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Mirada Ciega. Dean R. Koontz



Editorial:Grijalbo

ISBN: 8425337119
736 págs.
Encuadernación: Rústica.
Tamaño: 23x15.
Idioma: Castellano.
Traductor: Rita da Costa.

Texto Contraportada

 Nuevo y esperado título de Dean Koontz, uno de los actuales reyes del suspense norteamericano. En esta apasionante intriga, el heterodoxo detective Tom Vanadium habrá de vérselas con un asesino psicópata que ha convertido a dos niños muy especiales en su objetivo prioritario. Uno de ellos, ciego desde los tres años, tiene poderes visionarios, el otro nació frutó de una violación; uno es blanco y el otro negro, y ambos comparten con el detective un secreto que quizá cambie el curso del mundo, siempre y cuando el asesino no dé antes con ellos. Una novela trepidante, magnética, que transpira espiritualidad y emoción, sobre la delgada línea que separa el bien del mal, y una excepcional muestra de la incontestable maestría del autor de


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Nuestra Crítica

Se ve que tras un puñado de pulps, otro de thrillers de terror y otro de thrillers con psicópata y conspiraciones gubernamentales, Koontz tenía ganitas de estirar un pelín sus ambiciones, de ser algo más que un escritor mainstream de terror para convertirse en un escritor mainstream a lo Michael Crichton. Su último libro (traducción de un título mucho más sugerente en su idioma original, "from the corner of his eye") tiene mucho de sus clichés de toda la vida, pero también alguna variación, como humor malévolo, toques de fantástico y eso del fantástico contemporáneo. Lo malo es que no sabe integrar todo eso y el libro se le va de las manos hasta un territorio seguro para él, pero poco interesante para los lectores.

La historia gira alrededor de un niño prodigioso hasta rebasar la línea de lo paranormal y de un psicópata que tiene una fijación con ese niño y que va perdiendo el norte para irse convirtiendo de un calculador asesino a un auténtico maniático. Lo mejor del libro está en esa mitad que trata de la evolución del personaje del psicópata, alguien que comienza matando por un vacío en su vida que no sabe llenar, que pasa por todas las modas posibles en búsqueda de una iluminación, y que acaba frustradísimo porque no consigue ninguno de sus objetivos. Todo esto le sirve a Koontz para reirse bastante del esnobismo, de la confusión del arte con el consumismo y de demás vacíos cotidianos que se intentan llenar con recetas mágicas como tai-chi, literatura clásica y demás elementos que no le siven al protagonista para crecer intelectualmente, por su manera de asimilarlos, consumirlos. Esta especie de Ignatius Really, cuya visión de las cosas compartimos durante sus capítulos, es un personaje mucho más interesante que la panda de santurrones iluminados que son los buenos de la historia, pero aún así Koontz logra un par de situaciones y descripciones muy bonitas (el niño atravesando la lluvia, el accidente de coche).

Lo malo es que el libro se derrumba durante el último centenar de páginas hasta convertirse en una catástrofe. Koontz se justifica y se disculpa en boca de otros personajes por haber apelado a la empatía con el psicópata, se deja llevar por sus ideas hippiosas de comunas, y da un tufillo fascistoide con ese niño guapo, rubio, inteligente y con ojos azules, un sueño dorado de una Riefenstahl al que se le supone bueno absoluto de la historia y futuro de la humanidad. Por otro lado no sabe tratar los personajes de niños prodigio, o no es capaz de imaginarse un cuasi-bebé que a la vez pueda razonar. Y la trama termina en una persecución chusca, en el clásico "todos los personajes encerrados en un espacio reducido", y sin demostrar la habilidad de Koontz en este tipo de narraciones. Resultado: una novela fallida, que acaba divagando con falta de trama concreta y, en las últimas páginas, hasta indignando. Koontz es mucho mejor en menos de 400 páginas y con una trama sencilla, como en "Tensión/intensidad", y en esta novela acaba sin intrigar, ni dar miedo ni emocionar. Una pena.

Carlos Jürschik

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