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Placeres prohibidos. Laurell K. Hamilton



Editorial:Gigamesh
Anita Blake, cazavampiros / 1
Gigamesh Ficción núm.36
Traducción de Carolina Broner y Natalia Cervera
Portada de Alejandro Terán
Terror
ISBN: 84-96208-09-5
288 págs., 14,95 ?
Otras obras del Autor/es
El corazón del mal
El cadaver alegre
Seducida por la luz de la Luna
Circo de los malditos
Texto Contraportada

«Soy la Ejecutora y no salgo con vampiros. Los mato.»
El cóctel de géneros más explosivo de los últimos tiempos: policiaco, ucronía, terror, fantasía y romance, todo a la vez. De complexión menuda y lengua afilada, Anita Blake no es alguien a quien convenga subestimar: levanta muertos para ganarse el sustento, y la policía de San Luis recurre a ella cuando necesita asesoría en casos que involucran lo sobrenatural; está curtida en mil batallas y tiene licencia para matar vampiros. No siente simpatía alguna por ellos, pero contra todo pronóstico, se descubre investigando una serie de asesinatos... precisamente de vampiros.
Laurell K. Hamilton irrumpió en la temática vampírica con una propuesta tan original como contundente. Abraza sin complejos convenciones de diversos géneros y utiliza su imaginería en ambientes cercanos y familiares, en los que pone en marcha mecanismos narrativos de una eficacia endiablada. Desde su publicación original, el éxito que ha cosechado la serie la ha convertido en un verdadero icono cultural y en el referente obligado de una nueva categoría editorial.
Los vampiros la llaman la Ejecutora. Cómo los llama ella, mejor no repetirlo.
Atrévete a explorar el lado oscuro de San Luis con los vampiros más subyugantes.


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Nuestra Crítica

No es nuevo esto de contar una historia de vampiros en escenarios urbanos (y quien dice vampiros incluye unos cuantos monstruos más tipo hombres lobo), y tampoco unirlos con sexo y violencia, mostrándoles como seres atractivos que manejan los hilos de la ciudad (el caso más claro es el del universo de Vampiro:La Mascarada). Laurell K. Hamilton no engaña a nadie en esto desde el comienzo de su novela: va a contar la historia de una mujer que se dedica a resucitar muertos para resolver entuertos legales, y que como ha llegado a conocer bastante bien el mundo vampírico y tiene una serie de facultades innatas, también mata a vampiros de vez en cuando. Pero no por el hecho de ser vampiros: ya están legalmente aceptados en la sociedad, aunque socialmente les quedan un trecho, con lo que tienen sus derechos. Ella mata a vampiros que son peligrosos o quiebran la ley de una forma violenta.

Laurell K. Hamilton juega al despiste durante la muy corta novela. La protagonista, Anita Blake, es claramente antipática, una mujer que se describe como poco atractiva, vigoréxica (y algo más: su obsesión con el ejercicio y las formas planas agota) y con las ideas claras, en un mundo claramente hostil contra ella. El despiste viene porque, durante muchas páginas, da la impresión de que Anita Blake es un alter-ego de la escritora, que suelta en sus frases soliloquios con tono feminista y trata a todos como basura como forma de reafirmarse, como descargo de su creadora. Y ahora creo que no es así: Anita Blake es un personaje inseguro que ya cambia mucho cuando termina esta historia, al darse cuenta de eso que todos ya sabemos: el cazador de vampiros también es un poco monstruo por mucho que se quiera justificar, y el no-muerto no deja de tener un poco de humanidad y derecho a su vida.

Ah, pero también hay una trama de intriga. Existen una serie de asesinatos sangrientos de vampiros y Anita Blake, en contra de sus deseos, tiene que investigarlos. Acaba conociendo un local de boys vampíricos donde se junta con malas compañías que nunca desearía haber tenido, y establece lazos que ella no deseaba, mientras, claro, resuelve el caso y mata a quien tiene que matar. La intriga se lleva con una narración muy deudora de la novela negra más pulp y salvaje, con uso de palabras coloquiales traducidas aquí con desigual acierto (normalmente acertadas, sin duda, pero muchas frases necesitarían una revisión porque no acaban de entenderse), frases cortas y tono despectivo, en un puro Phillip Marlowe femenino que siempre justifica sus medios.

¿Y los vampiros en esta novela? Son del tipo de Anne Rice con concesiones de las ideas de La Mascarada: atractivos, con un halo de sexualidad mitad generado por su condición y mitad por poderes mágicos que aumentan su belleza, con su propio código de honor, sus propios problemas entre diversos clanes, etcétera. Sin embargo, supongo que por ser el primer libro ? el resto de libros de Hamilton tienen fama de ser tremendamente crudos y bestias ? no llegan a quedar dibujados del todo, así como a ratos la narración de Anita Blake no es convincente por brusca o por ciertas reiteraciones de información tan innecesarias como algo intrigantes. Pero, por supuesto, tienen sus referencias que los comparan con cualquier minoría social, como ciertos tics para identificarse, clubs donde se reunen, y demás vueltas de tuerca al tema del vampiro como ser sexual y metáfora del deseo primario, apenas oculto, homosexual. Nada nuevo.

Pero bien escrito, y con bastante dosis de fascinación. Lo recomendaría con tranquilidad si no hubiese tal saturación en el género, pero personalmente esa recuperación del estilo literario más bestia y explícito en un género lejos del cyberpunk y muy cercano a los detectives privados llama la atención lo suficiente como para seguir la evolución de esta mujer y del mundo - más sórdido que terrorífico - que le rodea.

Carlos Jürschik

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