Nuestra Crítica
El brasileño Orlando Paes Filho dice haber dedicado 25 años a la preparación de esta su primera novela e inicio de una saga que constará de siete libros en total y que cubrirá doce siglos de historia, y la verdad es que el esfuerzo de documentación se nota en la novela que se ciñe a la realidad, pues aunque ha sido publicada en una colección de literatura fantástica es tamos ante una novela histórica, y en la que el lector que espere encontrar las habituales dosis de magia típicas del género se sentirá decepcionado por la ausencia de fantasía.
Nos encontramos, como ya he dicho, ante una novela histórica que nos narra las invasiones vikingas de Gran Bretaña en el siglo IX y el encontronazo entre la religión cristina de los habitantes de las islas y el paganismo nórdico de los invasores. Y lo hace de la mano de un personaje Angus, hijo de una escocesa y un vikingo, que tras comenzar su carrera de guerrero del lado de los daneses que invaden las islas, en un momento dado cambia de bando y de religión para luchar contra sus antiguos compañeros.
Precisamente la religión juega un papel determinante en la novela, ya que la conversión del protagonista al cristianismo de la mano de las enseñanzas de un abad que le acoge cuando esta herido y a punto de morir marca un punto de inflexión en la novela que da un giro radical en ese capítulo. Lo que hasta ese momento ha sido una sucesión de correrías vikingas pasa a ser un viaje tanto físico como moral, impregnado de un aroma a ciclo artúrico al que la novela recuerda en muchos momentos, del protagonista que pasa a ser un joven guerrero simplón y un poco descerebrado para ir convirtiéndose paulatinamente en el campeón de la cristiandad destinado a grandes empresas que se aventuran hacia el final de esta primera novela de la serie.
Lo malo es al intentar de convertir a Angus en un ejemplo de valores cristianos se da lugar a veces a contradicciones como cuando, por ejemplo en una pelea con uno de sus enemigos este afirma “Llegué incluso a arrancarle el brazo de un mandoble, y, tras mostrarle algunas de las técnicas con las que me había obsequiado Owain, lo decapité con mi hacha,...”. Para al rato volver a hablar del amor de Dios, de la caridad y de las virtudes que debe atesorar un buen cristiano. Aunque en su favor hay que reconocer que el personaje es más creíble que otros héroes de fantasía heroica y sobre todo mucho mas humano.
Mención aparte merecen las excelentes escenas de lucha y batallas, muy bien escritas y descritas, pero con el añadido que no llegar nunca a cansar, pues el autor hace un buen uso de la elipsis para evitar la acumulación muy seguida de luchas, centrándose en describir detenidamente solo aquellas que suponen un hito en la trayectoria de los personajes.
Estamos ante una novela entretenida que se lee de un tirón, pero que no alcanza todo lo que promete en gran parte por la simpleza de los personajes, muchas veces reducidos a meros arquetipos al servicio de la historia de Angus, y a un exceso de didactismo, pero que aun así no es desdeñable y esta por encima de las sagas épicas al uso.
Javier Romero
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