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Farenheit 451. Ray Bradbury



Editorial:Minotauro
Distribución 12/06/07
ISBN: 978-84-450-7641-5
14 x 22,5 cm   224 pp.
Tapa dura con sobrecubierta
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Ahora y siempre
Texto Contraportada

Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde.
Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros.
Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.
La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas.
«Fahrenheit 451 es el más convincente de todos los infiernos conformistas.»
KINGSLEY AMIS


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Nuestra Crítica

Poco o nada nuevo se puede decir a estas alturas de Fahrenheit 451, la inolvidable obra maestra de la ciencia- ficción distópica, quizá la novela mas conocida de Ray Bradbury con el permiso de Crónicas Marcianas. Encuadrable dentro de los inquietantes futuros posibles que describen sociedades opresivas, totalitarias o deshumanizadas, junto a Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell, Fahrenheit 451 es probablemente la especulación mas devastadora al respecto, tan sólo superada en ciertos aspectos por la terrorífica novela de Orwell.

La historia versa sobre un futuro indeterminado, donde la sociedad vive en un perpetuo estado de cómodo conformismo, sometida a un constante influjo mediático en forma de gigantescas pantallas de televisión interactiva, escuchando de manera constante un contumaz hilo musical mediante auriculares personalizados, instalada en una burbuja de abotargada felicidad en la que el tiempo transcurre uniforme y sin sobresaltos. En esta sociedad se encuentra totalmente prohibida la lectura de cualquier tipo de libro, ya que los libros, con su caótica mezcla de ideas y contradicciones, conducen sin duda a la necesidad de reflexionar y plantearse las cosas, y por tanto, a la infelicidad. De evitar tan acíaga posiblidad se halla encargado el cuerpo de bomberos, cuya tarea no es apagar incendios, sino provocarlos, acudir a sofocar las emergencias provocadas por el descubrimiento de algun que otro propietario de libros y, armados sus integrantes con mangueras que en lugar de agua exhalan fuego, reducir su biblioteca a pavesas. Guy Montag, el protagonista de la novela, forma parte de este cuerpo de bomberos entregado a mantener el orden social, un hombre convencido de lo útil y adecuado de un trabajo al que se entrega con entusiasmo. No obstante, en un recorrido muy similar al efectuado por el personaje de Bernard Marx en Un mundo feliz, Montag pronto conocerá la otra cara de la moneda ejemplificada en los inadaptados, los rebeldes ante la uniformidad de la apacible ignorancia, resumidos estos en la figura de la joven Clarisse, que abrirá sus ojos frente a la desalentadora realidad en que se halla inmerso. A partir de ahí, la narración progresa con ritmo vertiginoso conduciendo la carrera de Montag en busca de una vida más plena de sentido, basculando sobre inolvidables personajes de diverso carácter, todos ellos magistralmente esbozados por el autor; resulta dificil pasar por alto la figura del principal antagonista, el capitán de bomberos Beatty, avieso sofista armado siempre con la justa réplica ante las crecientes dudas de Montag, la mujer de éste, Mildred, obsesionada con la obtención de una cuarta pared- televisión, reflejo en su conducta y perspectivas de la sociedad en que vive, o bien el antiguo profesor de literatura Fader, suerte de maestro iniciático. El desenlace, ya clásico, llega sorprendente, trepidante y emotivo en la primera lectura, incólume aun hoy en la solvencia en que los acontecimientos tienen lugar, concatenados en un ritmo ejemplar, una pureza narrativa que abandona sutilezas innecesarias en aras de la pura respuesta visual en la imaginación del lector.

Tampoco puede añadirse mucho acerca del autor sin el peligro de caer en la redundancia. Baste decir que con Ray Bradbury la literatura fantástica contemporánea entra en una nueva categoría, muy próxima a la obra artística. Pocos escritores son capaces como él de transmitir un sentimiento tan primigenio de entusiasmo por lo imaginario, de alcanzar tan altas cotas literarias en una producción tan inmensa. Pocos son capaces de conjugar de un plumazo la maravilla y el terror como lo hace Bradbury. Gestado su campo de experiencia en el ámbito del relato corto, él mismo habría de reconocer que Fahrenheit 451 encontró cierta inspiración previa en dos cuentos breves escritos algunos años antes, léase Bonfire y Bright Poenix, pero en lo que no cabe duda alguna es que la gestación de una novela con la carga conceptual que impregna Fahrenheit 451 hay que atribuirla prioritariamente al sentir de Ray Bradbury frente a la opresión producida por la maquinaria de los mediocres, que consideran cualquier rasgo de imaginación o de fantasía como algo nocivo y perjudicial para la mente. Esa reacción visceral se produce de manera apodíctica en el relato Usher II, perteneciente a las Crónicas Marcianas, cuando el protagonista reune en su casa a todos aquellos incendiarios de libros, a todas aquellas almas vacuas e infelices, y los hace bailar bajo el signo de la Muerte Roja. Empero, no es sino en Fahrenheit 451 donde este sentir se revela en toda su plenitud, bajo un trasfondo onírico y emotivo a la par que visceral. Un verdadero alegato a la libertad del individuo.

Resumiendo; se trata de uno de los grandes clásicos de la ciencia-ficción, una obra que debería conformar lectura ineludible desde una edad temprana, quizá lectura obligada en los colegios, un libro que habría de figurar en cualquier canon de la literatura contemporánea. Imprescindible.

J.F. Pastor Pàris

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