Nuestra Crítica
La novela negra americana actual suele mezclar las dos corrientes típicas que se ha dado en este género: el realismo, los bajos fondos, la sordidez y el retrato de personajes perdedores por un lado, y la intriga policiaca rebuscada con final inesperado por otro. Richard Price, experimentado y reputado guionista ("La chica del gangster", "Melodía de seducción"), y novelista ("Clockers", "Freedomland") consigue equilibrar ambas cosas en una novela en la que se adivinan muchos aspectos autobiográficos. La forma en la que desvela la intriga de quién dio una paliza a Ray Mitchell (una intriga en principio sencilla) se narra alternando capítulos de después de la paliza y de un mes antes del capítulo anterior, una virguería narrativa que Richard Price maneja con soltura y descaro, enlazando pistas de un capítulo con las de otro del pasado sin que parezca que fuerce la historia. Así averiguamos el pasado y amistades de Ray Mitchell (o lo que es lo mismo, los sospechosos), mientras vemos como la detective Nerese Ammons desentrama el misterio pacientemente.
Y como ocurre en casi toda la novela negra actual, son mucho más interesantes los escenarios que los personajes y la intriga. Hay perdedores de todo tipo, historias magistrales de la vida en la calle, melodrama en todas sus variantes, frustraciones del americano de a pie. Pero aunque esté perfectamente construido, los personajes fallan, tanto la complejísima personalidad de Ray Mitchell como esa detective campechana llamada Nerese, pasando por la mujer fatal de turno o la irascible hija del protagonista. Son personajes que, como mandan los cánones, están previsiblemente orientados al desastre de formas imprevisibles, pero no llegan a emocionar, no llegan a crear ninguna imagen, porque esas son las piezas que faltan en la intriga de Price, que por otro lado tiene un misterio que encaja. Es interesante, tiene moralejas de la calle que resuenan en tu cabeza al cerrar el libro, pero al final se queda en un libro admirable desde el punto de vista técnico.
Mirándolo por el lado bueno, seguramente de para un buen guión.
Carlos Jürschik
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