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Crónicas marcianas. Ray Bradbury



Editorial:Minotauro
Colección: Biblioteca Ray Bradbury
Título Original: The Martian Chronicles
Fecha Publicación: 27/03/2008
ISBN: 978-84-450-7689-7
Páginas: 264
Cubierta: Cartoné con sobrecubierta
Precio: 17,50 ?
Otras obras del Autor/es
El pais de octubre
El signo del gato
Crónicas marcianas- ed. 50 aniversario
Farenheit 451
Green town
Ahora y siempre
Texto Contraportada

Esta colección de relatos recoge la crónica de la colonización de Marte por parte de una humanidad que huye de un mundo al borde de la destrucción. Los colonos llevan consigo sus deseos más íntimos y el sueño de reproducir en el Planeta Rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer.


Pero su equipaje incluye también los miedos ancestrales, que se traducen en odio a lo diferente, y las enfermedades que diezmarán a los marcianos.


Conforme a su concepción de lo que debe ser la ciencia ficción, Bradbury se traslada al futuro para iluminar el presente y explorar la naturaleza humana. Escritas en la década de los cuarenta, estas deslumbrantes e intensas historias constituyen un canto contra el racismo, la guerra y la censura, destilando nostalgia e idealismo. Ray Bradbury se consolidó como escritor con esta obra, ahora un clásico de las letras norteamericanas, con su estilo rico, inmediato y conmovedor, que le ha valido el apelativo de poeta de la ciencia ficción.



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Nuestra Crítica

En su ensayo El universo de la ciencia ficción, Kingsley Amis se refiere a Ray Bradbury como ?el Louis Armstrong de la cf?. Para entender estas palabras hay que remontarse a la década de los 50 del pasado siglo, cuando el género tenía gran popularidad entre los suyos pero era visto como algo casi folklórico entre el público general. Bradbury, al igual que Armstrong con el jazz, rompió con eso y llevó a la cf fuera de sus fronteras. Libros como las Crónicas marcianas o Farenheit 451 vendieron más de un millón de ejemplares durante el primer año de su publicación.

Bradbury fue una rara avis en el mundillo de la cf. De entre los escritores con más éxito del género fue el único con el que no quiso contar John W. Campbell. El acientifismo de sus relatos no casaba con los gustos del editor. Sus cuentos se publicaron en revistas tales como Thrilling Wonder Stories, Astonishing Stories, Captain Future, Famous Fantastic Misteries, Planet Stories y, especialmente, Weird Tales. Hasta que las Crónicas marcianas le hicieron elevarse sobre el resto y escapar de la fuerza gravitatoria del gueto. La accesibilidad de sus historias, así como su calidad literaria, fueron los fundamentos por los que llegó al mercado general. Su integración en él fue tan rápida que pasó de ser posible embajador de la cf a escritor ajeno a ella en apenas poco tiempo.

Para que se hagan una idea de su excepcionalidad, con 25 años logró colocar uno de sus cuentos, ?El gran juego blanco y negro?, en la antología Best American Short Stories de 1946, compartiendo espacio con los mejores escritores de la época. Al año siguiente, Bradbury publicó su primer libro, Dark Carnival, en el que se entremezclan cuentos nuevos con algunas de las historias publicadas en la revista Weird Tales. Aunque la obra por la que el norteamericano alcanzará el estrellato, las Crónicas marcianas, no llegará hasta 1950, gran parte de su contenido fue realizado durante los años anteriores, entre 1945 y 1949.

Bradbury reunió algunos de sus cuentos y recorrió editorial tras editorial cosechando rechazos. Finalmente, en Doubleday accedieron a publicarlos con la condición de que les diera un carácter unitario. El escritor propuso realizarlo con el tema de la colonización de Marte como fondo. Su propuesta fue aceptada y en seis meses logró dar vida a las Crónicas marcianas, 300 páginas de una ciencia ficción diferente a la que se podía encontrar en los cuentos de las revistas campbellianas. Algunos de los relatos sobre Marte no fueron incluidos en ellas y serían publicados posteriormente dentro de la antología El hombre ilustrado.

El lirismo y el tono elegíaco con el que están escritos los cuentos contrasta con la fría racionalidad de la fantasía científica imperante. El Marte que describe Bradbury no es real ni pretende serlo. Ni sabe de ciencia ni le importa la tecnología; es el factor humano así como el paisaje lo que realmente encandila al escritor. Para Isaac Asimov, las Crónicas marcianas son ?una fiesta de inocencia aldeana y nostalgia en un marco futurista?. Y es cierto que en ciertos momentos el lector parece encontrarse frente a una pastoral marciana, dicho sea esto de manera positiva.

Sin embargo, algunos de los cuentos exudan misterio y despiden un aroma de tenebrosidad que no contrasta sino más bien al contrario, casa perfectamente, con la atmósfera bucólica del relato. No olvidemos que Bradbury destacaría posteriormente por su vena terrorífica casi tanto como por sus incursiones en la ciencia ficción. Su adoración por Edgar Allan Poe, cuyos cuentos su madre le leía en la infancia, queda patente en relatos como ?Usher II? o ?La tercera expedición?, que tanto gustara a Jorge Luis Borges, prologuista de este libro en su versión en castellano.

Para comprender la gestación de las Crónicas marcianas, de su contenido, hay que remarcar dos elementos biográficos del autor. El primero es la localización geográfica en la cual transcurrió su infancia. Las pequeñas aldeas marcianas son una trasposición de su Waikegan natal, el pueblecito medio americano que hemos visto en muchas películas, con sus maizales, praderas, estanques y porches nocturnos escasamente iluminados. Ese modo de vida está tan bien reflejado en la novela que es reseñable que un escritor tan joven, con menos de 30 años, demostrara padecer tanta nostalgia.

El otro elemento a tener en cuenta es su viaje a México. Su encuentro con las momias y construcciones de Guanajuato le impresionaron enormemente. El contraste de las nuevas tecnologías con el mundo antiguo, así como la historia de una civilización aniquilada por los conquistadores del pasado se verían posteriormente reflejados en las Crónicas marcianas. Los marcianos se corresponden con los otomíes y chichimecas desaparecidos; su mundo, con el Marte colonizado por los terrestres. Naturalmente, esa influencia está pasada por el tamiz de su cultura estadounidense, con lo que la historia se convierte en una alegoría ensoñada de la conquista del oeste americano y la extinción de los indios nativos.

Desde el punto de vista del lector, Crónicas marcianas es un libro cautivador, poesía hecha prosa y repleta de momentos mágicos, y también terroríficos. Es este un libro para leer en el crepúsculo, especialmente en noches de verano, con la brisa nocturna meciendo las cortinas. Es inevitable que cada lector tenga, al final de la lectura, algún cuento preferido. Los míos son ?Aunque siga brillando la luna?, ?Encuentro nocturno? y ?Vendrán lluvias suaves?.

El Marte que describe Bradbury procede más de la fantasía que de la ciencia ficción. No hay hecho tecnológico, sólo paisajes, humanos y fantasmagóricos. La lectura de las Crónicas marcianas deja, por encima de todo, un retablo de poderosas imágenes. Los desiertos, los fantasmas, los pueblos abandonados, vacíos, y una fuerte melancolía; la América romántica. Es un canto al pasado y a una ciencia ficción que pudo haber sido de otra manera. De la manera como, qué curioso, nos está llegando últimamente desde fuera del género.

Santiago L. Moreno

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