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El último puente. Steve Erikson



Editorial:Timun Mas
Gestas de Malaz 1
Portada: Carlos de Miguel
Traducción: Miguel Antón Rodríguez
ISBN: 8448033876
Otras obras del Autor/es
Los jardines de la Luna
Los jardines de la Luna
Memorias del hielo
Mareas de medianoche
Texto Contraportada

 La política expansionista de la Emperatriz de Malaz ha llevado a sus soldados a vagar por más de un continente. Ahora, tras enfrentarse a Anomander Rake, caudillo de los tiste andii, se perfila en el horizonte lo que promete ser el siguiente objetivo: Darujhistan, última de las Ciudades Libres.

Aprovechando un momento de reposo, el sargento Whiskeyjack y su pelotón de Arrasapuentes se disponen a llorar a los muertos. Sin embargo, fuerzas siniestras conspiran dentro y fuera de las sendas mágicas. La ambición de la Emperatriz no conoce límites y los dioses observan cuanto sucede con ánimo de intervenir.


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Nuestra Crítica

No podemos decir que la ambición sea algo punible, menos en cuanto a ámbitos literarios se refiere. Únicamente cuando se desdibuja, haciéndose jirones entre las brumas de la extensión argumental y la intencionalidad difusa, en el momento en que la sana ambición deviene pretensión, es cuando se entra en un cenagal narrativo del que resulta difícil salir. ¿Es este el caso de Los jardines de la Luna, primer volumen de la saga de Malaz?

Probablemente no, pero es cierto que en ocasiones deja un inquietante regusto que incide a pensar que así es. O será. Y pongo las vistas en la futura traducción, publicación y lectura de los demás volúmenes de la saga, en una preconizadora valoración global en tanto la impresión particular dejada por el primer libro, más que a lo que a éste se refiere.

En efecto, Los jardines de la Luna conforma una novela plena y bastante interesante; alejada de ciertos tópicos propios del género de la fantasía épica, se encuentra en la estela de obras magnas del momento, sea la referencia más evidente Canción de Hielo y Fuego de George. R. R. Martin. Manejando una extensa pléyade de personajes bien dibujados, la trama nos sitúa en el Imperio de Malaz, actualmente al mando de la emperatriz Laseen, en su conflicto con el poderoso
mago Anomander Rake, señor supremo de los Tiste Andii y de una montaña flotante de basalto negro denominada ?Engendro de Luna?. El argumento bascula con cierta complejidad sofisticada en los complots y confrontaciones más o menos directas entre ambos bandos, hasta llegar a un desenlace contundente y pirotécnico, que no defrauda e impregna al lector de un sensible poso de gesta fantástica.


Para llegar a ello, Erickson teje un mundo de magnas dimensiones, realista y sórdido, a la par condicionado de manera inapelable por la voluntad de los dioses y la magia. Pese a que ésta última está desarrollada con un gran carácter de identidad propia (véase el concepto de las denominadas Sendas), en gran medida carece de sutilidad. Cuando a las diez páginas el lector es testigo de una batalla hechiceril a gran escala, incluyendo inmensas bolas de fuego y demonios sedientos de sangre, es poco probable que lo que venga después le parezca verdaderamente mágico. El carácter mágico de la magia, valga la redundancia, es una importante lección en el género, impartida magisterialmente por Tolkien y bien aprendida por gente como G.R. Martin. No atenerse a ella puede degenerar en una sensación epatante propia de vacuos filmes de acción o de juego de rol por ordenador, lo cual es mala cosa.


Pese a estos detalles, lo cierto es que Erickson tiene sus méritos. Quizá el más importante de ellos es su falta de consideración inicial por la comprensión fácil. Alejado de explicaciones sencillas, el autor entra directamente en materia de forma críptica y ominosa, exigiendo un bienvenido esfuerzo de paciencia e inmersión por parte del lector. Este acierto continúa matizado a medida que se van desgranando las páginas, de manera que se consigue una gran verosimilitud y apuntalamiento en la creación demiúrgica del mundo, con el sencillo método de no otorgar demasiadas explicaciones en pro de las pinceladas suaves de conocimiento, que el lector interpreta y que le colocan en la mayor parte de la trama al nivel de los personajes.


Con todo, la impresión general de Los jardines de la Luna es la de un inmenso prólogo ferruginoso, que avanza inexorable y contundente hacia metas más ligeras y elevadas, dependiendo su auténtico disfrute de siguientes libros de la serie. ¿Será esta elogiable ambición literaria corroborada en posteriores volúmenes, cristalizando en verdad una saga memorable en el género de la fantasía épica? ¿O acabará degenerando en un confuso y pretencioso amasijo de conceptos, hechos espectaculares y lugares comunes? Ya se verá.

J.F.Pastor Pàris


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