Nuestra Crítica
Álvaro Cunqueiro nos presenta en esta deliciosa obra a un Merlín muy alejado de la imagen que de el tenemos gracias al cine y a la televisión. Nos encontramos con un Merlín cercano, entrañable, un poco guasón en ocasiones, alguien muy normal y cercano. El mismo proceso sufren todos los personajes de estos relatos, desde la reina Ginebra, que como Merlín, se ha retirado a las tierras gallegas, a todos los ilustres visitantes que el mago tiene y que constituyen una galería de tipos a cada cual más imaginativo. Mención especial merece el narrador de las historias, el paje Felipe, todo un ejemplo de la construcción de un personaje a base de pinceladas dispersas. Cunqueiro trae a esta cotidianidad de los personajes toda una colección de hechos e historias, sin importarle mezclar personajes reales y ficticios de muy distintas épocas, amasando de esta manera un conjunto en el que lo anacrónico y lo fantástico se dan la mano, y lo adorna todo con una fina ironía, un lenguaje hermoso y preciso, y una capacidad evocadora en la que los mitos que continuamente aparecen en las historias están despojados de todo ropaje épico, convirtiéndose de esta manera en personas de carne y hueso, con sus debilidades, sus dudas, sus temores y sus flaquezas. Tiene también Cunqueiro una capacidad especial para evocar los paisajes de su Galicia natal, convirtiéndola en esa Miranda mítica que esta fuera del tiempo, y en la que suceden cosas maravillosas con una naturalidad que presagia al realismo mágico, y en la que Merlin, con sus sabios consejos y sus sorprendentes hechizos es capar de resolver las situaciones mas descabelladas. Toda una delicia de historias para ser saboreadas por los paladares más exigentes. Javier Romero
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