Nuestra Crítica
Se edita ahora en nuestro país la novela que Dan Brown escribió de forma inmediatamente anterior a El código Da Vinci. Y la verdad es que esta Ángeles y Demonios no parece sino un ensayo general de lo que luego fue la novela de gran éxito en todo el mundo. Pues al igual que en su sucesora el esquema de la obra es el mismo, los personajes son muy similares e incluso algunas de las situaciones son calcadas, sin olvidar que en ambas obras el protagonista es el mismo, el estudioso y experto en temas religiosos Robert Langdom, un personaje concebido para que el lector simpatice de forma inmediata con él pues tiene la dosis justa de inteligencia, suerte, despiste y atractivo. Lo malo es que se nota tanto estas ganas de epatar al lector que se consigue el efecto justamente contrario.
En esta ocasión Langdom se ve envuelto en una trama en la que una secta supuestamente extinguida, los Illuminati, reaparece para aprovechando el conclave para la elección de un nuevo Papa destruir a la Iglesia volando el Vaticano haciendo uso de las primeras muestras de antimateria que se consiguen crear en un laboratorio de investigación en Suiza.
Estamos ante un producto concebido para llegar al publico general, cosa que no consiguió hasta la siguiente novela, y en el que asistimos a una sucesión de situaciones a cada cual más increíble y que en la mayoría de los casos constituyen un insulto a la inteligencia del lector que debe hacer verdaderos esfuerzos para olvidarse de lo que acaba de leer y proseguir con la novela.
Militares con formación científica que no han oído nombrar la antimateria, aviones futuristas al servicio de un laboratorio científico, sectas extinguidas que gozan de una envidiable salud, y sobre todo la revelación final que es casi tan increíble como la del Código Da Vinci
En beneficio de la novela decir que se lee de forma muy fluida y que aunque no engancha, al menos se deja leer y hace que den ganas de visitar Roma para contemplar las maravillas arquitectónicas en ellas descritas, que son los mejores pasajes de la novela.
Javier Romero
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