Nuestra Crítica
Para el común aficionado a la literatura fantástica, aunque sus preferencias escollen por lo fantàstique digamos clásico, Ghost story inglesa por medio, el nombre de Margaret Oliphant se encuentra ligado de manera ineludible al de una sola obra. En efecto, la inmensa popularidad de La puerta abierta, relato largo sobre lo invisible o novela breve de fantasmas, según se vea, ha confeccionado alrededor de esta autora escocesa el hálito innegable del autor anulado por un único atisbo de genio.
Nada más lejos de la realidad. Oliphant fue una muy prolífica escritora que no dejó títere con cabeza; tanto novelas como ensayos, libros de viajes, críticas literarias, todo ello sirva de mención aparte para su extensa producción de relatos y artículos, muchos de ellos para el Blackwood Magazine, archifamoso soporte donde descollaron elementos como Poe o el gran Nathaniel Hawthorne. En cualquier caso, es cierto que el destino es caprichoso en ocasiones, más aún en cuanto a lo que debe o no posterizarse. La puerta abierta es una gran historia de fantasmas que hace gala de una contundente modernidad, adscribiendo a la par muchos de los tópicos que luego se establecerán firmemente en todo a lo que a las apariciones espectrales se refiere. No obstante, la novela que nos ocupa, Old Lady Mary. A Story of the Seen and Unseen, editada por El Nadir con la traducción impecable de Maria Inglés, tiene mucha mayor entidad como novela, a la par que resulta más vivaz y entretenida.
La autora nos hace, en clave irónica y mordaz, la ecología de cómo un malentendido puede acarrear consecuencias de gravedad, tanta como para alterar la ecología del descanso de ultratumba, conduciendo a ese retorno penoso e insistente que siempre ha gustado mucho al fantasma en la imaginería popular. Entre la concatenación de personajes, cuyas pasiones humanas reciben un acercamiento remarcable, pese al riesgo de perderse en la bruma de la fantasmagoría, mención especial merece la protagonista, la misma Lady Mary. Anciana bondadosa y afable, su perspectiva y conciencia de mortalidad se han visto alteradas tras una larga vida de la que no concibe desprenderse. Un capricho pueril del que se arrepentirá amargamente vuelca una trama impecable, que bebe de goticismos a la par que juega con ellos, marcando una atmósfera de irrealidad que se conjuga de manera espléndida en el ámbito más que creíble de las antiguas mansiones y costumbres de épocas pasadas.
Lady Mary es una novela deliciosa, con unos destellos de modernidad literaria más que manifiestos, y en cuya lectura, si bien resulta poco probable que el lector experimente sobresaltos o las sensaciones de inquietud demarcadas por un buen cuento de terror, si podrá hacerse partícipe de los destellos de aproximación al mundo invisible. O a lo que podríamos concebir como tal.
J.F. Pastor Paris
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