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Déjame entrar. John Ajvide Lindqvist



Editorial:Espasa Calpe
ISBN: 978-84-670-2665-8
21.9?
Cartoné
456 pags.
Otras obras del Autor/es
Descansa en paz
Texto Contraportada

Oskar, un niño solitario y triste que vive en los suburbios de Estocolmo, tiene una curiosa afición: le gusta coleccionar recortes de prensa sobre asesinatos violentos. No tiene amigos y sus compañeros de clase se mofan de él y le maltratan. Una noche conoce a Eli, su nueva vecina, una misteriosa niña que nunca tiene frío, despide un olor extraño y suele ir acompañada de un hombre de aspecto siniestro. Oskar se siente fascinado por Eli y se hacen inseparables. Al mismo tiempo, una serie de crímenes y sucesos extraños hace sospechar a la policía local de la presencia de un asesino en serie. Nada más lejos de la realidad.


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Nuestra Crítica

Desde hace algún tiempo me acerco a los libros de vampiros con cierta precaución. Me dejaron de gustar cuando el monstruo se transformó en superhéroe en las novelas de Anne Rice, y encontrar uno en el que los chupasangres no pertenezcan al nuevo estereotipo del atormentado héroe romántico y hasta buena persona pese a ser vampiro o, últimamente, a la mera sabandija que el cazavampiros de turno elimina a docenas sin despeinarse, es bastante difícil. En ese sentido la novela de Lindqvist resulta bastante refrescante, puesto que el autor ha conseguido mezclar de una manera muy inteligente ambas formas de retratar a este tipo de monstruo, dejándonos entrever el punto de vista del vampiro sin destruir la inquietud que nos produce cuando lo vemos con los ojos de la víctima.

Déjame entrar es una historia ambientada en Suecia, lo que también es una novedad. Aunque la Suecia que nos muestra no sea la brillante nación a la cabeza de la civilización occidental en muchos aspectos, sino la de los inadaptados y los marginados. En sus páginas vemos desfilar al niño gordo del que todos abusan, hijo de un matrimonio roto, a los alcohólicos y vagabundos que viven de las ayudas sociales, y a los jóvenes aprendices de delincuentes que pueblan los suburbios suecos. Y es ese el escenario en el que se desarrolla una historia que mezcla horrores cotidianos (el pederasta, los abusones) con los fantásticos (el vampiro).

Oskar, un niño gordo y patoso al que todos pegan y que sueña con vengarse algún día, conoce a Eli, una niña vampira que se ha mudado a la casa de al lado y que vive con un pederasta que se enamoró de ella hace tiempo y al que chupa la sangre de una manera peculiar aunque no literal. Y es que nuestra vampira es un parásito que, aparte de chupar sangre, se aprovecha de los solitarios, de los que la sociedad rechaza, para poder sobrevivir. Es una superviviente, una de las pocas, pero no porque la vida del vampiro merezca la pena sino porque, convertida en inmortal antes de la madurez, no parece comprender demasiado bien lo que le rodea y se mueve solo por instinto de conservación. No llegamos nunca a saber qué grado de humanidad conserva. Por otro lado, están un grupo de amigos alcohólicos, que acabarán siendo víctimas del monstruo, y un policía, que sigue a lo que él cree que es un asesino en serie, que ponen el punto de vista del adulto racional, demasiado racional en algunos casos frente a la evidencia que tienen delante de las narices.

Con esas premisas, Lindqvist logra construir una historia en la que introduce elementos trillados (el pederasta que la acompaña no deja de ser un Renfield cualquiera, o el mismo ?déjame entrar? que da título a la novela nos hace recordar la famosa secuencia del niño vampiro en la ventana con la que Stephen King nos quitó a muchos el sueño hace años) con otros más originales, como su intento de explicar el vampirismo de una manera más próxima a la biología que a la magia, algo que solo había visto funcionar anteriormente en ?El tapiz del Vampiro? de Suzy McKee Charnas, de próxima aparición en Alamut. Quizás su gran acierto sea saber cambiar de punto de vista en el momento adecuado. Así, casi siempre vemos la acción desde los ojos de un personaje hasta que éste se transforma en vampiro, y entonces pasamos a verle a él desde los ojos de los demás. Las pocas excepciones a esta regla son para mostrarnos como el yo del nuevo vampiro se va consumiendo poco a poco devorado por lo que denomina ?el contagio? y como ser vampiro no es algo tan deseable como puede parecer por otro tipo de novelas.

En definitiva, una novela bien planteada e inteligentemente llevada que, sin ser una obra maestra equiparable a las clásicas que tratan el tema, resulta muy recomendable en los tiempos que corren, con momentos que asustan o repelen realmente y que no recomendaría leer en la intimidad de su hogar una noche solitaria y oscura. O sí... ustedes mismos.

José Antonio del Valle

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