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Frenesí Gótico. Juan Antonio Molina Foix



Editorial:Valdemar

Colección: Gótica (Num. 56)
Fecha de edición: 01-2005
Encuadernacion: Tapa dura
Tamaño: 25 x 17 cm.
234 páginas
ISBN: 978-84-7702-498-9
18,90 ?

Texto Contraportada

Con la aparición en 1764 de la novela El castillo de Otranto, del escritor británico Horace Walpole, da comienzo un género literario de filiación romántica: la narración gótica.
Frente a la sencillez del clasicismo grecolatino, los escritores góticos reivindican el exceso y la exageración, lo recargado y retorcido, el caos frente al orden, lo pagano frente a lo cristiano.
La novela gótica invoca a menudo la tiranía del pasado: una oscura maldición familiar, el descubrimiento de algún crimen abominable cometido en el pasado y que nunca fue castigado. Su decorado favorito es el castillo feudal o el monasterio medieval, lleno de pasadizos secretos, mazmorras, criptas y osarios; sus personajes, atractivos y siniestros villanos, cándidas y virginales heroínas sistemáticamente perseguidas o ultrajadas, y apuestos y valerosos héroes, generalmente de noble cuna.
Con estos mimbres, la narración gótica desarrolla una hábil estructura paranoica que distorsiona la realidad y nos estremece: fantasmas, brujas, cuadros animados, sepulturas profanadas, gemidos de ultratumba, cámaras de tortura de la Inquisición...
El presente volumen,Frenesí gótico es una selección de siete relatos, realizada por Juan Antonio Molina Foix, que nos ofrece las mejores narraciones de los autores más característicos del género. La antología se compone de los siguientes relatos: Maddalena o el Hado de los florentinos (1766), de Horace Walpole; La ninfa de la fuente (1791), de William Beckford;La anaconda (1808), de Matthew G. Lewis; El vampiro (1819) , de John W. Polidori; Los dados (1823), de Thomas de Quincey; El castillo de Leixlip (1822), de Charles R. Maturin; y El sueño (1831), de Mary Shelley.


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Nuestra Crítica

Frenesí gótico es un escueto repaso por una manifestación artística que ha sido la base de la literatura de terror. Más que proporcionar una visión global de la literatura gótica, esta antología otorga un puñado de relatos que, en conjunto, agradarán al lector aficionado y al interesado por la narrativa decimonónica más oscura.
El volumen se abre con un acertadísimo, certero y conciso prólogo del seleccionador. En él, Juan Antonio Molina Foix, quien también es el traductor y quien puebla el libro con unas meritorias notas, plantea, suscintamente, las características del género, una breve tipología de los personajes y un apunte sobre su recorrido.
El libro nos lleva a unas narraciones dotadas de un tono muy particular, con unos presupuestos (aunque sea una obviedad, debemos recordarlo) estéticos y poéticos muy diferentes a los actuales. Lejos de evaluar algo tan personal como el escalofrío, estas piezas vienen a mostrar lo gótico como un ejercicio de romanticismo extremo, dado a los excesos, a la grandilocuencia, determinado por el amor, dotado de una perspectiva malsana y algo retorcida, que busca enfrentarse a las convicciones burguesas, aunque pueda parecer inocente, y que reafirma los valores paganos mediante la brujería y la superstición.
Los relatos son una evasión hacia el pasado (como la historia medieval de Mary Shelley), que puede tener un eco legendario (es el caso del cuento de Beckford), o hablar de pactos con el mal que siempre derivan en un fin trágico (en la pieza de Marutin o «Los dados», de Thomas de Quincey, con una mayor evolución y sofisticación del personaje). Cabe destacar el intenso cuento de Lewis y «El vampiro» de Polidori; el más sobrenatural y agónico.
No hay duda de que hoy nuestra idea del horror ha cambiado y poco puede asemejarse a la que se tenía a principios del siglo XIX. Aún así, con la perspectiva necesaria, podemos seguir disfrutando de estas narraciones y leerlas no sólo como buenos relatos, sino como potentes historias de terror.

Alberto García-Teresa

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