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El asesinato de los mundos. Scott Westerfeld



Editorial:La Factoría de ideas

Colección: Ventana abierta
Fecha de edición: 11-2005
Encuadernacion: Rústica
Tamaño: 21 x 13 cm.
ISBN: 978-84-9800-203-4
14,50 ?


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Texto Contraportada

El Emperador ha gobernado con firmeza, como un dios viviente, su poderoso imperio durante dieciséis siglos. Lo ha conseguido debido a que puede otorgar una especie de vida eterna. Así, ha creado una élite conocida como los Elevados. Su poder ha sido absoluto. Nadie puede tocarlo.


Mientras, los humanos alterados mecánicamente, El Rix, tratan de acabar con su tiranía y suplantarlo con su propia dinastía cibernética. Su último logro ha sido el secuestro de la hija de la emperatriz. El capitán Laurent Zai recibe la misión de liberarla. Separados por millones de años luz, Zai y su amada, la senadora pacifista Nara Oxham, envuelta en una maraña política, deben enfrentarse al desafío de El Rix. Tendrán el destino de toda la galaxia en sus manos.



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Nuestra Crítica

El space opera puede ser el subgénero más difícil dentro de ese cajón de sastre literario que es la ciencia ficción. Aunque parece fácil contar batallas espaciales con diversos rayos/torpedos/fásers con conceptos como los agujeros negros, la visita a otros planetas habitables, etcétera, el space opera tiene necesidad de tanto sentido épico que pide, a la vez, conceptos científicos sorprendentes, narración de aventuras sin bache, multitud de personajes con capacidad de empatía, y un final espectacular que de redondez y consistencia a lo ya narrado. Es injusto considerar sencillas películas como ?La guerra de las galaxias?, donde las referencias y los diálogos están perfectamente cronometrados, o libros como los de Edmund Hamilton o Abraham Merritt, llenos de imaginación y avatares que mantienen el interés y la maravilla.



En los 80 hubo una ligera reinvención del género para adoptar el tono militarista notorio en la época (y ya experimentado por gente como Jerry Pournelle), y la figura que más condicionó las nuevas reglas sería la de C.J. Cherryh; en ?La estación Downbellow? parte de múltiples personajes complejos, situaciones desesperadas y una estación espacial decadente para narrar aventuras complicadas a varios niveles (políticos,militares, románticos)... en mayor o menor fortuna. Aunque la autora no sea precisamente la de mayor aprecio en el mundo hispanohablante, sí que se nota su influencia en series como las de Star Trek, Babylon 5 (que tiene homenajes explícitos) o la reciente reinvención de Battlestar Galactica.



Scott Westerfeld se basa principalmente en este tipo de space opera para narrar sus aventuras espaciales, y podríamos considerar el díptico de ?Sucesión? como una actualización de estos temas, pero el escritor va mucho más lejos: en la contraportada amenazan tramas parecidas a las de Asimov, y estas aparecen, pero acompañadas de telepatía, nanotecnología, imperialismo high-tech a lo Dune, robots replicantes a lo Cylons de Battlestar Galactica (a la que debe muchísimo... y viceversa, si hablamos de las nuevas series), trama romántica notable, trama militarista de enormes batallas espaciales e incluso de juegos de poder a base de política de alto nivel. Todo, absolutamente todo lo que ha pasado por el space opera aparece en alguna de las páginas de Scott Westerfeld.



Afortunadamente lo hace realmente bien. Puede que haya cosas algo forzadas o que queden explicadas de una forma brusca (las motivaciones ambiguas de algún personaje), y esto hace que no haya genuina emoción en toda la historia, pero la capacidad de asombro no cae en ningún momento mientras la historia salta de años en años y los puntos de vista saltan de protagonista en protagonista. Las imágenes creadas por Westerfeld, ya sea la de una nave posándose en un vaso de agua como la de una casa inteligente que va ampliándose a si misma en un paroxismo barroco, son alucinantes, pero lo mejor está en las batallas espaciales, donde juega con los conceptos de relatividad, gravedad y estrategia militar de una forma muy hábil, causando desasosiego y fascinación por el desarrollo de los acontecimientos.



Puede que el final sea forzado en su supuesto dramatismo, puede que los resortes que usa Westerfeld para mantener la atención sean en ocasiones demasiado obvios, pero en conjunto ésta es probablemente la mejor space opera aparecida en muchisimo tiempo, superando la autoindulgencia de gente como Alastair Reynolds o Peter F. Hamilton y homenajeando con mucha clase a todos sus referentes. Como siempre, sólo la política editorial de La Factoría de Ideas juega en su contra: no sólo fue editada en dos mitades cuando esto no era necesario, sino que dejarla en una colección de libros supuestamente más populares y baratos (donde, por cierto, se alojan otras obras notables como ?Ash?, ?Como Lobos? o los primeros Harry Dresden) puede despistar al lector creyendo que no se encuentra con un libro serio o de calidad. Y calidad tiene, la suficiente para no perder la pista a ningún libro de Scott Westerfeld que tenga la fortuna de ser distribuido.
Carlos Jürschik

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