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Editorial:Minotauro
ISBN-10 84-450-7587-6
14 x 22,5 cm 288 pp.
Tapa dura con sobrecubierta
Otras obras del Autor/es
Artifex Especial Gadir 2004
Elemental, Querido Chaplin
La leyenda del Navegante
Lágrimas de luz - Bolsillo
Mundo de Dioses
Piel de fantasma
La ciudad enmascarada
Los Espejos Turbios
Texto Contraportada

Finalista del premio Minotauro 2006


«Mio Cid de Vivar, mi señor Campeador. Valencia te llama. Levántate y anda.»
Cuenta la historia que Rodrigo Díaz de Vivar, Mio Cid, ganó su última batalla después de su muerte. Dicen que ataron su cadáver al caballo y que así, muerto, guió a su ejército a la victoria. Efectivamente, un domingo del mes de julio del año de gracia de 1099, no pudiéndose recuperar de una herida en el cuello, vio la muerte Mio Cid. Sin embargo, fue gracias a las artes mágicas de las tres religiones monoteístas conjugadas que, en presencia de la viuda Ximena, de los capitanes del ejército y del obispo don Jerónimo, el cuerpo sin vida del Campeador resucitó por un día. Un día en el que debía de nuevo defender la ciudad del enemigo almorávide. El artífice del hechizo fue, a petición de Ximena, Esteban de Sopetrán.
Esteban, Estebanillo o Truhán, como solían llamarle, era un juglar, un truhán redomado, un pilluelo saltabancos con apariencia de muchacho destetado que, sin embargo, en 1099 llevaba ya corridos sus más de sesenta años, atesorando conocimientos y conjuros, aprendiendo de la vida y del saber vivir, escabulléndose como una sombra de mil y un peligros gracias a su prodigiosa capacidad de su cuerpo para curar. Más de sesenta años de andanzas que le condujeron aquella madrugada a la capilla ardiente en la que se velaba al Cid?



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Nuestra Crítica

Rafael Marín resultó finalista de la pasada edición del Premio Minotauro con esta novela de fantasía histórica, y cuentan las crónicas que la decisión del jurado fue muy ajustada. No he leído aun la novela ganadora del certamen, pero es bien cierto que esta es una novela ambiciosa, bien escrita, entretenida pero hasta cierto punto fallida.
Nos narra Marín la vida de Esteban de Sopetran, un niño que abandonado en un monasterio en la Castilla de la reconquista, ve alterado su destino de pasar su vida entre las cuatro paredes del convento por la llegada del hijo de un noble, que cuando abandona el convento para convertirse en el heredero del feudo familiar, decide llevarse a Estebanillo como escudero. De la mano de este noble Estebanillo entra en contacto con las fuerzas que han de regir su destino. En primer lugar descubre todo un mundo de fuerzas mágicas que están a su alrededor y para las que parece estar naturalmente dotado. Por otro lado, siguiendo los pasos de su señor, Esteban tiene su primer contacto con Rodrigo Díaz de Vivar, contacto que ha de repetirse numerosas veces a lo largo de la novela. Pues aunque esta no es una novela sobre El Cid campeador la sombra de este planea sobre gran parte de las páginas de la misma.
He dicho antes que esta es una novela fallida, bueno, pues no de sus principales fallos es que el personaje de Esteban, aunque bien construido, con una personalidad interesante y unas andanzas que atrapan la atención del lector, no consigue sacudirse la sombra del Cid, quedando totalmente oscurecido cuando este entra en escena, y, lo que espero, dejando en el lector, cuando El Campeador no interviene, las ganas de que este aparezca pronto, con lo que la atención del lector no acaba de centrarse en el protagonista, y es que el campeador es uno de esos personajes, como Ulises, Holmes, Hércules, Hamlet, Don Quijote, que están prendidos en el imaginario de los lectores, y si bien son un recurso para atrapar la atención e interés del lector, son fagocitadores por naturaleza y resulta casi imposible levantar la losa que suponen para los personajes que les rodean.
Pese a esto la novela es absorbente y se lee en un par de tardes. Es de agradecer que, en una época en la que predominan las mega-sagas épicas, alguien se atreva a contar una historia como esta, en apenas 300 páginas. Marín lleva a cabo una excelente recreación de la Castilla y León de la época, trufando los hechos reales con seres surgidos de la tradición fantástica española, alejándose de la corriente anglosajona y acercándose al tipo de historias que en los últimos tiempos ha escrito otro autor español como Juan Miguel Aguilera, y que constituyen una senda muy interesante para el género en nuestro país.
El personaje de Esteban, al margen de comparaciones, es un truhán en la mas genuina tradición picaresca y sus andanzas, en las que hay momentos épicos, picarescos, amorosos y algunos absolutamente terroríficos, sirven al autor para reflexionar sobre la insensatez de las guerras, cosa que hace en forma redundante en ocasiones, y que aprovecha algunos momentos de la novela para llevar a cabo homenajes a clásicos, como la escena de la cueva bajo Zaragoza que es una clara referencia a Indiana Jones, y que además es uno de los momento álgidos de la novela. La novela tiene un final que no se cierra, lo que deja abierta la posibilidad de seguir asistiendo a las andanzas de Esteban de Sopetran en un futuro cercano, cosa que sería deseable pues es un personaje que aun puede dar mucho de sí.
En resumen estamos ante una propuesta muy atrayente que salvando los problemas ya citados, constituye una excelente oportunidad para pasar un rato entretenido de la mano de uno de los autores más seguros de nuestro género.
Javier Romero

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