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El niño 44. Tom Rob Smith



Editorial:Espasa Calpe

Fecha de edición: 04-2008
Encuadernacion: Rústica
Tamaño: 23 x 15 cm.
528 páginas
ISBN: 978-84-670-2762-4
PVP: 21,9 ?

Texto Contraportada

Leo Stepanovich Demidov, un prometedor agente del MGB, el servicio secreto ruso, es acusado de un delito de traición que no ha cometido y huye de Moscú con su mujer. Se refugia en las colinas y descubre que varios niños han sido brutalmente asesinados, un terrible episodio del que el Partido Comunista se desentiende. Decide emprender una investigación por su cuenta para esclarecer esas muertes, a sabiendas de que arriesga su vida y la de su mujer.


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Nuestra Crítica

Tom Rob Smith es guionista de series de televisión, según se nos dice en el lomo de su novela, y la verdad es que su forma de narrar es bastante visual, y el ritmo de la historia es tan trepidante que hace pensar si no se habrá escrito expresamente para adaptarla al cine. La pena es que ?El niño 44? adolece también de serios defectos a mi entender que, probablemente, hagan que no pase del papel a la pantalla grande (o pequeña).

Inspirada bastante profundamente en la vida del asesino en serie ruso Andrei Chikatilo, que entre los 70 y los 90 asesinó a 52 personas, la mayoría niños, Smith trata de contar una historia de psicópatas asesinos que se salga de lo habitual, y para ello traslada los hechos a los años 50 en la URSS, lo que le permite además intentar hacernos una semblanza de los últimos años del estalinismo y la sociedad soviética. Lo malo es que al querer abarcar ambos aspectos, acaba fallando en los dos. Me temo que la imagen que nos da Smith de la URSS del estalinismo es demasiado gris (sí, incluso para la URSS de la época), se nos retrata a una sociedad completamente aplastada bajo la bota de Stalin, sin mostrarnos esos pequeños momentos de normalidad que hacen posible la vida bajo cualquier dictadura. Decía Slavenka Drakulic en su libro ?No matarían ni una mosca? que la mayoría de los yugoslavos se sintieron como huérfanos al morir Tito, porque una dictadura tiene un mucho de paternalismo que convierte a los hombres en niños. En el libro de Smith no se ve esa distinta manera de acomodarse a una dictadura de la mayoría que permite que la dictadura se perpetué, no hay matices, solo hay gente aplastada por la bota de los agentes del MGB y los mismos agentes. Tampoco es una buena novela de asesinos en serie, porque la parte que se ocupa de los asesinatos acaba siendo la menor de la novela. Smith parte de la premisa de que en la URSS de Stalin se ocultaba el crimen, no podía haber crimen porque en la sociedad perfecta no lo habría. Los asesinatos se les imputaban a asociales, deficientes mentales o cualquier tipo de marginado que salvara la imagen de las autoridades y la sociedad, por lo que era imposible que un solo investigador llegase a ver varios de los crímenes de un asesino en serie y atara cabos. La verdad es que algunos de los mayores asesinos en serie de la historia como el mismo Chikatilo o Anatoli Onoprienko, podrían ser ejemplos que dieran por buena esa teoría. Aunque tras la caída de la URSS, Rusia ha seguido ofreciendo al mundo otros monstruos como Alexander Pichushkin.

En cualquier caso, el escenario del estalinismo para un asesino en serie, podría haber dado mucho más de sí, al obligar al escritor a narrar una investigación libre de la pseudopsicología, presuntos juegos intelectuales y gadgets a lo CSI que suelen aderezar este género literario cuando la historia se ambienta en el occidente moderno.

Tampoco es una novela que vaya a entusiasmar a los amantes de la casquería fina. Lo cierto es que leyendo la vida de Chikatilo en la wikipedia se encuentran más detalles escabrosos (y de los otros también) que en la novela de Smith que acaba siendo una maravilla de corrección política pese a un inicio con canibalismo incluido que hacía esperar más.

Sin embargo Smith prefiere narrarnos la caída en desgracia de un agente del MGB en una sociedad totalmente corrupta y, cuando se quiere dar cuenta, lleva doscientas páginas sin entrar en harina. Finalmente, la investigación que lleva al asesino se relata a vuelapluma, en capítulos cada vez más cortos, como si el autor se fuera cansando por momentos y, para colmo de males, la cosa acaba con un giro que te hace pensar si no te estarán tomando por tonto. Hasta que recuerdas que el autor escribe series de televisión, y te preguntas si no serán culebrones lo que escribe.

Al final, el ritmo trepidante es lo único que queda de una novela que, aunque se lee por eso mismo de un tirón, bien llevada podría haber ofrecido mucho más. Y la verdad es que te hace pensar que hay muchos libros mejores sobre el estalinismo, y muchas historias mejores de asesinos en serie, pese a lo cual la novela ha ganado el Ian Fleming Steel Dagger de la Crime Writers Association al mejor Thriller de 2008, de modo que algo tendrá el agua cuando la bendicen.
José Antonio del Valle

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