14 de julio de 2005

Memorias de lecturas (47)

Me acerqué con curiosidad a esta novela de Farmer que había causado gran escándalo en el momento de su publicación y la verdad es que la decepción ha sido mayúscula. La novela ha envejecido muy mal, el sexo de la novela no escandalizaría hoy en día ni a un niño pequeño.
Farmer intenta provocar al lector desfigurando algunas de las más sagradas imágenes de la sociedad americana, como su capital, convertida en un santuario dedicada a celebrar extraños ritos de fertilidad, o el juego del béisbol, que se ha convertido en algo sanguinario y cruel, con una bola con pinchos y donde está permitido golpear con el bate a los jugadores contrarios, aderezándolo todo con escenas de sexo, aunque no llega a ser explicito como en algunas novelas posteriores, pero lo único que consigue es aburrir a un lector que se pierde en una historia absurda que avanza a salto de mata sin un rumbo fijo hasta un final en el que Farmer se saca de la manga una máquina que le permite rematar la novela.

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