a Fred Porlock, uno de los más enigmáticos personajes del Canon, como un implacable ejecutor...

         Es que, aunque no sea una obra sherlockiana, no pude resistirme a meter alguna referencia canónica. De hecho, Porlock es mi personaje favorito en Candy City.

        La identidad de Fred Porlock es uno de los problemas más debatidos del Canon. Se ha argumentado que es uno de los tres hermanos Moriarty, Watson, un esbirro innominado o, incluso, ¡la propia Sra Hudson! ¿Cuál es tu opinión?

         Hay incluso más teorías. Al principio de los tiempos, Ronald Knox hablaba de Mycroft, y... Ahora que lo pienso, empecé a escribir un articulillo sobre el tema, e intenté reunir las diversas teorías. En la lista de ?sospechosos? también estaba la señora Forrester, el mismísimo coronel Moran, y hasta Arthur Conan Doyle, no te lo pierdas... Cualquier día de estos dirán que Porlock era Toby, el sabueso al que Holmes recurría de vez en cuando.

         Yo creo que Porlock era el mismo tipo que aparece en Candy City, una especie de entidad que roza lo sobrenatural, y que anda entrando y saliendo de imperios criminales como Pedro por su casa.

         En cualquier caso, nunca sabremos la verdad... si es que hay una verdad, claro.

        El personaje de Fred Porlock procede de El Valle del Miedo, una novela injustamente olvidada o ignorada  que, en mi opinión, que es una de las grandes aportaciones del Canon. Es una novela ?pulp?, una novela negra antes de que esos términos existieran. El argumento que cuenta de un infiltrado en una organización mafiosa (la segunda parte de la novela) es Hammett antes de Hammett; la resolución del caso por miembros de varias fuerzas policiales es un ?police procedural? mucho (pero que mucho) antes de que se inventase el término...

         ¿Y qué quieres que te diga? Pues tienes toda la razón del mundo, claro que sí. Conan Doyle no sólo se inventó el relato detectivesco moderno, sino que también inventó ?o fue precursor? de la serie negra o del relato policial, casi del criminal. En Estados Unidos se reeditó recientemente ?El valle del terror? dentro de la colección HardCase, donde están rescatando cosas de Westlake, Himes, y otros muchos autores de la serie negra más dura.

         Los críticos ?serios? no han tenido nunca en gran estima a Conan Doyle, supongo que por culpa de Sherlock Holmes, o porque no han leído el Canon, o porque están demasiado ocupados sacándose las pelotillas del ombligo. Doyle inventó todo esto, y también la novela de aventuras y fantástica moderna (piensa en la ejemplaridad de El mundo perdido, y en todas la imitaciones que ha tenido detrás), y aunque no soy un experto en el terreno, creo que su concepto de ?novela histórica? también iba un paso por delante de sus contemporáneos y se aproxima más al modo en que hoy día se hacen este tipo de obras.

         Umberto Eco le rindió homenaje, y también George MacDonald Fraser, y Stephen King, y Alan Moore, y Neil Gaiman... Los más grandes han leído a Doyle, y le han rendido tributo de un modo u otro, porque es una influencia ineludible para cualquier autor. Eso, a estas alturas, debería significar algo. Pero sigue sin tener el reconocimiento que merece.

         Por otra parte, ¿a quién coño le importa que la crítica académica lo reconozca? A mí, por lo menos, no. Y supongo que en el fondo, Conan Doyle se limpiaría las lágrimas con libras y dólares...

        La segunda parte de la novela ? basada en hechos reales - se filmó  como Odio en las entrañas (The Molly McGuires, 1969) una extraordinaria película, con unos gigantescos Sean Connery y Richard Harris, hoy olvidada...

         Si, la historia de los Chirrioneros (Scowrers) de El valle del miedo está basada en la historia real de los Molly McGuires,. De hecho, el personaje real ?que tiene su equivalente holmesiano en Edwards ?El Pajarraco?? aparece en la serie de novelas de El Mundo del Río de Philip José Farmer como un maestro del espionaje y la infiltración. Y sí, la película es una obra maestra. Y eso que hace tiempo que no la veo...

         Apenas faltaban unos días para agotar 2010 y publicas, con la editorial Dolmen, tu primera novela dedicada al detective consultor, Sherlock Holmes y los zombies de Camford. ¿Cómo nace la novela? ¿Cómo fue su proceso de creación?

            Pues fue una propuesta que Jorge Iván Argiz, director de la Línea Z de Dolmen, me realizó durante el pasado julio, en la Semana Negra de Gijón. Estábamos hablando con Jesús Palacios, y Jorge Iván me dijo: ?¿Tú escribirías un Sherlock Holmes Z?? Y a mí aquello me pareció un disparate, así, en frío. No sabía si tomarme aquello en serio, y así lo expliqué. Y debo decir que fue Jesús el que me convenció con argumentos de peso, yo diría que bastante irrefutables, como la frase ?¡hay que matar a la gallina de los huevos de oro!?, entre otras cosas.

             Lo que yo no quería de ningún modo era hacer una revisión de algún texto canónico, como esas cosas que se hacen ahora con Orgullo y prejucio, por ejemplo, que respetan el texto original y le meten zombis, y hala, a vender. Eso no me interesa en absoluto. Pero los zombis eran una excusa tan buena como cualquier otra para contar un caso de Sherlock Holmes  y el reto de reunir a Holmes con los zombis sin hacer una cosa obvia (?Moriarty monta un ejército de zombis?) me convenció.

         Además, tener un contrato firmado hace que las cosas sean más fáciles, eso tenlo por seguro. Incluso diría que en algunas ocasiones, es lo que lo hace factible el proceso creativo que consistió, como en tantas otras ocasiones, en sentarme delante del ordenador y escribir y fumar como si me fuera la vida en ello. Y ya está.

            ¿No temes que la palabra ?zombis? eche a los lectores para atrás? ¿Que lo identifiquen con entretenimiento barato?

         Los lectores pueden pensar lo que mejor les plazca, la verdad. Y lo de barato, si echas un vistazo al precio de los libros en cualquier tienda, verás que eso es muy relativo...

         Al margen de esto, creo firmemente en el entretenimiento, que es el objetivo último de leer: pasar un buen rato (como el sexo con condón, como diría mi amigo Sergio Bleda). La gente no va al cine para que le enseñen gramática, historia del arte o la teoría de cuerdas, sino para que le cuenten una historia. El concepto de que la literatura debería ser, de forma sistemática, didáctica, me parece aborrecible, insultante y perversa, propia de dinosaurios que deberían estar extinguidos. Leer es un proceso intelectual que requiere un esfuerzo notable y voluntario, y debe ser premiado con la obtención de algún tipo de placer, por retorcido que sea ese placer. Es lo que sucede con las ?lecturas obligatorias? de los actuales planes de enseñanza...

             Vamos a ver, ¿qué cojones es eso de ?lectura obligatoria?? Por esa regla de tres, quizá tendría que haber también ?visitas al bar obligatorias?, o ?merendolas obligatorias?, o lo que sea. Mira, el esfuerzo de leer, el proceso de la lectura, ya genera bastantes beneficios por sí mismo, nuevos enlaces sinápticos en el cerebro, e insisto, si lo que lees te agrada ?aunque sea la lista de la compra?, llega al centro del placer del cerebro y da gustito. A los chavales no se les muestra eso, sino que les enseñan que leer es un coñazo insufrible... porque si no, no sería obligatorio, ¿verdad?

             Con respecto a los zombis del título de mi novela, veamos, ¿estaríamos hablando de una novela más seria si se titulara ?Sherlock Holmes y la heterogeneidad del ser?, o bien ?Aprenda tópicos victorianos con Sherlock Holmes?? ¿O simplemente parecería mucho más peñazo y menos atractiva que Sherlock Holmes y los zombis de Camford?

         Te garantizo que si una obra, literaria o no, consigue entretenerme y hacerme pasar unas horas agradables, el precio me habrá parecido justo. Incluso barato, si me apuras.

        ¿Por qué crees que los zombis han resurgido como personajes de la novela popular?

        Pues no tengo ni idea. Hay un montón de explicaciones psicológicas que relacionan la figura deshumanizada del zombi con los tiempos que corren y tal, y seguro que son ciertas, pero yo ni me lo planteo. Supongo que sí, que el zombi (el muerto viviente de Romero, ojo) es el monstruo de nuestra época, y ha conseguido conectar con las generaciones más jóvenes a través del cine. Esto retroalimenta a otras industrias, como la de los vídeo-juegos, o la literatura, que se está volcando mucho en este subgénero de terror. Al tiempo, hay que añadir que hay buenos autores haciendo buenos trabajos; yo leí hace unos años Mi vida entre los muertos, del francés Serge Brussolo, y me gustó mucho, y sin duda la magistral Guerra Mundial Z de Max Brooks también ha tenido mucho que ver en todo esto.

         La duda que a mí me queda es si los zombis han venido para quedarse, o si son una moda pasajera que se está prolongando más de la cuenta. Yo apuesto por lo primero, no por nada, sino porque creo que el zombi ya se ha establecido como icono monstruoso. O lo que es lo mismo: que si hay que hacer un crossover de Drácula, la Momia, el monstruo de Frankenstein y el Hombre Lobo, ya hay que incluir también al Zombi en la historia (o la horda de zombis, en su defecto).

            La novela tiene una honda raíz canónica, tomas como punto de partida el argumento y los personajes de ese enigmático, triste, crispado e inquietante relato que es ?El hombre que reptaba?, que ya llevaba tiempo rondándote por la cabeza...

             ?El hombre que reptaba?es uno de los dos relatos de ciencia ficción pura y dura que aparecen en el Canon (el otro, por si alguien tiene dudas, es ?La aventura del pie del diablo?). Estuve examinando los textos canónicos en busca de referencias a zombis, a vudú, o lo que fuera, y localicé en ?El pabellón Wisteria? la cita del falso libro de Eckerman, El vuduismo y las religiones negroides, y en principio pensé que iba a tirar por ahí. Pero después de pensarlo un poco, opté por ?El hombre que reptaba?, que como dices, siempre me ha rondado la cabeza un poco.

            Y es que la historia de un ?elixir rejuvenecedor? es tan sumamente atractiva, y al tiempo, tan poco holmesiana... Sé que muchos críticos ?duros? consideran ?El hombre que reptaba? poco menos que un agravio, un chistecillo sherlockiano que no cuadra con el Canon. A mí me parece que es todo lo contrario: más allá de todas las referencias outré de casos no contados, este relato abre las puertas de Baker Street a planteamientos y argumentos fantásticos, y hace que la relación entre Holmes y, digamos, el profesor Challenger, sea mucho más cercana.

             Es una historia que podríamos definir como bizarra, casi psicotrónica, y lleva implícitas un montón de connotaciones sexuales, pues el elixir no sólo rejuvenece, sino que ?vigoriza?, como se muestra en el relato. Para mí, ?El hombre que reptaba?, uno de los últimos textos canónicos de Doyle, fue un intento de llevar a Sherlock Holmes al territorio de lo desconocido.

            La narración es en primera persona, pero no utilizas a Watson sino a Otis Mercer (un ex presidario y sabueso a sueldo de Sherlock Holmes) para contarla.

             Watson no es el narrador más apropiado para dar detalles escatológicos, obscenos, o sencillamente desagradables. Y en una historia de zombis suele haber mutilaciones, desmembramientos, canibalismo, y lindezas que un autor como Watson le ahorraría al público. Y yo no quería eso, sino a un narrador victoriano que no tuviera tantos prejuicios y pudiera ser algo más explícito. De ahí la elección de un hombre de la calle como Mercer, que hace una velada aparición en ?El hombre que reptaba?. Además, si Mercer le fue útil a Sherlock Holmes durante la ausencia del doctor Watson, ¿por qué no habría de servirme a mí?

            Las posibilidades que desarrolla el argumento, que gira sobre la mutación genética y las creencias sobre cómo la ciencia puede vencer a la muerte, ya se planteaban en el relato de Conan Doyle (digo, del Dr. Watson). Tu novela las exprime y las lleva a las últimas consecuencias basándose (en el mejor estilo woldnewtoniano) en las investigaciones de los doctores Moreau y Jekyll...

             En realidad tampoco queda muy claro ese aspecto, me refiero a la implicación de los doctores de Wells y Stevenson. De hecho, el verdadero responsable de todo el asunto es H. Lowenstein, a quien conocimos en ?El hombre que reptaba?. Y ya ves lo que sucede al final... (Mejor no lo destripamos, ¿verdad?)

         Me gustaba la idea de explicar las implicaciones que tenía el suero del langur de Lowenstein, un tema que, al ser un tanto cienciaficcionero, los sherlockianos han dejado bastante de lado tradicionalmente. Esto es algo que me sorprende, pues al tratarse de un elemento ?no real?, cualquier autor podría explayarse buscando explicaciones de todo tipo. Al menos yo me he dado el gusto... y aún así, he dejado unas cuantas lagunas.

            Además, en la novela desarrollas esas relaciones personales, atroces y ocultas que laten en el Canon y que, pudorosa y elegantemente, el doctor Watson nos ocultaba (matrimonios por interés, con edades desiguales, incestos...)

         Claro, claro; de ahí lo que te decía del narrador: Necesitaba a alguien con bemoles para decir las cosas con todas sus letras, alguien como Otis Mercer. En el Canon hay montones de detallitos que uno puede leer entre líneas, verdaderas monstruosidades que podemos intuir aquí y allá: Te recomiendo una relectura en clave ?obscena? de ?Las Hayas Cobrizas?, por ejemplo, que ya es un relato bastante fuerte por sí mismo, y descubrirás muchas cosas extrañas aquí y allá, y lo mismo te digo del asunto de ?Lady Frances Carfax?, que antes comentábamos... Warren Ellis, por ejemplo, realizó una adaptación al cómic, fidelísima, de ?El vampiro de Sussex?. Pero hay un par de viñetas al final, donde Sherlock Holmes explica qué recomienda hacer con el jovencito, y las imágenes dan una idea bastante clara de a qué me estoy refiriendo. El texto es, literalmente, el del cuento del Canon, pero las imágenes dan una interpretación muy distinta de las palabras de Holmes...

         La acción de la novela es trepidante y su tiempo se desarrolla en poco más de un día muy largo y en un escenario cerrado (la Universidad de Camford) la estructura y prosa de la novela transmiten al lector una (imprescindible) sensación de agobio y claustrofobia....

             La claustrofobia y el agobio pueden proceder de las muchas horas que he tenido que estar sentado delante del ordenador, casi sin descanso y en una atmósfera irrespirable, en el más puro estilo Baker Street.

         ¿Qué problemas y retos te planteó la novela?

         Lo más jodido fue intentar comprender cómo diablos funcionan las universidades inglesas. A mí me pasa como a Mercer, que no tengo ni idea de esas cosas. El sistema de Oxford y Cambridge es un lío de mil demonios, y a día de hoy, sigo sin terminar de entender todo ese complejo entramado de colegios, departamentos, rectorados...

             También resulta complicado representar determinados conceptos actuales que, en teoría, eran desconocidos para la época. Por ejemplo, el helicoche de Seth Pride: tenía que describirlo, pero no podía decir en ningún momento ?bueno, pues es como un helicóptero?. Eso habría sido lo fácil... y también habría sido incorrecto, pues en ese momento histórico, no existían los helicópteros. Lo mismo sucede con nuestro concepto moderno de ?zombi? o ?muerto viviente?: En las obras actuales, se asume que todos los personajes han visto la película de Romero, y saben lo que es un zombi. Pero en los tiempos de Holmes y Watson, esa película no existía... Por suerte, Holmes sí que había leído la obra de Eckermann, y rápidamente hizo la asociación de ideas entre ?muertos que caminan? y ?zombis haitianos?.

             Por lo demás, siempre resulta un tanto confuso trabajar con muchos personajes que entran y salen de la acción, y luego vuelven a entrar, y luego... Y más todavía cuando narras en primera persona: ¿Cómo te las ingenias para contar algo de lo que el narrador no ha sido testigo? Pues te tienes que buscar las castañas y recurrir a los consabidos ?fulano nos contó que...?, ?más tarde supimos que...?, y todas esas viles artimañas que, como no estén bien traídas, quedan como metidas con calzador.

             Y luego siempre hay detallitos absurdos que pueden interrumpirte el trabajo: Me pasó con la ?wisteria?, que no sabía cómo narices se llamaba en castellano, o ya puestos, qué clase de planta trepadora era. O los consabidos lanzallamas: ¿Cuándo se inventaron? ¿Los tenía el ejército británico en 1903? ¿Cómo funcionaban? En fin, ese tipo de paridas te pueden costar algún que otro disgusto.

        No es, desde luego, una novela de zombies al uso: Hay reflexión, respeto por el desarrollo de la vertiginosa trama, cuidado a los personajes, y las atrocidades se reducen a lo imprescindible...

         Hombre, yo no diría que todas esas cosas (la reflexión, los personajes, etc.) no existan en las novelas de zombis, que como te he dicho antes, las hay muy buenas y muy cuidadas, claro que sí. Por otra parte, por supuesto que no es una novela de zombis ?al uso?, y esa era mi intención desde el principio. El zombi-muerto viviente es una excusa estupenda para ver cómo los muchachos (Holmes y Watson, Pride, Tim Jekyll, Crandle, MacDare) disfrutan de las carnicerías, o compiten en crueldad, inteligencia, ingenio, o lo que sea.

         Habrá quien piense que los zombis aparecen poco, pero quizá haya que señalar que cuando salen, la lían gorda.

         Y me apuesto dos perras gordas con quien sea a que nunca antes se había visto una solución final para el problema zombi como la que yo he planteado... (¿Te había dicho que para leer los últimos capítulos de la novela, recomiendo escuchar la Obertura 1812 de Chaikovski?)

        En la novela utilizas también a Bernard Barker un personaje de ?La aventura del fabricante de colores retirado?...

         Sí, el ?rival de esta orilla de Surrey?, o algo así. En el Canon, de cuando en cuando, aparecen ?competidores? de Holmes, otros detectives, aunque casi nadie los recuerda. Holmes tenía relación con algún agente de Pinkerton, por ejemplo, y estaba el neoyorquino inspector Wilson Heargreave, al que yo mismo rescaté en mi novelita Card Nichols investiga... El misterio de la armadura pródiga. Y en ?La casa deshabitada? Watson menciona a un hombre alto y fuerte, con gafas de color, que también era detective, y que yo creo que era Bernard Barker.

         La idea de un detective privado masón me resultó muy interesante, y decidí incluirlo, desde el principio, en este relato. La verdad es que en el futuro me gustaría recuperar a Barker, al que he tratado como un personaje casi humorístico, aunque pienso que tiene un trasfondo bastante más siniestro... En el índice onomástico del libro, incluso sugiero algunos títulos para diversos casos de este curioso investigador privado.

        Durante toda la novela, Holmes va dejando caer ya la inevitabilidad de desaparecer al ser consciente de que su tiempo ya ha pasado, de que el siglo XX (la novela se data en 1903, la fecha de la retirada de Sherlock Holmes) pertenece a otro tipo de héroes...

         ...o mejor dicho, otro tipo de monstruos.

         Esto es un ejemplo de metaficción al más puro estilo de Alan Moore ?eso sí, salvando las distancias con respecto al Maestro de Northampton, ¿eh??, pues lo que dice Holmes es cierto a distintos niveles: El siglo XX es una época para otro tipo de héroes... pero en realidad, todos ellos son descendientes, de algún modo, de Sherlock Holmes. En la historia, además, Holmes está a punto de retirarse, y los acontecimientos que se suceden a su alrededor no hacen más que confirmar la idea de que él empieza a estar obsoleto, o al menos, que debe dejar paso a los ?nuevos monstruos? que vienen detrás.

        De hecho, en la novela introduces ?en un fabuloso guiño para lectores atentos y avisados? a los héroes de la IPC británica, como Zarpa de Acero o El Hombre Araña, quienes tienen una parte esencial en la trama...

         Vamos a ver, vamos ver: Tengo que decir que no son ellos, ¿de acuerdo? En todo caso, se trata de los ?personajes reales? en los que, años más tarde, se basaron los autores de IPC para escribir relatos de unos ?personajes ficticios?. Por ejemplo, Charlie Peace, que fue un criminal auténtico y real como la vida misma (y amigo de Sherlock Holmes, tal y como se menciona en el Canon), fue reutilizado por algunos autores para escribir tebeos sobre él entre 1964 y 1974, creo... Lo mismo puedo decir de Seth Pride y de los demás.

        Es curioso que hoy esos personajes ?que gozaron de una enorme popularidad ?hayan caído ?salvo para el libro Albion de Alan Moore & Co? en el olvido. ¿Qué te inspiró para recuperarlos?

         Mi propia afición y devoción por ellos. Son lecturas de mi niñez, y convengo con el maestro Moore en que todos ellos eran, de un modo u otro, monstruos, como te decía antes. Esa idea un tanto sadomasoquista que poseen los ingleses de lo que es un héroe me resulta fascinante, y completamente opuesta a la de los norteamericanos, que piensan más en términos de Superman o Capitán América. Incluso el mismo Sherlock Holmes tiene un cierto aire de monstruosidad, con su ego e inteligencia sobrehumanas, al tiempo que posee debilidades ?pensemos en las drogas? que autores mojigatos le atribuirían a los villanos. A Charlie Peace, que ya hemos dicho que fue un criminal convicto, los autores de IPC lo convirtieron en el protagonista de una disparatada serie de tebeos que en España sólo hemos podido atisbar en parte, y de esto hace cuarenta años por lo menos.

         En otro orden de cosas, se nota mucho que Albion no es una obra de Alan Moore, sino de su hija Leah y del yerno, John Reppion (que por cierto, han hecho un buen tebeo sherlockiano, The Trial of Sherlock Holmes). La idea de Albion es cojonuda, y se nota que el concepto es de Moore padre, pero el desarrollo deja bastante que desear, en mi opinión.

         La novela está plagada de guiños para los iniciados ?coherentes, por cierto, con el resto de tus escritos sobre Holmes? y, sin embargo, es accesible para cualquier lector...

         Pues eso me gustaría a mí, que fuera accesible para cualquiera. Una cosa es salpicar una obra con referencias a esto y aquello (lo que podemos llamar ?enriquecer?), y otra cosa es convertirla en un ?quién es quién? sin mayor sentido: Para eso, mejor me dedico a hacer diccionarios de personajes e historias, y terminamos antes.

         Mi idea no erá hacer que la lectura de la novela sea insufrible por la cantidad de cosas que el lector se pierde, sino que sienta la inquietud de averiguar quién es ese fulano de la mano de metal, o si el mono que fuma tiene alguna historia previa que todo el mundo debería conocer... Ya era así mi trabajo en Los Espectros Conjurados, y espero haberlo conseguido en este Sherlock Holmes y los zombis de Camford.

        Con respecto a lo anterior, ¿te planteaste que la novela pudiera quedar en una ?tierra de nadie?? Es decir, ¿que no agradase ni a los aficionados holmesianos ni al, por así decirlo, aficionado de ?a pie??

         Claro que lo he pensado, pero ¿quién puede saber cómo va a reaccionar tal o cual lector? Si uno se dedica a cavilar en esos menesteres, puede acabar sin escribir una sola palabra, por miedo a la incomprensión o a la falta de aceptación. Por lo que a mí respecta, quería ser fiel a Holmes y al Canon, y también quería demostrar que se pueden escribir historias de zombis sin recurrir al manidísimo argumento de la ?supervivencia post-apocalíptica?, que ya estaba presente en La noche de los muertos vivientes de Romero, y que parece que nos estará persiguiendo eternamente.

         Creo que la figura del zombi ya tiene una entidad propia, como la del vampiro o el licántropo, y los autores deberían ir pensando en contar historias en las que el zombi sea un elemento, y no necesariamente un argumento. Es como si el concepto de ?extraterrestre? se hubiera quedado estancado en las historias de ?invasiones alienígenas?. Hay que dar un paso adelante, hombre...

         Y bueno, como veo que ya has leído la novela, te habrás dado cuenta de que lo conflictivo en esta historia no es la presencia de los zombis, sino todos los demás elementos fantásticos, netamente británicos, por cierto. Quería que esta disparatada mezcolanza pudiera funcionar. Espero que así sea.

        Es una novela arriesgada que cuadra la acción y la reflexión, es holmesiana y heroica, es terrorífica y elegiaca, es nostálgica y, a la vez, diferente a todas las novedades que plagan las mesas de novedades...

         Hombre, pues gracias por esas apreciaciones. Sí que es una obrita algo arriesgada por los motivos que antes comentábamos, sí; y en cuanto a que sea diferente de otras obras que andan ahora por las librerías... pues me gustaría pensar que estás en lo cierto, y que los lectores sabrán valorarlo y disfrutarlo. Por lo que a mí respecta, estoy hasta las narices de clichés.

        ¿Cómo han sido las reacciones iniciales? ¿Qué expectativas tienes para el libro?

         A los correctores les ha gustado mucho, y parece que nadie se ha tirado demasiado de los pelos al ver a Holmes empuñando una escopeta para disparar contra... en fin, ya lo verán los lectores. En cuanto a las expectativas, pues habrá que tener paciencia y esperar a ver las cifras de ventas. Los editores de Dolmen han depositado muchas esperanzas en este libro. Yo qué sé, Luis, el tiempo lo dirá...

        Actualmente, estás sumido en la escritura una nueva novela holmesiana: Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra, en la que recuperas a dos de tus personajes preferidos: Marlow y a Sebastian Moran...

         Pues sí, en eso andamos ahora mismo. Con Marlow ya jugueteé un poco en el relato ?El mundo volverá a saber de mí?, del que hablábamos antes, y la verdad es que lo maltraté un poco. Ahora veremos sus verdaderas posibilidades, y qué sucede cuando su camino se cruza con el de un tal Sigerson, notable explorador noruego.

         El coronel Moran, como tantos otros personajes del Canon, merece un trato deferente en cualquier historia sobre el Gran Hiato holmesiano... Ya lo verás, ya...

        La novela transcurre durante el Gran Hiato y te dejas caer en la tentación de contar tu versión de la Rata Gigante de Sumatra, uno de los temas favoritos de escritores, ensayistas y aficionados...

         Es el pastiche que más veces se ha escrito, cierto. Y tienes razón en describirlo como ?una tentación?, por lo sugestivo del caso, y por la cantidad de buenas plumas que se han atrevido con la historia.

         Lo interesante del caso de la rata de Sumatra es la cantidad de información canónica de que el pastichero dispone para trabajar, tanta que en ocasiones, los autores olvidan este o aquel punto. Se sabe que en el caso hay, al menos, una ?rata gigante de Sumatra?, que hay un barco llamado ?Matilda Briggs?, que es un caso ?para el que el mundo aún no está preparado?... y casi todos los autores se olvidan del bufete de abogados expertos en tasación de maquinaria ?Morrison, Morrison & Dodd?. Y por supuesto, que es un asunto desconocido para Watson, lo que ha llevado a los cronologistas y pasticheros a situarlo tradicionalmente en la época previa al encuentro entre el detective y el doctor, en 1881. Creo que nadie había caído en la cuenta de que era muy probable que el asunto tuviera lugar durante el Gran Hiato de 1891-1894, aunque no estoy del todo seguro.

         Sobre la rata de Sumatra hay versiones para todos los gustos: epidemias de peste bubónica, historias a lo ?Isla del doctor Moreau?, un monstruo pariente del gran Cthulhu, y un camión de variantes más. Mi opción, lo admito, no es original mía, sino que procede de... ya lo verás. Y si te digo que de por medio hay una isla llamada ?de la Niebla?, ?Kho-Pha-Nong?, y también ?del Cráneo?, seguro que adivinarás por dónde van a ir los tiros...

         (¿Te imaginas al coronel Moran, con su rifle de matar tigres, en medio de cierta jungla perdida, con el monótono e inquietante sonido de tambores de fondo, y los pasos retumbantes de algo enorme que se está acercando cada vez más, y más, y...?)

        ¿Qué más nos puedes contar de esta novela? ¿Cuándo la podremos disfrutar? ¿Quién la editará?

         Si te cuento mucho más, igual nos quedamos sin novela, que por aquí ya he hecho algún spoiler... Aunque te diré que da comienzo en los años 30, en el Billiards Club de Londres (donde, como todo el mundo sabe, no se juega al billar, sino que se bebe whiskey con soda); allí se han reunido unos tipos muy curiosos, entre ellos el narrador de la historia, el señor Richard Hannay y el señor Joseph Jorkens... todos ellos son viejos amigos del desaparecido capitán Charlie Marlow. Y hasta aquí puedo leer.

         El cuándo se editará depende del editor, que hasta que se demuestre lo contrario, será Salto de Página, y de cuándo entregue yo, que espero será a primeros de febrero.

        Y ya por último, ¿crees que te cansarás de Holmes alguna vez? ¿Que llegará el día en que no te haga disfrutar más?

         Je, eso tendría mucha gracia... Si alguna vez me canso ?y no descarto que eso suceda? de escribir relatos sobre Holmes, quizá tenga que enviarlo por segunda vez a las cataratas de Reichenbach... Aunque estoy seguro de que no sería algo definitivo. A Holmes no se le puede matar así como así. Y si no, que se lo pregunten al profesor Moriarty, a Sebastian Moran... o a Conan Doyle.

        ¿Y Holmes? ¿Crees que llegará el día en que se canse de nosotros? ¿En que dejará de estar presente en todos los aspectos de la cultura popular? ¿Crees que morirá, alguna vez, el Mito?

         Ya sabes que Sherlock Holmes siempre ha sido un caballero muy discreto, que gusta de disfrutar de largos retiros fuera de la circulación, y que observa el mundo desde una granja apícola, , o quizá en algún lugar secreto, reunido con otros extraordinarios individuos que, como él, velan por nosotros. Sinceramente, espero que no nos desahucie nunca, que nunca se desentienda de nosotros, pobres mortales. Porque Sherlock Holmes es necesario. No puedo imaginar cómo serían las investigaciones policiales de hoy en día sin el trabajo previo de Holmes, o cómo serían nuestros libros, nuestras películas, nuestros tebeos, nuestros héroes, si no hubiéramos tenido las crónicas de Watson. De verdad te digo que si Sherlock Holmes no existiera, tendríamos que inventarlo.

         Y si muriese, tendríamos que resucitarlo.

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